Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare
SCENE V. Another part of the plain.
Capítulo 732 de 818 · 2 min de lectura
Entran Diomedes y un sirviente.
DIOMEDES. Ve, ve, mi sirviente, toma el caballo de Troilo; presenta el hermoso corcel a mi dama Crésida. Amigo, encomienda mis servicios a su belleza; dile que he castigado al amoroso troyano, y que soy su caballero por derecho propio.
SIRVIENTE. Voy, mi señor.
[Sale.]
Entra Agamenón.
AGAMENÓN. ¡Renueven, renueven! El fiero Polidamante ha derribado a Menón; el bastardo Margarelón tiene prisionero a Doreo, y se yergue como un coloso, blandiendo su lanza, sobre los cuerpos destrozados de los reyes Epístrofo y Cedio. Políxenes ha muerto; Anfimaco y Toante están gravemente heridos; Patroclo ha sido capturado o muerto; y Palamedes, gravemente herido y magullado. El temible Sagitario aterra a nuestras filas. Apresurémonos, Diomedes, a reforzar, o pereceremos todos.
Entra Néstor.
NÉSTOR. Lleven el cuerpo de Patroclo a Aquiles, y ordenen a Áyax, lento como un caracol, que se arme por vergüenza. Hay mil Héctores en el campo; ahora lucha aquí, montado en su caballo Galate, y allí falta trabajo; pronto está allá a pie, y allí huyen o mueren, como cardúmenes de escamas ante la ballena que escupe; luego está más allá, y allí los griegos, como paja, maduros para su filo, caen ante él como la mies ante la guadaña. Aquí, allá y en todas partes, toma y deja; tal destreza obedece a su apetito que cuanto quiere, lo hace, y hace tanto que la prueba se llama imposibilidad.
Entra Ulises.
ULISES. ¡Oh, valor, valor, valor, príncipes! El gran Aquiles se está armando, llorando, maldiciendo, jurando venganza. Las heridas de Patroclo han despertado su sangre adormecida, junto con sus Mirmidones mutilados, que sin nariz, sin manos, cortados y astillados, acuden a él, clamando por Héctor. Áyax ha perdido a un amigo y espuma por la boca, y está armado y en acción, rugiendo por Troilo; quien hoy ha hecho una ejecución loca y fantástica, comprometiéndose y redimiéndose con tal fuerza descuidada y descuido forzoso, como si ese deseo, en desafío de la destreza, le ordenara ganarlo todo.
Entra Áyax.
ÁYAX. ¡Troilo! ¡Cobarde Troilo!
[Sale.]
DIOMEDES. Sí, ahí, ahí.
NÉSTOR. Así, así, nos reunimos.
[Salen.]
Entra Aquiles.
AQUILES. ¿Dónde está ese Héctor? Ven, ven, mataniños, muestra tu rostro; conoce lo que es enfrentar a Aquiles enfurecido. ¡Héctor! ¿Dónde está Héctor? No quiero a nadie más que a Héctor.
[Salen.]



