Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare
SCENE I. The Wood.
Capítulo 517 de 818 · 6 min de lectura
La Reina de las Hadas sigue dormida.
Entran Bottom, Quince, Snout, Starveling, Snug y Flute.
BOTTOM.—¿Estamos todos reunidos?
QUINCE.—Justo, justo; y aquí hay un lugar maravillosamente conveniente para nuestro ensayo. Este prado verde será nuestro escenario, ese seto de espino nuestro camerino; y lo haremos en acción, tal como lo haremos ante el Duque.
BOTTOM.—¿Peter Quince?
QUINCE.—¿Qué dices, buen Bottom?
BOTTOM.—Hay cosas en esta comedia de Píramo y Tisbe que nunca gustarán. Primero, Píramo debe sacar una espada para matarse; y eso las damas no lo soportarán. ¿Qué dices a eso?
SNOUT.—Por mi vida, es un temor peligroso.
STARVELING.—Creo que al final tendremos que omitir la muerte.
BOTTOM.—Ni por asomo; tengo una idea para arreglarlo todo. Escríbeme un prólogo, y que el prólogo parezca decir que no haremos daño con nuestras espadas, y que Píramo en realidad no muere; y para mayor seguridad, diles que yo, Píramo, no soy Píramo, sino Bottom el tejedor. Así las pondremos fuera de temor.
QUINCE.—Bien, tendremos ese prólogo; y será escrito en versos de ocho y seis.
BOTTOM.—No, hazlo dos más; que sea escrito en versos de ocho y ocho.
SNOUT.—¿No temerán las damas al león?
STARVELING.—Me temo que sí, se los aseguro.
BOTTOM.—Maestros, deben considerar ustedes mismos, traer (¡Dios nos guarde!) un león entre damas es cosa espantosa. Pues no hay ave salvaje más temible que el león vivo; y debemos tener cuidado.
SNOUT.—Por tanto, otro prólogo debe decir que no es un león.
BOTTOM.—No, deben decir su nombre, y la mitad de su cara debe verse a través del cuello del león; y él mismo debe hablar, diciendo así, o algo parecido: ‘Damas’, o, ‘Damas hermosas, quisiera pedirles’, o, ‘Les ruego’, o, ‘Les suplico, no teman, no tiemblen: mi vida por la suya. Si creen que vengo aquí como león, sería una lástima por mi vida. No, no soy tal cosa; soy un hombre como cualquier otro’: y ahí, en verdad, que diga su nombre, y les diga claramente que es Snug el carpintero.
QUINCE.—Bien, así será. Pero hay dos cosas difíciles: una es traer la luz de la luna a una habitación, pues ya saben, Píramo y Tisbe se encuentran a la luz de la luna.
SNOUT.—¿Brilla la luna la noche en que hacemos nuestra obra?
BOTTOM.—¡Un calendario, un calendario! Busquen en el almanaque; averigüen si hay luz de luna, averigüen si hay luz de luna.
QUINCE.—Sí, brilla esa noche.
BOTTOM.—Entonces pueden dejar abierta una ventana del gran salón donde actuemos, y la luna podrá brillar por la ventana.
QUINCE.—Sí; o bien, uno debe entrar con un manojo de espinas y una linterna, y decir que viene a representar la figura de la Luz de la Luna. Luego hay otra cosa: debemos tener una pared en el gran salón; pues según la historia, Píramo y Tisbe hablaban a través de la grieta de una pared.
SNOUT.—Jamás podrán traer una pared. ¿Qué dices, Bottom?
BOTTOM.—Algún hombre debe hacer de Pared. Y que lleve algo de yeso, o barro, o revoque encima, para significar la pared; y que ponga así los dedos, y por esa rendija Píramo y Tisbe susurrarán.
QUINCE.—Si eso puede ser, entonces todo está bien. Vengan, siéntense, todos los hijos de madre, y ensayen sus papeles. Píramo, tú empiezas: cuando hayas dicho tu parlamento, entra en ese seto; y así cada uno según su señal.
Entra Puck por detrás.
PUCK.—¿Qué rústicos de lino tenemos aquí fanfarroneando, tan cerca de la cuna de la Reina de las Hadas? ¿Qué, una obra en marcha? Seré espectador; tal vez actor también, si veo motivo.
QUINCE.—Habla, Píramo.—Tisbe, adelante.
PÍRAMO.—Tisbe, las flores de olores odiosos dulces—
QUINCE.—Olores, olores.
PÍRAMO.—… olores de dulces aromas. Así es tu aliento, mi queridísima Tisbe. Pero escucha, ¡una voz! Quédate aquí un momento, y pronto apareceré ante ti.
[Sale.]
PUCK.—¡Un Píramo más extraño que jamás haya actuado aquí!
[Sale.]
TISBE.—¿Debo hablar ahora?
QUINCE.—Sí, claro que debes, pues debes entender que él solo va a ver un ruido que oyó, y ha de volver.
TISBE.—Píramo radiante, de límpida blancura, de color como la rosa roja en triunfante zarza, juvenil brioso, y también hermoso judío, tan fiel como el más fiel caballo, que nunca se cansaría, te encontraré, Píramo, en la tumba de Ninny.
QUINCE.—¡La tumba de Nino, hombre! No debes decir eso todavía. Eso lo respondes a Píramo. Dices todo tu papel de una vez, señales y todo.—¡Entra Píramo! Tu señal ya pasó; es ‘nunca se cansaría’.
TISBE.—Oh, tan fiel como el más fiel caballo, que nunca se cansaría.
