Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare

SCENE I. Salisbury. An open place

Capítulo 624 de 818 · 1 min de lectura

Entran el Alguacil y alabarderos, con Buckingham, conducido a la ejecución.

BUCKINGHAM. ¿No me permitirá el rey Ricardo hablar con él?

ALGUACIL. No, mi buen señor; por lo tanto, tenga paciencia.

BUCKINGHAM. Hastings, y los hijos de Eduardo, Grey y Rivers, el santo rey Enrique, y tu hermoso hijo Eduardo, Vaughan, y todos los que han perecido por la injusticia oculta, corrompida y vil, si sus almas sombrías y descontentas pueden, a través de las nubes, contemplar esta hora presente, aun por venganza se burlarán de mi destrucción. Hoy es el Día de Todos los Santos, ¿verdad, amigo?

ALGUACIL. Así es.

BUCKINGHAM. Entonces, el Día de Todos los Santos es el día del juicio para mi cuerpo. Este es el día que, en tiempos del rey Eduardo, deseé que me llegara cuando se descubriera que fui falso con sus hijos y con los aliados de su esposa. Este es el día en que deseé caer por la falsa lealtad de aquel en quien más confié. Este, este Día de Todos los Santos es, para mi temerosa alma, el plazo señalado de mis agravios. Aquel alto Vidente con quien jugué ha vuelto mi fingida oración contra mí y me ha dado en serio lo que pedí en broma. Así obliga Él a las espadas de los hombres malvados a volverse contra el pecho de sus propios amos. Así la maldición de Margarita pesa sobre mi cuello: “Cuando él”, dijo ella, “parta tu corazón de dolor, recuerda que Margarita fue profetisa”. Llevadme, oficiales, al cadalso de la vergüenza; el agravio solo merece agravio, y la culpa, la debida culpa.

[Sale con los oficiales.]