Discursos de Epicteto · Epictetus

Parte 15

Capítulo 15 de 17 · 12 min de lectura

Primero, debemos tener estas reglas siempre a mano y no hacer nada sin ellas, y debemos mantener el alma dirigida hacia este objetivo: no perseguir nada externo ni nada que pertenezca a otros (o esté en poder de otros), sino actuar según lo ha dispuesto aquel que tiene el poder; debemos buscar por completo las cosas que están en el poder de la voluntad, y todas las demás cosas solo en la medida en que sea permitido. Después de esto, debemos recordar quiénes somos y cuál es nuestro nombre, y esforzarnos por orientar nuestros deberes conforme al carácter (naturaleza) de nuestras diversas relaciones (en la vida) de esta manera: cuál es el momento para cantar, cuál para jugar, y ante quién; cuál será la consecuencia del acto; si nuestros compañeros nos despreciarán, si nosotros los despreciaremos a ellos; cuándo burlarse ([griego: schopsai]), y a quién ridiculizar; y en qué ocasión ceder y ante quién; y finalmente, al ceder, cómo mantener nuestro propio carácter. Pero cada vez que te desvíes de alguna de estas reglas, el daño es inmediato, no por algo externo, sino por la acción misma.

¿Qué ocurre entonces? ¿Es posible estar libre de faltas (si haces todo esto)? No es posible; pero sí es posible dirigir tus esfuerzos incesantemente a no tener faltas. Porque debemos conformarnos si, al no abandonar nunca esta atención, al menos escapamos de algunos errores. Pero ahora, cuando dices: Mañana comenzaré a prestar atención, debes saber que estás diciendo: Hoy seré desvergonzado, descuidado del tiempo y del lugar, mezquino; estará en poder de otros causarme dolor; hoy seré apasionado y envidioso. Observa cuántas cosas malas te permites hacer. Si es bueno prestar atención mañana, ¿cuánto mejor es hacerlo hoy? Si mañana te conviene atender, mucho más hoy, para que también puedas hacerlo mañana, y no lo postergues de nuevo para pasado mañana.

CONTRA O PARA AQUELLOS QUE FÁCILMENTE CUENTAN SUS ASUNTOS.—Cuando un hombre nos ha parecido hablar con sencillez (franqueza) sobre sus propios asuntos, ¿cómo es que al final nosotros mismos también nos sentimos inducidos a revelarle nuestros propios secretos y pensamos que esto es un comportamiento franco? En primer lugar, porque parece injusto que un hombre haya escuchado los asuntos de su vecino y no comunicarle también, a su vez, los nuestros; luego, porque pensamos que no pareceremos hombres francos si guardamos silencio sobre nuestros propios asuntos. De hecho, los hombres suelen decir: Te he contado todos mis asuntos, ¿no me contarás nada de los tuyos? ¿Dónde se hace esto? Además, tenemos también la opinión de que podemos confiar con seguridad en quien ya nos ha contado sus propios asuntos; pues surge en nuestra mente la idea de que este hombre nunca podría divulgar nuestros asuntos porque sería precavido para que nosotros tampoco divulguemos los suyos. De este modo también los incautos son atrapados por los soldados en Roma. Un soldado se sienta junto a ti vestido de civil y comienza a hablar mal de César; entonces tú, como si hubieras recibido una prenda de su fidelidad porque él ha comenzado el abuso, expresas también lo que piensas, y luego eres llevado encadenado.

Algo de este tipo nos sucede también generalmente. Ahora bien, como este hombre ha confiado sus asuntos a mí con seguridad, ¿debo yo hacer lo mismo con cualquier persona que encuentre? (No), porque cuando he escuchado, guardo silencio, si tengo tal disposición; pero él sale y cuenta a todos lo que ha oído. Entonces, si me entero de lo que ha hecho, si soy un hombre como él, decido vengarme, divulgo lo que él me ha contado; así perturbo a otros y me perturbo a mí mismo. Pero si recuerdo que un hombre no daña a otro, y que los actos de cada uno lo dañan o benefician, logro esto: no hago nada como él, pero aun así sufro lo que sufro por mi propia charla insensata.

