Fausto · Johann Wolfgang von Goethe
Part 11
Capítulo 11 de 14 · 14 min de lectura
EL ESPÍRITU MALO
¡Cuán otra, Margarita desdichada, en venturosos días, inocente, serena, inmaculada, al sacro altar venías!
En ese libro, profanado luego, orabas balbuciente, compartiendo entre Dios y el pueril juego tu espíritu inocente.
Hoy, ¡mísera de ti!, ¿qué sangre esmalta tu puerta enrojecida? ¿Rezas, di, por tu madre, que tu falta purga en la eterna vida?
En las entrañas, con latir extraño, ¿no sientes —¡infelice!— algo que, por tu mal y por su daño, su aparición predice?
MARGARITA
¡Oh cielos! ¡Si apartar de mí pudiera mis propios pensamientos, que todos contra mí, con saña fiera, revuélvense violentos!
CORO
Dies iræ, dies illa, solvet sæclum in favilla.
(Órgano.)
EL ESPÍRITU MALO
¡Llenan tu corazón sombras y horrores! Ya suena, ya retumba la trompeta fatal, y a sus clamores se estremeció la tumba.
Sobre frías cenizas apagadas dormía tu alma yerta; hoy, entre abrasadoras llamaradas, de súbito despierta.
MARGARITA
¡Quisiera huir!... Me angustian los lamentos del órgano sonoro; mi corazón desgarran los acentos de ese fúnebre coro.
CORO
Judex ergo cum sedebit, quidquid latet apparebit, nil inultum remanebit.
MARGARITA
¡Oh cielos! ¡Sobre mí vienen los muros del templo, y juntamente bajan los arcos lóbregos y oscuros! ¡Qué opresión!... ¡Aire! ¡Ambiente!
EL ESPÍRITU MALO
¿Dónde te escondes? ¿Dónde te sepultas? Allá donde tú fueres la deshonra verán, que en vano ocultas; ¡y aún luz, y aún aire quieres!...
CORO
Quid sum miser tunc dicturus? quem patronus rogaturus? cum vix justus sit securus.
EL ESPÍRITU MALO
¡Pobre de ti! Los bienaventurados con severos enojos apartan de tu rostro, avergonzados, sus ofendidos ojos.
Niégante ya los corazones puros piedad en tu ruina: ¡Ay de ti!
CORO
Quid sum miser tunc dicturus?
MARGARITA
¡El frasquito, vecina!
(Cae desmayada.)
[Ilustración]
[Ilustración]
NOCHE DE SANTA VALPURGIS
Montañas del Harz. Alrededores de Schierke y de Elend.
FAUSTO, MEFISTÓFELES
MEFISTÓFELES
¿No echas de menos el palo de alguna escoba embrujada? Aún es larga la jornada, doctor, y el camino malo. Yo prefiero un buen cabrón, que el firme espaldar me dé.
FAUSTO
Yo, mientras me tenga en pie, no más quiero este bastón. ¿Por qué abreviar el camino? En las retorcidas calles de estos bosques y estos valles vagar sin rumbo ni tino; escalar las rocas duras, donde escondida la fuente derrama constantemente sus linfas claras y puras, es el hechizo gentil de estos senderos cansados. ¿No ves por selvas y prados correr la savia de abril? Si hasta el pino en las montañas siente el fuego bienhechor, ¿cómo tan dulce calor no late en nuestras entrañas?
MEFISTÓFELES
No ardió jamás en las mías. Tengo en el alma el invierno: hollar hielo sempiterno quisiera y escarchas frías. ¡Cuán menguado el turbio disco, tarda luna, elevas hoy! A tu luz escasa voy tropezando en cada risco. Mejor esos fatuos fuegos nuestro paso alumbrarán. Míralos: volando van en extravagantes juegos. Acudid, y vuestra lumbre no inútilmente se encienda: iluminad nuestra senda hasta llegar a la cumbre.
EL FUEGO FATUO
Haré por servirte bien, mi natural contrariando, pues mi ley es ir vagando en caprichoso vaivén.
MEFISTÓFELES
¿Parodiar al hombre quieres? Recto ve, cual un venablo, o te juro, a fe de Diablo, que soplo, y al punto mueres.
EL FUEGO FATUO
Reconozco tu poder y a tu voluntad me inclino: alumbraré tu camino; mas cuidado con caer. Está la noche sombría, lleno de hechizos el monte, y en el incierto horizonte una exhalación te guía.