Entran Puck y Bottom con cabeza de asno.
PÍRAMO.—Si yo fuera hermoso, Tisbe, solo sería tuyo.
QUINCE.—¡Oh, monstruoso! ¡Oh, extraño! Estamos embrujados. Por favor, maestros, huyan, maestros. ¡Ayuda!
[Salen los Rústicos.]
PUCK.—Los seguiré. Los guiaré en una ronda, por pantano, por arbusto, por seto, por zarza; a veces seré un caballo, a veces un sabueso, un cerdo, un oso sin cabeza, a veces fuego; y relincharé, ladraré, gruñiré, rugiré y arderé, como caballo, sabueso, cerdo, oso, fuego, a cada paso.
[Sale.]
BOTTOM.—¿Por qué huyen? Esto es una travesura de ellos para asustarme.
Entra Snout.
SNOUT.—¡Oh, Bottom, has cambiado! ¿Qué veo en ti?
BOTTOM.—¿Qué ves? ¿Ves una cabeza de asno en ti mismo, acaso?
[Sale Snout.]
Entra Quince.
QUINCE.—¡Dios te bendiga, Bottom! ¡Dios te bendiga! Has sido transformado.
[Sale.]
BOTTOM.—Veo su travesura. Esto es para hacerme asno, para asustarme, si pudieran. Pero no me moveré de este lugar, hagan lo que hagan. Caminaré de un lado a otro aquí, y cantaré, para que vean que no tengo miedo. [Canta.] El mirlo macho, tan negro de color, con pico anaranjado, el zorzal con su nota tan fiel, el chochín con su pequeña pluma.
TITANIA. [Despertando.] ¿Qué ángel me despierta de mi lecho de flores?
BOTTOM. [Canta.] El pinzón, el gorrión y la alondra, el sencillo cuco gris, cuya nota muchos hombres escuchan, y no se atreven a responder. Porque, en verdad, ¿quién querría discutir con un pájaro tan tonto? ¿Quién le daría la razón a un pájaro, aunque grite ‘cuco’ sin parar?
TITANIA.—Te ruego, dulce mortal, canta de nuevo. Mi oído está muy enamorado de tu canto. Así también mi vista está cautiva de tu figura; y la fuerza de tu virtud me mueve, a primera vista, a decir, a jurar, que te amo.
BOTTOM.—Me parece, señora, que tienes poca razón para ello. Y sin embargo, a decir verdad, la razón y el amor hacen poca compañía hoy en día. Lástima que algunos buenos vecinos no los hagan amigos. No importa, puedo bromear cuando se presenta la ocasión.
TITANIA.—Eres tan sabio como hermoso.
BOTTOM.—No tanto, tampoco; pero si tuviera suficiente ingenio para salir de este bosque, tendría suficiente para arreglármelas solo.
TITANIA.—No desees salir de este bosque. Aquí permanecerás, quieras o no. Soy un espíritu de rango poco común. El verano siempre atiende a mi estado; y te amo: por eso, ven conmigo. Te daré hadas que te atiendan; y ellas te traerán joyas del fondo del mar, y cantarán mientras duermes sobre flores prensadas. Y purificaré tu grosera mortalidad para que vayas como un espíritu etéreo.—¡Peaseblossom! ¡Cobweb! ¡Moth! ¡y Mustardseed!
Entran cuatro Hadas.
PEASEBLOSSOM.—Lista.
COBWEB.—Y yo.
MOTH.—Y yo.
MUSTARDSEED.—Y yo.
TODOS.—¿Adónde iremos?
TITANIA.—Sean amables y corteses con este caballero; salten en sus paseos y jueguen en sus ojos; aliméntenlo con albaricoques y moras, con uvas moradas, higos verdes y moras; roben las bolsas de miel de los abejorros, y para velas nocturnas, corten sus muslos de cera, y enciéndanlas con los ojos ardientes de las luciérnagas, para que mi amor se acueste y despierte; y arranquen las alas de mariposas pintadas, para abanicar los rayos de luna de sus ojos dormidos. Salúdenlo, duendecillos, y háganle reverencias.
PEASEBLOSSOM.—¡Salve, mortal!
COBWEB.—¡Salve!
MOTH.—¡Salve!
MUSTARDSEED.—¡Salve!
BOTTOM.—Les pido disculpas, de corazón.—Le ruego, ¿su nombre, señor?
COBWEB.—Telaraña.
BOTTOM.—Desearé conocerlo mejor, buen señor Telaraña. Si me corto un dedo, me atreveré a acudir a usted.—¿Su nombre, honesto caballero?
PEASEBLOSSOM.—Flor de Guisante.
BOTTOM.—Le ruego, salude de mi parte a la señora Calabaza, su madre, y al señor Vaina, su padre. Buen señor Flor de Guisante, también desearé conocerlo mejor.—¿Su nombre, le ruego, señor?
MUSTARDSEED.—Semilla de Mostaza.
BOTTOM.—Buen señor Semilla de Mostaza, conozco bien su paciencia. Ese mismo buey gigante y cobarde ha devorado a muchos caballeros de su casa. Le aseguro, su linaje me ha hecho llorar más de una vez. Desearé conocerlo mejor, buen señor Semilla de Mostaza.
TITANIA.—Vengan, sírvanlo; llévenlo a mi morada. La luna, me parece, mira con un ojo lloroso, y cuando ella llora, llora cada pequeña flor, lamentando alguna castidad forzada. Aten la lengua de mi amor, llévenlo en silencio.
[Salen.]