Es cierto, pero es injusto que, después de haber escuchado los secretos de tu vecino, tú no le comuniques nada a él en tu turno. ¿Te pedí tus secretos, amigo? ¿Me comunicaste tus asuntos bajo ciertas condiciones, para que a cambio yo también te cuente los míos? Si eres un charlatán y piensas que todos los que te encuentras son amigos, ¿quieres que yo también sea como tú? Pero, ¿por qué, si hiciste bien en confiarme tus asuntos y no es bueno para mí confiarte los míos, quieres que yo sea tan imprudente? Es exactamente lo mismo que si yo tuviera un tonel que no pierde agua y tú uno con un agujero, y vinieras a depositar tu vino conmigo para que lo ponga en mi tonel, y luego te quejaras de que yo no confío mi vino a ti, pues tienes un tonel con un agujero. ¿Dónde está aquí la igualdad? Confiaste tus asuntos a un hombre fiel y modesto, a un hombre que piensa que solo sus propias acciones son dañinas o útiles, y que nada externo lo es. ¿Quieres que yo confíe los míos a ti, un hombre que ha deshonrado su propia facultad de voluntad, y que desea obtener un poco de dinero o algún cargo o promoción en la corte (palacio del emperador), incluso si fueras a matar a tus propios hijos, como Medea? ¿Dónde está aquí la igualdad (justicia)? Pero muéstrame que eres fiel, modesto y constante; muéstrame que tienes opiniones amistosas; muéstrame que tu tonel no tiene agujero; y verás cómo no esperaré a que me confíes tus asuntos, sino que yo mismo vendré a pedirte que escuches los míos. Porque, ¿quién no desea hacer uso de un buen recipiente? ¿Quién no valora a un consejero benevolente y fiel? ¿Quién no recibirá de buen grado a un hombre dispuesto a compartir, por así decirlo, la dificultad de sus circunstancias, y con este acto aliviar la carga, al tomar parte de ella?

EL ENQUIRIDIÓN, O MANUAL.

I.

De las cosas, algunas están en nuestro poder y otras no. Están en nuestro poder la opinión ([griego: hupolaepsis]), el movimiento hacia algo ([griego: hormae]), el deseo, la aversión ([griego: echchlisis]), el apartarse de algo; y, en una palabra, todo lo que son nuestros actos. No están en nuestro poder el cuerpo, la propiedad, la reputación, los cargos (el poder magistral), y, en una palabra, todo lo que no son nuestros propios actos. Y las cosas que están en nuestro poder son por naturaleza libres, no sujetas a restricción ni impedimento; pero las cosas que no están en nuestro poder son débiles, serviles, sujetas a restricción, en poder de otros. Recuerda entonces, que si consideras libres las cosas que por naturaleza son serviles, y propias las cosas que están en poder de otros, serás impedido, lamentarás, te perturbarás, culparás tanto a dioses como a hombres; pero si consideras como propio solo lo que es tuyo, y si consideras que lo que es de otro, como realmente es, pertenece a otro, nadie te obligará jamás, nadie te impedirá, nunca culparás a nadie, no acusarás a nadie, no harás nada involuntariamente (contra tu voluntad), nadie te hará daño, no tendrás enemigo, porque no sufrirás ningún daño.

Si entonces deseas (apuntas a) cosas tan grandes, recuerda que no debes (intentar) alcanzarlas con poco esfuerzo; sino que debes dejar de lado algunas cosas por completo, y posponer otras por el momento. Pero si deseas también estas cosas (tan grandes), y el poder (cargo) y la riqueza, quizás no consigas ni siquiera estas mismas cosas (poder y riqueza) porque también apuntas a aquellas primeras cosas (tan grandes); ciertamente fracasarás en aquellas cosas por las cuales únicamente se asegura la felicidad y la libertad. Por lo tanto, practica de inmediato decir ante toda apariencia dura: Eres una apariencia, y de ninguna manera lo que pareces ser. Luego examínala según las reglas que posees, y ante todo por esta primera y principal: si se relaciona con las cosas que están en nuestro poder o con las que no lo están; y si se relaciona con algo que no está en nuestro poder, prepárate para decir que no te concierne.

II.

Recuerda que el deseo contiene en sí la pretensión (esperanza) de obtener aquello que deseas; y la pretensión (esperanza) en la aversión (apartarse de algo) es que no caerás en aquello que intentas evitar; y quien falla en su deseo es desafortunado; y quien cae en aquello que quería evitar es infeliz. Si entonces intentas evitar solo las cosas contrarias a la naturaleza que están en tu poder, no te verás envuelto en ninguna de las cosas que querrías evitar. Pero si intentas evitar la enfermedad, o la muerte, o la pobreza, serás infeliz. Elimina entonces la aversión de todas las cosas que no están en nuestro poder, y transfiérela a las cosas contrarias a la naturaleza que sí están en nuestro poder. Pero destruye el deseo por completo por ahora. Porque si deseas algo que no está en nuestro poder, necesariamente serás desafortunado; pero de las cosas que están en nuestro poder, y que sería bueno desear, aún ninguna está ante ti. Emplea solo el poder de moverte hacia un objeto y apartarte de él; y estos poderes, en verdad, solo ligeramente y con excepciones y con moderación.