FAUSTO, MEFISTÓFELES y EL FUEGO FATUO cantando alternativamente
De mágicos sueños, de encantos brillantes se abrió a nuestros pasos la vasta mansión; alumbren la marcha tus rayos cambiantes, y así cruzaremos la negra extensión.
El árbol al árbol se enlaza, y las rocas temblando al impulso de interno latir, entreabren sus grutas, fantásticas bocas, do escucho, allá dentro, roncar y gruñir.
Derrama entre musgos la fuente serena sus limpios raudales con blando rumor: ¿Cuál es el murmurio que lánguido suena? ¿Son himnos y cantos, o quejas de amor?
Son hondos suspiros de vaga esperanza, son dulces sollozos de inquieto placer, son ecos confusos que, allá en lontananza, las dichas repiten de un plácido ayer.
Un grito ha sonado, doliente y acerbo: ¿Quién, dentro del bosque, velando aún está? La triste lechuza y el búho y el cuervo, que insomnes acechan la presa quizá.
Manojos fingiendo de horribles culebras, la selva, que al huésped le niega merced, mil brazos nudosos alarga en las quiebras, cual pólipo enorme, que tiende su red.
Millares de ratas, de todos colores, formadas en largos ejércitos van; luciérnagas pasan, que vagos fulgores, en gruesos enjambres volando, les dan.
¿Paramos la marcha? ¿Seguimos el viaje? Parece que vueltas dé todo alredor; cada árbol y roca nos hace un visaje, y aumentan los fuegos de brillo traidor.
[Ilustración]
MEFISTÓFELES
Agárrate bien de mí; subamos aquella cuesta, y la prodigiosa fiesta miraremos desde allí. Sus luminarias Mammón enciende ya en la montaña.
FAUSTO
Aurora triste y extraña brilla en la negra extensión, rasgando la oscuridad que envolvió tétrica al mundo, y hasta el abismo profundo penetra su claridad. Negro vapor, a lo lejos, surge allá, y al cielo sube; más allá, lóbrega nube lanza cárdenos reflejos; y ya el vivo resplandor en leves franjas se extiende, ya se remonta y desciende, como vivaz surtidor; ya en mil arroyos partido corre en curso desigual; ya acumula su raudal, por las rocas detenido; ya lluvia fingen sus lumbres de chispas de oro brillantes; ya en las montañas distantes inflaman todas las cumbres.
MEFISTÓFELES
¡Bien su palacio Mammón para la fiesta decora! Hemos llegado a buena hora: brava será la función. Ya vienen con fiero empuje más airados elementos.
FAUSTO
Mi nuca azotan los vientos: ¡Cómo la tormenta ruge!
MEFISTÓFELES
Abrázate, sin tardar, al peñón cuanto pudieres, si al negro fondo no quieres del precipicio rodar. Cubre la noche otro velo; dan ásperos estallidos los troncos estremecidos, y huye espantado el mochuelo. Tiembla el alcázar frondoso de los bosques seculares; colúmpianse sus pilares con crujido lastimoso; gimen con rudo vaivén las ramas, y sacudidas bajo tierra, las hundidas raíces crujen también; y tronchándose, a los broncos bramidos del huracán, en montón cayendo van hojas y ramas y troncos. ¿Oyes selvático son que cerca y lejos retumba? Es que en los aires ya zumba la satánica canción.
BRUJAS EN CORO
La paja está seca y aún verde está el grano; al Brocken volando las brujas irán: allí el aquelarre congrégase ufano, y en medio de todos asiéntase Urián. Al pie se revuelven, en grupo lascivo, el chivo y la bruja, la bruja y el chivo; y chivos y brujas, Dios sabe qué harán.
UNA VOZ
La vieja Baubo se acerca cabalgando en una puerca.
CORO
¡Viva nuestra soberana! ¡A Baubo gloria y honor! Sobre la mejor marrana vaya la bruja mayor, y sigamos las demás todas formadas detrás.
UNA VOZ
¿De dónde vienes a la carrera?
OTRA VOZ
De Inselstein vengo, ¡nunca allí fuera! Vi de un mochuelo la madriguera; cogerlo quise, ¡pobre de mí!
LA PRIMERA VOZ
¿Y por qué corres de esa manera?
LA OTRA VOZ
Porque las uñas sacó la fiera, y ensangrentada toda salí.
