Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare
SCENE III. London. A street
Capítulo 610 de 818 · 2 min de lectura
Entra un Ciudadano por una puerta, y Otro por la otra.
PRIMER CIUDADANO. Buenos días, vecino, ¿a dónde va tan deprisa?
SEGUNDO CIUDADANO. Le aseguro que apenas lo sé yo mismo. ¿Ha oído las noticias?
PRIMER CIUDADANO. Sí, que el Rey ha muerto.
SEGUNDO CIUDADANO. Malas noticias, por la Virgen; pocas veces llegan mejores. Temo, temo que el mundo será inestable.
Entra otro Ciudadano.
TERCER CIUDADANO. Vecinos, que Dios los guarde.
PRIMER CIUDADANO. Buenos días le dé Dios, señor.
TERCER CIUDADANO. ¿Es cierto el rumor sobre la muerte del buen rey Eduardo?
SEGUNDO CIUDADANO. Sí, señor, es demasiado cierto, que Dios nos ayude.
TERCER CIUDADANO. Entonces, señores, prepárense para ver un mundo turbulento.
PRIMER CIUDADANO. No, no; por la gracia de Dios, su hijo reinará.
TERCER CIUDADANO. ¡Ay de la tierra gobernada por un niño!
SEGUNDO CIUDADANO. En él hay esperanza de buen gobierno, que, en su minoría de edad, lo guiarán sus consejeros, y, cuando alcance la madurez, él mismo, sin duda gobernará bien entonces y hasta entonces.
PRIMER CIUDADANO. Así estaba el reino cuando Enrique Sexto fue coronado en París con apenas nueve meses.
TERCER CIUDADANO. ¿Así estaba el reino? No, no, buenos amigos, Dios lo sabe. Porque entonces esta tierra se enriqueció notablemente con sabios y prudentes consejos; entonces el Rey tenía virtuosos tíos que protegían su Gracia.
PRIMER CIUDADANO. Pues, también este los tiene, tanto por parte de su padre como de su madre.
TERCER CIUDADANO. Mejor sería que todos vinieran por parte de su padre, o que por parte de su padre no hubiera ninguno, porque la rivalidad por ver quién será el más cercano nos afectará a todos demasiado, si Dios no lo impide. Oh, cuán peligroso es el Duque de Gloucester, y los hijos y hermanos de la Reina, altivos y orgullosos; y si fueran gobernados, y no gobernantes, esta tierra enferma podría consolarse como antes.
PRIMER CIUDADANO. Vamos, vamos, tememos lo peor; todo saldrá bien.
TERCER CIUDADANO. Cuando se ven nubes, los sabios se ponen el abrigo; cuando caen las grandes hojas, el invierno está cerca; cuando el sol se pone, ¿quién no espera la noche? Las tormentas fuera de tiempo hacen esperar escasez. Todo puede salir bien; pero, si Dios lo dispone así, será más de lo que merecemos o espero.
SEGUNDO CIUDADANO. En verdad, los corazones de los hombres están llenos de temor. Casi no se puede razonar con un hombre que no esté sombrío y lleno de miedo.
TERCER CIUDADANO. Antes de los tiempos de cambio, siempre es así. Por instinto divino, las mentes de los hombres desconfían del peligro venidero, como vemos por experiencia que el agua se hincha antes de una tormenta violenta. Pero dejemos todo en manos de Dios. ¿A dónde iban?
SEGUNDO CIUDADANO. Pues, nos mandaron llamar los jueces.
TERCER CIUDADANO. Y a mí también. Los acompañaré.
[Salen.]



