Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare
ACT V
Capítulo 778 de 818 · 2 min de lectura
Escena I. Atenas. Ante los templos de Marte, Venus y Diana Escena II. Atenas. Una habitación en la prisión Escena III. Una parte del bosque cerca de Atenas, y cerca del lugar designado para el combate Escena IV. El mismo lugar; un cadalso preparado EPÍLOGO
Personajes
PRÓLOGO
ARCITA, los dos nobles parientes, primos, PALAMÓN, sobrinos de Creonte, rey de Tebas
TESEO, duque de Atenas HIPÓLITA, reina de las Amazonas, luego duquesa de Atenas EMILIA, hermana de Hipólita PIRITO, amigo de Teseo
Tres REINAS, viudas de los reyes muertos en el sitio de Tebas
El CARCELERO de la prisión de Teseo Su HIJA, enamorada de Palamón Su HERMANO, el PRETENDIENTE de la hija del carcelero Dos AMIGOS del carcelero, UN MÉDICO
ARTESIO, un soldado ateniense VALERIO, un tebano MUJER, sirvienta de Emilia Un CABALLERO ateniense Seis CABALLEROS, tres acompañando a Arcita, tres a Palamón
Seis CAMPESINOS, uno disfrazado de bavio o babuino Gerald, un MAESTRO DE ESCUELA NEL, una campesina UN TAMBORILERO
Un NIÑO cantor UN HERALDO UN MENSAJERO UN CRIADO
EPÍLOGO
Himeneo (dios de las bodas), lores, soldados, cuatro campesinas (Fritz, Maudlin, Luce y Barbary), ninfas, asistentes, doncellas, verdugo, guardia
ESCENARIO: Atenas y sus alrededores, excepto en parte del primer acto, donde es Tebas y sus alrededores
PRÓLOGO
Toques de trompeta. Entra el Prólogo.
PRÓLOGO. Las obras nuevas y las doncellas son casi hermanas: ambas muy perseguidas, pues por ambas se da mucho dinero, si se mantienen sanas y firmes. Y una buena obra, cuyos recatados actos se ruborizan en el día de su boda y tiemblan por perder su honor, es como aquella que, tras el lazo sagrado y la primera noche agitada, sigue siendo Modestia, y conserva más de doncella, a los ojos, que lo que el esposo logra. Rogamos que nuestra obra sea así, pues estoy seguro de que tiene un noble creador y puro, un sabio, y nunca hubo poeta más famoso entre el Po y el plateado Trent. Chaucer, admirado por todos, nos da la historia; allí, constante por la eternidad, vive. Si dejamos caer la nobleza de esto, y el primer sonido que escuche este hijo es un silbido, ¡cómo hará temblar los huesos de ese buen hombre y le hará clamar desde el subsuelo: “Oh, aparta de mí la paja sin juicio de tal escritor que marchita mis laureles y hace más ligeras mis famosas obras que Robin Hood!” Este es el temor que traemos; pues, a decir verdad, sería interminable y demasiado ambicioso aspirar a él, débiles como somos, y casi sin aliento, nadar en estas aguas profundas. Pero si ustedes nos tienden la mano, viraremos y haremos algo para salvarnos. Escucharán escenas que, aunque por debajo de su arte, pueden aún valer dos horas de viaje. A sus huesos, dulce descanso; a ustedes, satisfacción. Si esta obra no logra apartar de nosotros un poco de tedio, percibimos que nuestras pérdidas caen tan seguidas, que debemos retirarnos.
[Toques de trompeta. Sale.]
ACTO I



