Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare

Scene V. Another Room in Leonato’s House.

Capítulo 533 de 818 · 2 min de lectura

Entran Leonato, Dogberry y Verges.

LEONATO. ¿Qué desean de mí, buenos vecinos?

DOGBERRY. Pues, señor, quisiera tener una confidencia con usted, que le concierne muy de cerca.

LEONATO. Sea breve, se lo ruego; pues como ve, estoy en un momento ocupado.

DOGBERRY. Pues esto es, señor.

VERGES. Sí, en verdad lo es, señor.

LEONATO. ¿De qué se trata, buenos amigos?

DOGBERRY. El buen Verges, señor, se aparta un poco del asunto: es un hombre mayor, señor, y su ingenio no es tan agudo como, Dios me ayude, yo desearía que fuera; pero, en verdad, es tan honesto como la piel entre sus cejas.

VERGES. Sí, gracias a Dios, soy tan honesto como cualquier hombre vivo, que sea un hombre mayor y no más honesto que yo.

DOGBERRY. Las comparaciones son odiosas: palabras, vecino Verges.

LEONATO. Vecinos, son ustedes tediosos.

DOGBERRY. Es gusto de su señoría decirlo, pero somos humildes oficiales del Duque; pero, en verdad, por mi parte, si yo fuera tan tedioso como un rey, me complacería dedicarle toda mi tediosidad a su señoría.

LEONATO. ¿Toda tu tediosidad para mí? ¿eh?

DOGBERRY. Sí, y aunque fueran mil libras más de lo que es; porque oigo tan buenas exclamaciones sobre su señoría como de cualquier hombre en la ciudad, y aunque solo soy un hombre pobre, me alegra escucharlo.

VERGES. Y a mí también.

LEONATO. Me gustaría saber qué tienen que decir.

VERGES. Pues, señor, nuestra guardia esta noche, salvo por la presencia de su señoría, ha capturado a un par de bribones tan notorios como cualquiera en Mesina.

DOGBERRY. Un buen anciano, señor; le gusta hablar; como dicen, 'cuando llega la edad, se va el ingenio.' ¡Dios nos ayude! ¡Es cosa de ver! Bien dicho, en verdad, vecino Verges: bueno, Dios es un buen hombre; y cuando dos hombres montan un caballo, uno debe ir detrás. Un alma honesta, en verdad, señor; por mi fe lo es, como cualquiera que haya partido el pan; pero a Dios hay que adorarlo: no todos los hombres son iguales; ¡ay! buen vecino.

LEONATO. En verdad, vecino, él no llega a igualarte.

DOGBERRY. Dones que Dios da.

LEONATO. Debo dejarlos.

DOGBERRY. Una palabra, señor: nuestra guardia, señor, en verdad ha aprehendido a dos personas sospechosas, y quisiéramos que esta mañana fueran examinadas ante su señoría.

LEONATO. Hagan ustedes mismos el interrogatorio y tráiganmelo: ahora tengo mucha prisa, como podrán notar.

DOGBERRY. Será suficiente.

LEONATO. Beban un poco de vino antes de irse: que les vaya bien.

Entra un Mensajero.

MENSAJERO. Mi señor, lo esperan para entregar a su hija a su esposo.

LEONATO. Iré con ellos: estoy listo.

[Salen Leonato y el Mensajero.]

DOGBERRY. Ve, buen compañero, ve con Francis Seacoal; dile que traiga su pluma y tintero a la cárcel: ahora vamos a interrogar a estos hombres.

VERGES. Y debemos hacerlo con sabiduría.

DOGBERRY. No escatimaremos ingenio, se lo aseguro; aquí hay algo que hará que algunos de ellos no sepan qué responder: solo consigue que el escribano erudito anote nuestra excomunión, y encuéntrame en la cárcel.

[Salen.]

ACTO IV