Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare
SCENE IV. A Room in the Duke’s Palace.
Capítulo 742 de 818 · 1 min de lectura
Entran Valentín y Viola vestida de hombre.
VALENTÍN. Si el duque continúa mostrándote estos favores, Cesario, es probable que avances mucho; apenas te conoce desde hace tres días y ya no eres un extraño.
VIOLA. O temes su humor o mi negligencia, pues dudas de la constancia de su afecto. ¿Es inconstante, señor, en sus favores?
VALENTÍN. No, créeme.
Entran el Duque, Curio y asistentes.
VIOLA. Te lo agradezco. Aquí viene el Conde.
DUQUE. ¿Quién ha visto a Cesario, eh?
VIOLA. A sus órdenes, mi señor, aquí estoy.
DUQUE. Mantente un momento aparte.—Cesario, tú sabes tanto como todo; he abierto para ti el libro mismo de mi alma secreta. Por eso, buen joven, encamina tus pasos hacia ella, no permitas que te nieguen el acceso, permanece en su puerta y diles que allí tu pie quedará fijo hasta que te conceda audiencia.
VIOLA. Seguro, mi noble señor, si ella está tan entregada a su dolor como se dice, nunca me admitirá.
DUQUE. Sé insistente y salta todo límite de cortesía, antes que regresar sin provecho.
VIOLA. Supongamos que hablo con ella, mi señor, ¿y entonces?
DUQUE. Oh, entonces revela la pasión de mi amor, sorpréndela con relatos de mi leal fe; te sentará bien representar mis penas; ella las escuchará mejor en tu juventud que en un mensajero de aspecto más grave.
VIOLA. No lo creo así, mi señor.
DUQUE. Querido muchacho, créelo; pues mentirán sobre tus felices años quienes digan que eres un hombre: el labio de Diana no es más suave ni más rubicundo; tu voz es como la de una doncella, aguda y clara, y todo en ti semeja el papel de una mujer. Sé que tu estrella es muy propicia para este asunto. Que te acompañen cuatro o cinco: todos, si quieres; pues yo mismo estoy mejor cuando menos gente me rodea. Que tengas éxito en esto, y vivirás tan libremente como tu señor, para llamar tuyas a sus fortunas.
VIOLA. Haré lo mejor que pueda para cortejar a su dama. [Aparte.] ¡Vaya lucha difícil! A quien yo corteje, quisiera ser su esposa.
[Salen.]



