Exposiciones de las Sagradas Escrituras: Segunda de Corintios, Gálatas y Filipenses; capítulos I al final. Colosenses, Tesalonicenses y Primera de Timoteo · Alexander Maclaren

I. El deber de la retrospección.

Capítulo 33 de 228 · 2 min de lectura

Por casi cualquier motivo, es bueno para nosotros ser liberados de nuestra habitual absorción en el presente. Todo lo que contrarreste el abrumador peso del presente es, hasta cierto punto, una bendición y un bien, y todo lo que suavice el corazón y mantenga viva, aunque sea tenuemente, la memoria de la frescura temprana y de las elevadas aspiraciones que, aunque fuera por un breve tiempo, elevaron nuestro ser pasado, es una ganancia en medio de la polvorienta rutina de hoy. Vemos las cosas mejor y con mayor claridad cuando nos alejamos un poco de ellas, así como un rostro se distingue mejor a la distancia de un brazo que cuando lo tenemos demasiado cerca.

Pero nuestros recuerdos suelen ser casi tan triviales y degradantes como nuestra absorción en el presente, y para evitar que la memoria se convierta en ministra de la frivolidad, si no del pecado, es necesario que cada uno de nosotros se formule con urgencia una pregunta como la de nuestro texto. La memoria debe estar en la más estrecha unión con la conciencia, como todas nuestras facultades, o de poco sirve. Existe un mero lujo sentimental de la memoria que halla un placer melancólico en simplemente escapar del duro presente hacia la luz suave, no exenta de ilusión, de los 'días que ya no son'. Limitarse a revivir nuestras penas y alegrías sin discernir claramente qué efecto han tenido en nuestro carácter moral no es el tipo de retrospectiva que corresponde al ser humano, aunque pudiera convenirle a un animal. Debemos mirar atrás como quien escapa del océano hacia un frágil banco de arena que se desmorona bajo sus propios pies. Recordar el pasado principalmente por cómo afectó nuestra alegría o nuestro dolor es tan indigno como considerar el presente desde ese mismo punto de vista, y priva a ambos de su mayor valor. Recordar solo es bendito y productivo en nosotros cuando la pregunta de nuestro texto exige ser afrontada, y el objetivo de la retrospectiva no es intentar reavivar las frías brasas de emociones pasadas, sino averiguar qué efecto han tenido nuestras experiencias pasadas en nuestro carácter presente. No debemos volver atrás para recoger algunas flores que aún persisten, sino buscar el fruto que ha seguido a las flores caídas.