Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare
SCENE XII. Caesar’s camp in Egypt.
Capítulo 49 de 818 · 1 min de lectura
Entran César, Agripa, Dolabela y otros.
CÉSAR. Que se presente el que viene de parte de Antonio. ¿Lo conoces?
DOLABELA. César, es su preceptor; señal de que ha sido despojado, cuando hasta aquí envía tan pobre pluma de su ala, quien no hace muchas lunas tenía reyes de sobra como mensajeros.
Entra el Embajador de Antonio.
CÉSAR. Acércate y habla.
EMBAJADOR. Tal como soy, vengo de parte de Antonio. Hasta hace poco era yo tan insignificante para sus fines como el rocío matutino en la hoja de mirto para su inmenso mar.
CÉSAR. Sea así. Declara tu encargo.
EMBAJADOR. El señor de su fortuna te saluda y pide vivir en Egipto; si esto no le es concedido, reduce sus peticiones y te suplica que le permitas respirar entre el cielo y la tierra, como un hombre privado en Atenas. Esto por él. En cuanto a Cleopatra, confiesa tu grandeza, se somete a tu poder y te pide el círculo de los Ptolomeos para sus herederos, ahora puestos a merced de tu gracia.
CÉSAR. Por Antonio, no tengo oídos para su petición. A la reina no le faltará audiencia ni deseo, siempre que de Egipto destierre a su amigo deshonrado, o le quite la vida allí. Si esto cumple, no quedará sin ser oída. Así para ambos.
EMBAJADOR. ¡Que la fortuna te acompañe!
CÉSAR. Llévenlo a través de las filas.
[Sale el Embajador, acompañado.]
[A Tidio.] Es momento de probar tu elocuencia. Ve. Gánate a Cleopatra para Antonio. Promete, y en nuestro nombre, cuanto ella requiera; añade más, de tu propia invención, ofertas. Las mujeres no son fuertes ni en su mejor fortuna, pero la necesidad hará perjurar hasta a la vestal jamás tocada. Prueba tu astucia, Tidio; dicta tu propio edicto por tus desvelos, que nosotros responderemos como ley.
TIDIO. César, voy.
CÉSAR. Observa cómo Antonio asume su desgracia, y lo que creas que su acción expresa en cada poder que lo mueve.
TIDIO. César, así lo haré.
[Salen.]