III.

En todo aquello que agrada al alma, satisface una necesidad o es amado, recuerda añadir esto a la descripción: ¿Cuál es la naturaleza de cada cosa, comenzando por la más pequeña? Si amas un vaso de barro, di que es un vaso de barro lo que amas; pues cuando se rompa, no te perturbarás. Si besas a tu hijo o a tu esposa, di que es a un ser humano a quien besas, pues cuando la esposa o el hijo mueran, no te perturbarás.

IV.

Cuando vayas a emprender cualquier acción, recuérdate a ti mismo qué clase de acción es. Si vas a bañarte, pon delante de ti lo que suele ocurrir en los baños: algunos salpican agua, otros se empujan, otros se insultan y algunos roban; y así, con mayor seguridad emprenderás la tarea, si te dices: ahora tengo la intención de bañarme y de mantener mi voluntad de acuerdo con la naturaleza. Así debes proceder en cada acción; pues si surge algún obstáculo al bañarte, ten lista esta idea: no solo pretendía esto, sino también mantener mi voluntad conforme a la naturaleza; pero no lo haré si me enojo por lo que sucede.

V.

Los hombres no se perturban por las cosas que suceden, sino por las opiniones que tienen sobre ellas; por ejemplo, la muerte no es nada terrible, pues si lo fuera, así le habría parecido a Sócrates; lo terrible es la opinión de que la muerte es terrible. Así que, cuando nos veamos impedidos, perturbados o afligidos, nunca culpemos a otros, sino a nosotros mismos, es decir, a nuestras opiniones. Culpar a otros por nuestra mala situación es propio de un hombre mal instruido; culparse a sí mismo es propio de quien ha comenzado a instruirse; y no culpar ni a otro ni a sí mismo es propio de quien ha completado su instrucción.

VI.

No te enorgullezcas por ninguna ventaja (excelencia) que pertenezca a otro. Si un caballo, al sentirse orgulloso, dijera: soy hermoso, podría tolerarse. Pero cuando tú te enorgulleces y dices: tengo un caballo hermoso, debes saber que te enorgulleces de tener un buen caballo. ¿Qué es, entonces, lo tuyo? El uso de las apariencias. Por consiguiente, cuando en el uso de las apariencias actúes conforme a la naturaleza, entonces enorgullécete, pues entonces te enorgullecerás de algo bueno que es verdaderamente tuyo.

VII.

Como en un viaje, cuando la nave ha llegado a puerto, si sales a buscar agua, es un pasatiempo recoger una concha o algún bulbo, pero tu pensamiento debe estar dirigido al barco, y debes estar atento por si el capitán llama, y entonces deberás dejar todas esas cosas, para no quedar atado y ser arrojado al barco como oveja. Así también en la vida, si en vez de un pequeño bulbo y una concha se te da una esposa y un hijo, nada te impide tomarlos. Pero si el capitán llama, corre al barco y deja todas esas cosas sin mirar atrás. Y si eres viejo, ni siquiera te alejes mucho del barco, no sea que, cuando te llamen, no puedas acudir.

VIII.

No busques que las cosas que suceden ocurran como tú deseas; más bien, desea que las cosas sucedan tal como ocurren, y tendrás una vida tranquila.

IX.

La enfermedad es un impedimento para el cuerpo, pero no para la voluntad, a menos que la voluntad misma lo elija. La cojera es un impedimento para la pierna, pero no para la voluntad. Añade esta reflexión en cada ocasión que algo suceda; pues verás que es un impedimento para otra cosa, pero no para ti mismo.

X.

En cada accidente (evento) que te ocurra, recuerda volver a ti mismo y preguntarte qué poder tienes para aprovecharlo. Si ves a un hombre o una mujer hermosa, encontrarás que el poder para resistir es la templanza (continencia). Si se te presenta el trabajo (dolor), verás que es la resistencia. Si son palabras ofensivas, verás que es la paciencia. Y si te has formado así en el hábito adecuado, las apariencias no te arrastrarán.

XI.

Nunca digas de nada: lo he perdido, sino: lo he devuelto. ¿Ha muerto tu hijo? Ha sido devuelto. ¿Ha muerto tu esposa? Ha sido devuelta. ¿Te han quitado tu hacienda? ¿No ha sido también devuelta? Pero quien me la quitó es un hombre malo. ¿Y qué te importa a ti, por manos de quién el dador la reclamó? Mientras te lo permita, cuídalo como algo ajeno, como hacen los viajeros con la posada.

XII.

