Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare

SCENE I.

Capítulo 812 de 818 · 1 min de lectura

Entra el Tiempo, el Coro.

TIEMPO. Yo, que agrado a algunos y pruebo a todos: tanto la alegría como el terror de buenos y malos, que crea y desvela el error, ahora asumo, en nombre del Tiempo, el uso de mis alas. No me imputen como crimen a mí ni a mi veloz paso, que me deslice sobre dieciséis años y deje sin explorar el crecimiento de ese amplio lapso, pues está en mi poder derrocar la ley y, en una hora nacida de mí mismo, plantar y arrasar la costumbre. Permítanme pasar siendo el mismo que soy, antes de que existiera el más antiguo orden o lo que ahora se acepta. Soy testigo de los tiempos que los trajeron; así haré con las cosas más recientes que ahora reinan, y haré que palidezca el brillo de este presente, como mi relato ahora le parece. Si me conceden su paciencia, giro mi reloj de arena y hago que mi escena crezca como si hubieran dormido entre tanto. Leontes, dejando los efectos de sus celos insensatos, tan afligido que se encierra en sí mismo, imagínenme, gentiles espectadores, que ahora puedo estar en la hermosa Bohemia, y recuerden bien que mencioné a un hijo del rey, al que ahora llamo Florizel ante ustedes; y con igual rapidez me dispongo a hablar de Perdita, ahora crecida en gracia igual al asombro. No quiero profetizar lo que le sucederá; pero dejen que las noticias del Tiempo se conozcan cuando lleguen. Una hija de pastor, y lo que a ella concierne, que sigue después, es el argumento del Tiempo. Concédanme esto, si alguna vez han gastado peor el tiempo antes; si nunca, aún así el propio Tiempo dice que desea sinceramente que nunca lo hagan.

[Sale.]