Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare
SCENE I. Without the walls of Athens
Capítulo 691 de 818 · 1 min de lectura
Entra Timón.
TIMÓN. Déjame mirarte una vez más. ¡Oh, tú, muralla que encierra a esos lobos, sumérgete en la tierra y no protejas a Atenas! ¡Matrimonios, vuélvanse incontinentes! ¡Que la obediencia falle en los hijos! ¡Esclavos y necios, arranquen al grave y arrugado senado de su asiento y sirvan ustedes en su lugar! ¡Que la virginidad verde se convierta en inmundicia general al instante, háganlo ante los ojos de sus padres! ¡Arruinados, resistan; antes que devolver lo recibido, saquen sus cuchillos y degüellen a quienes les confiaron! ¡Siervos atados, roben! Sus amos graves son ladrones de manos grandes, y saquean amparados por la ley. Doncella, ve al lecho de tu amo, tu señora es del burdel. Hijo de dieciséis años, arráncale el bastón forrado a tu viejo padre cojo y con él destroza su cabeza. La piedad y el temor, la religión a los dioses, la paz, la justicia, la verdad, el respeto doméstico, el descanso nocturno y la vecindad, la instrucción, las costumbres, los misterios y oficios, los grados, las observancias, las costumbres y las leyes, que todo decline hacia su contrario confuso, ¡y que viva la confusión! Plagas propias de los hombres, acumulen sobre Atenas sus potentes y contagiosas fiebres, ¡ya madura para el golpe! Tú, fría ciática, inutiliza a nuestros senadores, que sus miembros sean tan torpes como sus modales. Lujuria y libertinaje, arrástrense en la mente y la médula de nuestra juventud, para que luchen contra la corriente de la virtud y se ahoguen en el desenfreno. Sarnas, llagas, siembren todos los pechos atenienses, y que su cosecha sea lepra general. Que el aliento infecte al aliento, para que su sociedad, como su amistad, sea puro veneno. ¡Nada aceptaré de ti sino la desnudez, ciudad detestable! ¡Toma eso también, junto con maldiciones multiplicadas! Timón se irá al bosque, donde hallará que la bestia más cruel es más amable que la humanidad. ¡Que los dioses confundan—escúchenme, dioses buenos todos!—a los atenienses, tanto dentro como fuera de esa muralla, y concedan que, así como crece Timón, crezca su odio hacia toda la raza humana, ¡altos y bajos! Amén.
[Sale.]



