Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare
SCENE IV. Athens. A room in the prison
Capítulo 787 de 818 · 1 min de lectura
Entra la hija del carcelero sola.
HIJA. ¿Por qué habría de amar yo a este caballero? Es probable que jamás me corresponda. Soy de baja condición, mi padre es el humilde guardián de su prisión, y él es un príncipe. Casarme con él es una esperanza vana; ser su amante, una necedad. ¡Fuera con eso! ¡A qué apuros nos vemos forzadas las muchachas cuando llegamos a los quince! Primero, lo vi; al verlo, pensé que era un hombre apuesto; tiene tanto para agradar a una mujer, si así lo desea, como cualquier otro que hayan visto estos ojos. Después, sentí compasión por él, y así lo haría cualquier joven doncella, en mi conciencia, que alguna vez haya soñado o prometido su doncellez a un joven apuesto. Luego lo amé, lo amé con locura, lo amé infinitamente. Y, sin embargo, él tenía un primo, tan apuesto como él, pero en mi corazón estaba Palamón, y allí, ¡Dios, qué alboroto arma! ¡Escucharlo cantar por la tarde, qué paraíso es! Y aun así, sus canciones son tristes. Jamás habló caballero con mayor gentileza. Cuando entro a llevarle agua por la mañana, primero inclina su noble cuerpo, luego me saluda así: “Bella y gentil doncella, buenos días. Que tu bondad te consiga un esposo feliz.” Una vez me besó; amé mis labios aún más durante diez días después. ¡Ojalá lo hiciera todos los días! Él sufre mucho—y yo tanto como él al ver su miseria. ¿Qué debería hacer para que sepa que lo amo? Porque deseo disfrutar de su amor. ¿Y si me atreviera a liberarlo? ¿Qué dice la ley entonces? ¡Basta de ley o parentesco! Lo haré; y esta noche, o mañana, él me amará.
[Sale.]



