Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare
SCENE III. Tarsus. A room in Cleon’s house.
Capítulo 575 de 818 · 2 min de lectura
Entran Cleón y Dionisa.
DIONISA. ¿Por qué, eres tonto? ¿Acaso puede deshacerse?
CLEÓN. Oh, Dionisa, ¡jamás el sol ni la luna contemplaron semejante matanza!
DIONISA. Creo que volverás a ser un niño.
CLEÓN. Si yo fuera el señor principal de todo este vasto mundo, lo daría por deshacer lo hecho. Una dama, mucho menos noble por sangre que por virtud, y aun así una princesa digna de igualar cualquier corona de la tierra en justicia de comparación. ¡Oh, villano Leonino! A quien también has envenenado: si hubieras bebido con él, habría sido una bondad digna de tu rostro. ¿Qué podrás decir cuando el noble Pericles reclame a su hija?
DIONISA. Que está muerta. Las nodrizas no son las Parcas, para criarla, ni tampoco para preservarla. Murió de noche; así lo diré. ¿Quién puede contradecirlo? A menos que tú, fingiendo inocencia piadosa, y por un atributo honesto, grites: ‘Murió por juego sucio’.
CLEÓN. Oh, basta ya. Bien, bien, de todos los pecados bajo los cielos, los dioses detestan este más que ninguno.
DIONISA. Sé de esos que piensan que los pequeños reyezuelos de Tarso volarán de aquí y revelarán esto a Pericles. Me avergüenza pensar de qué noble linaje eres y de cuán cobarde es tu espíritu.
CLEÓN. A tal proceder, quienquiera que haya añadido su aprobación, aunque no su consentimiento principal, no siguió caminos honorables.
DIONISA. Sea así, entonces: pero nadie sabe, salvo tú, cómo murió, ni nadie puede saberlo, estando Leonino muerto. Ella despreció a mi hija y se interpuso entre ella y su destino: nadie la miraba, todos posaban sus ojos en el rostro de Marina; mientras que la nuestra era rechazada y tenida por una cualquiera, indigna siquiera de la luz del día. Me atravesó el alma; y aunque llames a mi proceder antinatural, y digas que no amas bien a tu hija, aun así siento que es para mí una empresa de bondad realizada en favor de tu única hija.
CLEÓN. ¡Que el cielo lo perdone!
DIONISA. Y en cuanto a Pericles, ¿qué podría decir? Lloramos tras su féretro, y aún la lloramos. Su monumento está casi terminado, y sus epitafios, en relucientes letras doradas, expresan un elogio general hacia ella y el cuidado nuestro, a cuya costa se ha hecho.
CLEÓN. Eres como la arpía, que para traicionar, con rostro de ángel, hiere con garras de águila.
DIONISA. Eres como quien supersticiosamente jura a los dioses que el invierno mata a las moscas; pero sé que harás lo que te aconsejo.
[Salen.]



