Exposiciones de las Sagradas Escrituras: Segunda de Corintios, Gálatas y Filipenses; capítulos I al final. Colosenses, Tesalonicenses y Primera de Timoteo · Alexander Maclaren
I. La fuerza polifacética que puede ser nuestra.
Capítulo 150 de 228 · 2 min de lectura
La forma de la palabra 'fortalecidos' aquí se representaría más plenamente como 'siendo fortalecidos', y sugiere un proceso ininterrumpido de otorgamiento y recepción del poder de Dios, hecho necesario por nuestra continua debilidad humana y por el desgaste de la vida. Así como en la vida física debe haber una renovación constante porque hay un desgaste constante, y como toda acción corporal implica destrucción de tejido, de modo que vivir es un morir continuo, así ocurre en la vida mental y aún más en la vida espiritual. Así como debe haber una oxigenación perpetua de la sangre en los pulmones, debe haber una renovación ininterrumpida de la fuerza espiritual para alcanzar la vida más elevada. Esto lo demandan las condiciones de nuestra debilidad humana. No menos necesario lo hace la naturaleza de la fuerza divina impartida, que siempre se comunica a sí misma, y como el océano, no puede sino verter tanta de su plenitud como pueda ser recibida en cada ensenada y grieta de su orilla.
El Apóstol no solo enfatiza la continuidad de esta fuerza comunicada, sino su variedad multifacética, al designarla como 'todo poder'. En todo este contexto, esa palabra 'todo' parece tener un encanto especial para él. Leemos en esta oración acerca de 'toda sabiduría espiritual', de 'andar dignamente del Señor para todo agrado', de 'fruto en toda buena obra', y ahora de 'todo poder', y por último de 'toda paciencia y longanimidad'. Estos no son ejemplos de estar obsesionado con una palabra, sino que cada uno tiene su propia fuerza apropiada, y aquí se revela maravillosamente la completa integridad de la fuerza disponible para nuestra debilidad multifacética. Hay 'riquezas infinitas en un espacio estrecho'. Todo poder significa toda clase de poder, sea corporal o mental, para toda variedad de circunstancias, y, como Proteo, toma la forma de toda exigencia. La mayoría de nosotros somos fuertes solo en ciertos aspectos y débiles en otros. En toda experiencia humana hay un punto vulnerable en el talón. La imagen más gloriosa, aunque tenga cabeza de oro, termina en pies 'parte de hierro y parte de barro'.
Y si este ideal de poder multifacético contrasta con las limitaciones de la fuerza humana, ¡cuánto reprende y condena las manifestaciones tan parciales y unilaterales del poder tan limitado que nosotros, que profesamos haberlo recibido, mostramos! Tenemos acceso a una fuente que puede llenar toda nuestra naturaleza, puede florecer en todas las formas de gracia, puede hacer frente a todas nuestras exigencias y hacernos personas integrales, completos en Jesucristo, y, teniendo esto, ¿qué hacemos con ello, qué mostramos por ello? ¿No nos dice Dios: 'No están limitados en mí, sino en ustedes mismos; les ruego que se ensanchen'?
Las condiciones de nuestra parte necesarias para poseer 'todo poder' son bastante claras. La parte anterior de la oración apunta claramente a ellas. El conocimiento de la voluntad de Dios y el 'andar dignamente del Señor' son los medios por los cuales el poder, que siempre está ansioso por hacer su morada en nosotros, puede alcanzar su fin. Si mantenemos el canal libre de obstrucciones, no hay duda de que 'el río del agua de la vida que procede del trono de Dios y del Cordero' se alegrará en llenarlo hasta el borde con sus aguas relucientes. Si no nos apartamos de Él, Él nos 'fortalecerá con todo poder'. Si permanecemos cerca de Él, podemos tener la confianza serena de que el poder será nuestro, igualando nuestra necesidad y superando nuestros deseos.



