Exposiciones de las Sagradas Escrituras: Segunda de Corintios, Gálatas y Filipenses; capítulos I al final. Colosenses, Tesalonicenses y Primera de Timoteo · Alexander Maclaren

II. Los colonos esperando al Rey.

Capítulo 116 de 228 · 2 min de lectura

Los emperadores a veces realizaban giras por las provincias. Pablo aquí piensa en los cristianos como quienes esperan que su Emperador cruce los mares hasta este remoto rincón de Sus dominios. Aquí se menciona el nombre completo y todos los títulos reales para expresar solemnidad y dignidad, y el carácter en el que lo esperamos es el de Salvador. Aún necesitamos salvación, y aunque en cierto sentido ya la hemos recibido, en otro no será plenamente nuestra hasta que Él venga por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación. El apóstol describe maravillosamente la expectación ansiosa que debe caracterizar a los ciudadanos que esperan, mediante una expresión que literalmente significa mirar hacia afuera—con énfasis en ambas preposiciones—como un centinela en las murallas de una ciudad sitiada cuyos ojos están siempre fijos en el paso entre las colinas por donde han de llegar las fuerzas de socorro.

Se podría decir que aquí Pablo expresa una expectativa que fue defraudada. Sin duda, la Iglesia primitiva esperaba el pronto regreso de nuestro Señor y se equivocaron. Se nos dice claramente que en ese aspecto no hubo revelación del futuro, y no cabe duda de que ellos, como los profetas de antaño, 'indagaban qué tiempo y qué circunstancias indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos'. En esta misma carta, Pablo habla de la muerte como una posibilidad muy real para él, de modo que tenía exactamente la misma doble actitud que ha tenido la Iglesia desde entonces: por un lado, esperaba la venida de Cristo como algo posible en su propio tiempo, y por otro, anticipaba la alternativa. Sin duda, es difícil mantener una anticipación vívida de cualquier acontecimiento futuro sin tener certeza de su fecha. Pero si estamos seguros de que un determinado evento ocurrirá en algún momento y no sabemos cuándo, ciertamente el hombre sabio es aquel que piensa que puede suceder en cualquier momento, y no el que actúa como si nunca fuera a suceder. Las dos alternativas posibles que Pablo tenía ante sí comparten la misma certeza respecto al hecho y la misma incertidumbre respecto a la fecha, y Pablo las tenía ambas presentes en su mente con igual anticipación vívida.

El efecto práctico de esta esperanza en el regreso del Señor sobre nuestro 'andar' será acercarlo cada vez más al de Pablo. No nos permitirá hacer de los sentidos nuestro dios, ni fijar nuestras afecciones en las cosas de arriba; estimulará todas nuestras energías en la carrera hacia la meta, y apartará nuestra mirada de las trivialidades y cosas pasajeras que nos rodean, hacia la distancia donde 'a lo lejos brillaba Su venida'.