Si tienes la intención de mejorar, desecha pensamientos como estos: si descuido mis asuntos, no tendré con qué vivir; si no castigo a mi esclavo, será malo. Pues es mejor morir de hambre y así liberarse de la tristeza y el miedo, que vivir en abundancia con perturbación; y es mejor que tu esclavo sea malo a que tú seas infeliz. Comienza entonces por cosas pequeñas. ¿Se derramó el aceite? ¿Te robaron un poco de vino? Di en esa ocasión: a tal precio se vende la libertad de la perturbación; a tal precio se vende la tranquilidad, pero nada se obtiene gratis. Y cuando llames a tu esclavo, considera que es posible que no te oiga; y si te oye, que no haga lo que deseas. Pero las cosas no dependen tanto de él, sino de ti, para que no esté en su poder perturbarte.

XIII.

Si quieres mejorar, acepta ser considerado falto de sentido y necio respecto a las cosas externas. Desea ser tenido por ignorante; y si pareces importante a algunos, desconfía de ti mismo. Porque debes saber que no es fácil mantener tu voluntad conforme a la naturaleza y, al mismo tiempo, ocuparte de las cosas externas; pero si un hombre cuida de una, necesariamente descuidará la otra.

XIV.

Si deseas que tus hijos, tu esposa y tus amigos vivan para siempre, eres insensato; pues quieres que las cosas que no están en tu poder estén en tu poder, y que lo que pertenece a otros sea tuyo. Así, si deseas que tu esclavo no tenga defectos, eres un necio; pues quieres que la maldad no sea maldad, sino otra cosa. Pero si deseas no fallar en tus deseos, puedes lograrlo. Practica entonces aquello que puedes hacer. Es dueño de todo hombre quien tiene poder sobre lo que otro desea o no desea, el poder de concedérselo o quitárselo. Quien desee ser libre, que no desee ni evite nada que dependa de otros: si no observa esta regla, será esclavo.

XV.

Recuerda que en la vida debes comportarte como en un banquete. Supón que algo es servido y está frente a ti. Extiende la mano y toma una porción con decoro. Supón que pasa de largo. No lo retengas. Supón que aún no te ha llegado. No adelantes tu deseo, sino espera hasta que esté frente a ti. Haz lo mismo respecto a los hijos, a la esposa, a los cargos públicos, a la riqueza, y algún día serás digno compañero en los banquetes de los dioses. Pero si no tomas nada de lo que se te ofrece, e incluso los desprecias, entonces serás no solo comensal de los dioses, sino también su compañero en el poder. Pues actuando así, Diógenes, Heráclito y otros semejantes fueron justamente considerados divinos y así llamados.

XVI.

Cuando veas a una persona llorando de dolor porque un hijo se va lejos o ha muerto, o porque ha perdido su propiedad, cuida que la apariencia no te arrastre, como si sufriera por cosas externas. Pero distingue de inmediato en tu mente, y prepárate para decir: no es eso lo que le aflige, pues no aflige a otro, sino que es la opinión sobre esa cosa lo que le aflige. En cuanto a las palabras, no te niegues a mostrarle simpatía, e incluso, si es necesario, a lamentarte con él. Pero cuida de no lamentarte también en tu interior.

XVII.

Recuerda que eres un actor en una obra, de la clase que el maestro (autor) elija; si es corta, de una corta; si es larga, de una larga: si quiere que representes el papel de pobre, procura hacerlo naturalmente; si el de cojo, de magistrado, de particular, haz lo mismo. Pues tu deber es desempeñar bien el papel que te ha sido dado; pero elegir el papel corresponde a otro.

XVIII.

Cuando un cuervo grazne de manera infausta, no dejes que la apariencia te arrastre; distingue de inmediato en tu mente y di: nada de esto se refiere a mí, sino tal vez a mi pobre cuerpo, a mi pequeña propiedad, a mi reputación, a mis hijos o a mi esposa; pero para mí, todas las señales son favorables si así lo decido. Pues, sea lo que sea que ocurra de estas cosas, está en mi poder sacar provecho de ello.

XIX.

Puedes ser invencible si no entras en ninguna contienda en la que no esté en tu poder vencer. Así que ten cuidado, cuando veas a un hombre honrado por encima de los demás, o poseedor de gran poder, o muy estimado por cualquier razón, de no suponer que es feliz, y no te dejes llevar por las apariencias. Porque si la naturaleza del bien está en nuestro poder, ni la envidia ni los celos tendrán lugar en nosotros. Pero tú mismo no desearás ser general, ni senador (prítanis), ni cónsul, sino un hombre libre; y solo hay una manera de lograrlo: despreciar (no preocuparse por) las cosas que no están en nuestro poder.