Exposiciones de las Sagradas Escrituras: Segunda de Corintios, Gálatas y Filipenses; capítulos I al final. Colosenses, Tesalonicenses y Primera de Timoteo · Alexander Maclaren
III. Qué es y qué hace la esperanza del Evangelio.
Capítulo 149 de 228 · 4 min de lectura
No podemos hacer nada mejor que aferrarnos a algunas de las descripciones que el Nuevo Testamento hace de ella. Recordamos primero esa gran designación: 'Una buena esperanza por gracia'. Esta esperanza no es una ilusión; no proviene de los vapores de la fantasía ni del juego de la imaginación. El deseo no es el padre del pensamiento. No hacemos ladrillos sin paja ni trenzamos cuerdas de arena en la orilla del gran mar desolado que espera devorarnos. La copa de Tántalo ha dejado de tener fugas; el cedazo lleva el tesoro sin derramarlo. La roca puede rodarse hasta la cima de la colina. Todas las decepciones, falacias y tormentos de la esperanza desaparecen. Nunca avergüenza. Tenemos una certeza sólida, tan sólida como la memoria. La esperanza que es por gracia es la plena certidumbre de la esperanza, y esa plena certidumbre es precisamente lo que toda otra esperanza carece. En esa región, y solo en esa región, podemos decir tanto espero como sé.
Otra designación es 'Una esperanza viva'. No es un pobre y pálido fantasma que se ilumina y desvanece, se desvanece y se ilumina, a través del cual pueden verse brillar las estrellas, y que tiene poco poder en la vida práctica, sino que es fuerte y vigorosa y no es en lo más mínimo menos activa entre las muchas fuerzas que conforman el conjunto de nuestras vidas.
Se la designa de manera muy significativa como 'La esperanza bienaventurada'. Todas las demás pronto se convierten en tristezas. Solo esta da alegrías duraderas, pues solo esta es bienaventurada mientras es solo anticipación, y aún más bienaventurada cuando sus flores maduran en plena realización. En todas las esperanzas terrenales hay un elemento de inquietud, pero la esperanza del Evangelio es tan remota, tan cierta y tan satisfactoria, que produce quietud, y quienes la aferran con mayor firmeza 'con paciencia la esperan'. Las esperanzas terrenales tienen poco efecto moral y a menudo debilitan las fuerzas del alma, y son claramente desfavorables para todo esfuerzo intenso. Pero 'todo aquel que tiene esta esperanza en Jesús se purifica a sí mismo, así como Él es puro', y el Apóstol, cuya aguda percepción discierne con certeza el valor formativo de los hechos fundamentales de la experiencia cristiana, no se equivocaba al invitarnos a encontrar en la esperanza del Evangelio, profundamente arraigada en nosotros, la fuerza impulsora de los más intensos esfuerzos por alcanzar la pureza como Aquél a quien es nuestro más profundo deseo y humilde esperanza parecernos.
Recordemos la doble explicación que la Escritura da de la disciplina por la cual la esperanza del Evangelio se convierte en verdaderamente nuestra. Por un lado, tenemos 'gozo y paz en el creer, para que abundemos en esperanza'. Nuestra fe engendra esperanza porque asume los hechos divinos acerca de Jesús de los cuales brota la esperanza. Y la fe además engendra esperanza porque enciende el gozo y la paz, que son los anticipos y las garantías de la futura bienaventuranza. Por otro lado, las experiencias opuestas trabajan hacia el mismo fin, porque 'la tribulación produce paciencia, y la paciencia prueba, y la prueba esperanza'. El dolor soportado correctamente prueba para nosotros el poder del Evangelio y la realidad de nuestra fe, y así nos da un asidero más firme de la esperanza y de Aquel de quien, en última instancia, todo depende. De esta colisión entre pedernal y acero surge la chispa. El agua batida en espuma y atormentada en la catarata tiene el hermoso arco tendido sobre ella.
Pero esta disciplina no logrará su resultado, por eso viene la exhortación para todos nosotros: 'Ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad hasta el fin'. La esperanza del Evangelio es lo único que necesitamos. Sin ella, todo lo demás es inútil y frágil. Solo Dios es digno de que todo el peso y la carga de la esperanza de una criatura se fijen en Él, y es una verdad eterna que quienes están 'sin Dios en el mundo' también 'no tienen esperanza'. Los santos de antaño se aferraban a una seguridad que, a menudo, debieron sentir que dejaba muchas preguntas aún por responder, y porque estaban seguros de que estaban continuamente con Él, también estaban seguros de Su guía a lo largo de la vida y de que después los recibiría en gloria. Pero para nosotros el crepúsculo se ha ampliado hasta convertirse en día, y seremos sabios si, reconociendo nuestra indefensión y abandonando todas las mentiras e ilusiones de este vano presente, huimos para refugiarnos y aferrarnos a la esperanza puesta delante de nosotros en el Evangelio.
'TODO PODER'
'Fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad con gozo.' — Colosenses 1:11 (R.V.)
Hay un maravilloso ímpetu y fervor en las oraciones de Pablo. Ninguna parte de sus cartas es tan elevada, tan apasionada, tan llena de su alma, como cuando pasa de hablar de Dios a los hombres a hablar con Dios por los hombres. Aquí lo tenemos exponiendo sus afectuosos deseos por los cristianos de Colosas en una oración de notable plenitud y alcance. En términos generales, es por su perfeccionamiento en excelencia religiosa y moral, y es muy instructivo notar la idea de lo que es un buen hombre que aquí se presenta.
La petición principal es por sabiduría y entendimiento espiritual aplicados principalmente, como debe notarse cuidadosamente, al conocimiento de la voluntad de Dios. La idea es que lo que más nos importa conocer es la Voluntad de Dios, un conocimiento no de meros puntos especulativos en los misterios de la naturaleza divina, sino de esa Voluntad que nos concierne conocer porque nuestra vida depende de cumplirla. El siguiente elemento en los deseos de Pablo, como se expone en el ideal aquí, es una conducta digna, una vida práctica, o un curso de acción que sea digno de Jesucristo y que en todo le agrade. El propósito más elevado del conocimiento es una buena vida. El fundamento más seguro para una buena vida es un conocimiento pleno y claro de la Voluntad de Dios.
Luego sigue una serie de cláusulas que parecen ampliar la idea de la conducta digna y ser coordinadas, o quizá ligeramente causales, y expresar la condición continua del alma que camina dignamente. Procuremos extraer de estas palabras algunas pistas sobre lo que es el propósito de Dios para que lleguemos a ser.



