Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare
SCENE I. Sicilia. A Street in some Town.
Capítulo 809 de 818 · 1 min de lectura
Entran Cleomenes y Dion.
CLEOMENES El clima es delicado; el aire, sumamente dulce; fértil la isla, y el templo supera con creces la fama común que le precede.
DION. Yo relataré, pues fue lo que más me impresionó, los hábitos celestiales (creo que así debería llamarlos) y la reverencia de sus graves portadores. ¡Oh, el sacrificio! ¡Cuán ceremonioso, solemne y sobrenatural fue en su ofrenda!
CLEOMENES Pero, sobre todo, el estallido y la voz ensordecedora del oráculo, semejante al trueno de Júpiter, sorprendió tanto mis sentidos que quedé anonadado.
DION. Si el resultado de este viaje es tan favorable para la reina—¡ojalá así sea!—como lo ha sido para nosotros, raro, placentero y rápido, el tiempo habrá valido la pena.
CLEOMENES ¡Que el gran Apolo haga que todo resulte para bien! Estas proclamas, que tan insistentemente cargan culpas sobre Hermione, poco me agradan.
DION. El violento proceder de todo esto aclarará o pondrá fin al asunto: cuando el oráculo (así sellado por el gran dios Apolo) revele su contenido, algo extraordinario saldrá a la luz en ese mismo instante. Vamos. ¡Caballos frescos! ¡Y que el desenlace sea propicio!
[Salen.]



