Remedios desesperados · Thomas Hardy

7. DEL VEINTIDÓS AL VEINTISIETE DE NOVIEMBRE

Capítulo 37 de 99 · 1 min de lectura

Pero a la mañana siguiente, Manston se dio cuenta de que había olvidado otro asunto al mencionar el lunes siguiente a su esposa para el viaje.

El hecho era el siguiente. Acababa de recibir una carta que le recordaba que había dejado toda la semana siguiente libre para un compromiso de negocios importante con un agente de tierras vecino, en la residencia de este caballero a trece millas de distancia. El día concreto que había sugerido a su esposa, entretanto, había sido reservado por su corresponsal. La reunión ya no podía posponerse.

Así que volvió a escribir a su esposa, informándole que unos asuntos que no podían aplazarse lo alejaban de casa el lunes, y que eso le impediría completamente ir a buscarla el domingo por la noche como había planeado, pero que la esperaría en la estación de Carriford Road con un carruaje cuando ella llegara esa tarde.

Al día siguiente llegó la respuesta de su esposa a su primera carta, en la que le decía que estaría lista para que la recogiera en la fecha indicada. Como ya había enviado su segunda carta, que para entonces ella ya tenía en sus manos, no respondió de nuevo.

La semana transcurrió. Mientras tanto, el mayordomo había dejado que se supiera en el pueblo que era un hombre casado, y, gracias a una gestión juiciosa, las sólidas razones familiares para su anterior secreto sobre el asunto, que se difundieron como complemento de la historia, fueron recibidas con tranquilidad; parecían tan naturales y justificadas para las mentes sencillas de nueve décimas partes de sus vecinos, que la curiosidad sobre el tema, más allá de un fuerte deseo de ver el rostro de la dama, quedó casi extinguida.

X. LOS SUCESOS DE UN DÍA Y UNA NOCHE