CORO DE BRUJAS
Rascan las escobas, hurgan las horquillas: horda turbulenta, ¡cuál corres y chillas! ¡Largo es el camino: anda que andarás! El niño se ahoga, la madre revienta: ¡cuál corres y chillas, horda turbulenta! Anda que andarás, que despacio vas.
BRUJOS. MEDIO CORO
Marchamos con la pausa del caracol rastrero, dejándonos en zaga la tropa mujeril; pues siempre, si es el Diablo quien le trazó el sendero, nos lleva de ventaja mil pasos y otros mil.
EL OTRO MEDIO CORO DE BRUJOS
Detrás de ellas seguimos, en escuadrón reacio; pero le vale poco su rápido correr; con un brinco que demos, ganamos el espacio que avanzó con su trote menudo la mujer.
VOZ DE ARRIBA
¡Oh desdichadas criaturas, en el pedregal errantes! ¡Venid a mí! ¡Venid a mí!
VOCES DE ABAJO
Las espléndidas alturas contemplamos anhelantes: ¿quién volar pudiese a ti? Limpios y purificados yacemos encarcelados e infructíferos aquí.
AMBOS COROS
Los vientos se adormecen, ocúltanse los astros, la opaca luna vela su nebulosa faz; los brujos y las brujas vuelan, dejando rastros de resplandor fugaz.
VOZ DE ABAJO
¡Teneos! ¡Teneos!
VOZ DE ARRIBA
¿Quién grita? ¿Quién llama? ¿Quién es el que, bajo de tierra, así clama?
VOZ DE ABAJO
Quien siempre a los suyos unirse anheló; quien lleva tres siglos —¡suplicio tremendo!— subiendo y trepando, trepando y subiendo, y nunca cercana la cúspide vio.
AMBOS COROS
Vuela el macho cabrío, vuela la loba, vuela el asno tardío, vuela la escoba: ¡vuela, pelele! No volará ya nunca quien hoy no vuele.
UNA SEMIBRUJA, abajo
Ligera camino con paso afanoso, y aún lejos de todos, muy lejos estoy. En casa no tengo solaz ni reposo, y aquí, a retaguardia, exánime voy.
CORO DE BRUJAS
Cuando la Bruja se unta —¡bendito pringue!,— pronto el poder despunta que la distingue. ¡Boga el buque velero! ¡Va a todo trapo! Bajel es un caldero; vela un harapo. ¡Vuela, pelele! No volará ya nunca quien hoy no vuele.
AMBOS COROS
Y cuando al fin lleguemos a la lejana cumbre, tendamos en el yermo la mágica legión, y cubrirá siniestra la oscura muchedumbre del anchuroso campo la lóbrega extensión.
MEFISTÓFELES
¡Qué tropel! Vocean, chillan, andan, corren, brincan, trotan, se atropellan, se alborotan, chocan, crujen, arden, brillan. ¡Un verdadero aquelarre! Ven, que el escuadrón sombrío te arrastrará, como al mío tu brazo fiel no se agarre. Mas ¿dónde estás?
FAUSTO, a lo lejos
¡Aquí estoy!
MEFISTÓFELES
¿Perdido, y a largo trecho?... Tendré que usar mi derecho como dueño que aquí soy. Por allí Voland asoma. ¡Oh canalla interesante!, ábreme paso al instante. Ven, Doctor, mi brazo toma. Rompe, y con ligera planta buscaremos otra vía: tan incivil compañía ni el mismo Diablo la aguanta. Allá, en la espesura —¿ves?— brillan pálidos destellos; no sé qué me impulsa hacia ellos: hacia ellos vayamos, pues.
FAUSTO
Voy, Espíritu de extraña contradicción, tras de ti; todo lo has dispuesto aquí con singular tino y maña. En esta noche de horrores cuyos portentos admiro, la soledad y el retiro nos parecerán mejores.
MEFISTÓFELES
¿Luces de vario fulgor no ves arder allí enfrente? Comparsa es de alegre gente donde reina el buen humor. Entre pequeños estar no es estar solo.
FAUSTO
Quisiera subir más. Gigante hoguera miro a lo lejos llamear. Allí, entre el humo y la lumbre, triunfa soberbio Luzbel, y ansiosa corre hacia él numerosa muchedumbre. ¡Cuántos, a sus resplandores, viera enigmas descubiertos!
