Exposiciones de las Sagradas Escrituras: Segunda de Corintios, Gálatas y Filipenses; capítulos I al final. Colosenses, Tesalonicenses y Primera de Timoteo · Alexander Maclaren
I. El origen de todo, o cómo comienza el progreso cristiano.
Capítulo 158 de 228 · 1 min de lectura
Estas tres figuras —recibir, estar arraigados, estar fundados— expresan mucho más que simplemente aceptar ciertas verdades acerca de Él. La aceptación de verdades es el medio por el cual llegamos a algo que es más que cualquier creencia en verdades. Poseemos a Cristo cuando creemos en Él con una fe verdadera. Estamos arraigados en Él. Su vida fluye en nosotros. Extraemos alimento de ese suelo. Estamos edificados sobre Él, y en nuestra unión compacta hallamos un verdadero sostén para una vida que, de otro modo, carece de base y es arrastrada como vilano por cualquier soplo. La unión que todas estas metáforas presuponen es una conexión vital; la posesión que es el primer paso en la vida cristiana es una posesión real.
No hay progreso sin ese paso inicial. Nuestra propia experiencia nos lo dice de manera demasiado clara y contundente: necesitamos la impartición de una vida nueva y ser puestos sobre un nuevo fundamento, si es que alguna vez vamos a ser algo más que fracasos y manchas.
Ciertamente habrá progreso si se ha dado el paso inicial. Si Cristo ha sido recibido, la vida poseída ciertamente se manifestará. Avanzará hacia la perfección. La unión realizada obrará en todo el carácter y la naturaleza. Es el comienzo de todo; pero es solo el comienzo.



