Exposiciones de las Sagradas Escrituras: Segunda de Corintios, Gálatas y Filipenses; capítulos I al final. Colosenses, Tesalonicenses y Primera de Timoteo · Alexander Maclaren
I. Los versículos 1-4 presentan la maravillosa pero muy real unión de la
Capítulo 161 de 228 · 2 min de lectura
El creyente con Cristo resucitado. Hemos dicho que la resurrección del Señor es considerada como un símbolo, pero esa es una representación incompleta de la verdad que aquí se enseña, pues Pablo creía que el cristiano está tan unido a Jesús que ha resucitado con Él, no solo en símbolo, sino en verdad. Observa el énfasis y la profundidad de las expresiones que presentan la unidad del creyente con su Señor: 'Fuisteis resucitados juntamente con Cristo'; 'habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo.' Y estas maravillosas afirmaciones no agotan la realidad del hecho, porque Pablo va aún más allá, y no vacila en decir que Cristo 'es nuestra vida.'
La base de estas grandes declaraciones se encuentra en el hecho de que la fe nos une en una unión real e íntima con Jesucristo, de modo que en Su muerte morimos al pecado y al mundo, y que, aun mientras vivimos la vida corporal de los hombres aquí, tenemos en nosotros otra vida, derivada de Jesús. A menos que nuestro cristianismo haya comprendido esa gran verdad, no ha alcanzado la altura de la enseñanza del Nuevo Testamento ni del privilegio cristiano. No podemos exagerar la importancia de 'Cristo nuestro sacrificio', pero algunos de nosotros damos muy poca importancia a 'Cristo nuestra vida', y por ello dejamos de entender en toda su plenitud esa otra verdad en la que se enfocan tan exclusivamente. La unión con Cristo en la posesión de Su vida en nosotros, y el consecuente arraigo de nuestras vidas en Él, es una verdad que gran parte del cristianismo evangélico de hoy necesita ver con mayor claridad.
La vida está 'escondida', por estar unida a Jesús, y en consecuencia retirada del mundo, que ni la comprende ni la sostiene. El cristiano está obligado a manifestar al máximo de su capacidad cuál es el motivo y el propósito de su vida; pero la vida devota es, como la vida divina, un misterio, no revelado aun después de toda revelación.
La conclusión práctica de esta bendita unión con Jesús es que, como cristianos, estamos obligados a ser fieles en nuestra conducta a los hechos de nuestra vida espiritual, y a apartarnos del mundo, que ya no es nuestro hogar, y a poner nuestra mente (no solo nuestros 'afectos') en las cosas de arriba. Sin duda, Cristo, 'sentado a la diestra de Dios', será como un imán que atraiga nuestro ser consciente hacia Él. Sin duda, la unión con Él en Su muerte nos llevará a morir al mundo que nos es ajeno, y a vivir en aspiración, pensamiento, deseo, amor y obediencia con Él en Su morada serena, desde donde gobierna y bendice a las almas a quienes, por su fe, ha hecho vivir la nueva vida del cielo en la tierra.



