Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare
SCENE II. The sea-coast.
Capítulo 740 de 818 · 2 min de lectura
Entran Viola, un Capitán y Marineros.
VIOLA. ¿Qué país es este, amigos?
CAPITÁN. Esto es Iliria, señora.
VIOLA. ¿Y qué debería hacer yo en Iliria? Mi hermano está en el Elíseo. Quizá no se haya ahogado. ¿Qué piensan ustedes, marineros?
CAPITÁN. Es posible que usted misma haya sido salvada.
VIOLA. ¡Oh, mi pobre hermano! y así quizá también él lo haya sido.
CAPITÁN. Es cierto, señora; y para consolarla con la esperanza, asegúrese de que, después de que nuestro barco se partiera, cuando usted y aquellos pocos que se salvaron con usted se aferraron a nuestro bote a la deriva, vi a su hermano, muy previsor en el peligro, atarse (el valor y la esperanza guiándolo en la acción) a un fuerte mástil que flotaba en el mar; donde, como Arion sobre el lomo del delfín, lo vi mantener trato con las olas mientras pude verlo.
VIOLA. ¡Por decir eso, aquí tienes oro! Mi propio escape alimenta mi esperanza, y tus palabras la avalan, pensando en él. ¿Conoces este país?
CAPITÁN. Sí, señora, muy bien, pues nací y crecí a menos de tres horas de viaje de este mismo lugar.
VIOLA. ¿Quién gobierna aquí?
CAPITÁN. Un noble duque, tan noble de carácter como de nombre.
VIOLA. ¿Cómo se llama?
CAPITÁN. Orsino.
VIOLA. ¡Orsino! He oído a mi padre nombrarlo. Entonces era soltero.
CAPITÁN. Y lo sigue siendo, o lo era hasta hace muy poco; pues hace apenas un mes que partí de aquí, y entonces era reciente el rumor (como usted sabe, lo que hacen los grandes, los pequeños lo comentan) de que buscaba el amor de la bella Olivia.
VIOLA. ¿Quién es ella?
CAPITÁN. Una doncella virtuosa, hija de un conde que murió hace unos doce meses; dejándola entonces bajo la protección de su hijo, su hermano, que también murió poco después; por el gran amor que le tenía, dicen que ha renunciado a la compañía y vista de los hombres.
VIOLA. ¡Oh, si pudiera servir a esa dama, y no ser entregada al mundo, hasta que mi propia ocasión madurara, y pudiera revelar mi condición!
CAPITÁN. Eso sería difícil de lograr, porque ella no admite ningún tipo de cortejo, ni siquiera el del Duque.
VIOLA. Hay en ti un buen comportamiento, Capitán; y aunque la naturaleza suele encerrar la corrupción tras un hermoso muro, de ti creeré que tu mente concuerda con tu noble y exterior apariencia. Te ruego, y te recompensaré generosamente, que ocultes quién soy y me ayudes a disfrazarme de modo que convenga a mi propósito. Serviré a este duque; tú me presentarás ante él como un eunuco. Puede valer la pena para ti; pues sé cantar y hablarle en diversos estilos musicales, lo que me hará muy apta para su servicio. Lo que más suceda, lo dejaré al tiempo; sólo adapta tu silencio a mi ingenio.
CAPITÁN. Sea usted su eunuco y yo seré su mudo; cuando mi lengua hable de más, que mis ojos no vean.
VIOLA. Te lo agradezco. Guíame.
[Salen.]