MEFISTÓFELES
Y a sus reflejos inciertos nacieran otros mayores. Mientras que rimbomba allí el gran mundo, en este asilo goza el sosiego tranquilo que reservé para ti; pues es deleite halagüeño —y en la experiencia me fundo— buscar dentro del gran mundo otro mundo más pequeño. Mira, ¡qué hechiceras! Van desnudas. ¡Y son muy bellas! ¡Cuán tapadas van aquellas! Viejas o feas serán. Amable procura ser, y cortés y lisonjero: eso no cuesta dinero, y produce gran placer. Una música sonó: ¡qué espantosa cencerrada! Pasemos: te daré entrada tan luego como entre yo. Mira, ¡cuán vasto lugar! Sus límites no se ven; cien antorchas y otras cien lanzan fulgor singular; y una inmensa multitud que vivaz júbilo inflama, danza y ríe, come y ama: ¿quieres mayor beatitud?
FAUSTO
Y —la pregunta perdona— en mundo tan lisonjero, ¿entras cual simple Hechicero, o como el Diablo en persona?
MEFISTÓFELES
Tengo al incógnito amor; pero, en tales ocasiones, rango y condecoraciones ostentar es de rigor. Aunque noble siempre fui, no tengo la Jarretiera; mas se aprecia y considera la Pata de Cabra aquí. Viene, mirando alredor, una babosa, y advierto que algo extraño ha descubierto en mí su ojo palpador. Es el disfraz o el capuz precaución para mí ociosa. Ven, y como mariposa volarás de luz en luz. En todo servirte quiero; y al presentarte a la gente, tú serás el pretendiente, yo seré el casamentero.
(A algunos que están sentados junto a un brasero medio apagado.)
¿Qué hacéis en ese rincón, señores de cierta edad? Venid y participad de la común diversión. Buscad el fuego que abrasa a la juventud brillante: ya tendréis tiempo bastante para aburriros en casa.
UN GENERAL
Nada de la gratitud de las naciones esperes; siempre van, cual las mujeres, detrás de la juventud.
UN MINISTRO
Torcidos los tiempos van. Por los de antaño estoy yo, cuando hubimos honra y pro. ¡Qué tiempos! ¡No volverán!
UN ADVENEDIZO
Fuimos gente de valer, y grandes cosas logramos; todo cuanto edificamos lo vemos ahora caer.
UN AUTOR
¿Quién encontrará sustancia a lo que se escribe hoy día? ¡Qué juventud tan vacía! ¡Qué orgullo y qué petulancia!
MEFISTÓFELES, que aparece repentinamente muy viejo
Hoy, que en esta bacanal por la postrera vez entro, al género humano encuentro digno del Juicio Final. Cuando sale turbio y ruin de mi vieja bota el vino, es que próximo y vecino está ya el mundo a su fin.
LA BRUJA PRENDERA
¡Oh, no paséis de ese modo, caballeros, por mi tienda! Venid: ¿qué queréis que os venda? Reparad: aquí hay de todo. De tanto objeto diverso, no hallaréis uno siquiera que alguna vez no sirviera para mal del universo. No habéis de encontrar puñal que en sangre no esté manchado; ni copa que derramado no haya tósigo mortal; ni joya que perdición de una mujer no haya sido; ni espada que no haya herido al enemigo a traición.
MEFISTÓFELES
¡Oh, mi señora parienta! Guardad vuestra mercancía, ya que los gustos del día no queréis tomar en cuenta. Lo que pasó, pasó ya; y no gusta ni acomoda. Venga algo nuevo: de moda la novedad hoy está.
FAUSTO
¿Feria es aquesta, o tal vez deliro?
MEFISTÓFELES
La tromba asciende, y aquel que impulsar pretende es impulsado a la vez. Mira.
FAUSTO
¡Qué mujer tan bella! ¿Quién es?
MEFISTÓFELES
Es Lilith, la hermosa.
FAUSTO
¿Lilith?
MEFISTÓFELES
La primera esposa de Adán. ¡Guárdate bien de ella! Guárdate de sus cabellos que su adorno y gloria son: si prenden un corazón, para siempre queda entre ellos.
FAUSTO
Allí hay otras dos sentadas; un pimpollo y una vieja. ¡Cómo bailó esa pareja! ¡Están bien zarandeadas!
MEFISTÓFELES
Es imposible parar en aquesta danza loca: la música otra vez toca: saquémoslas a bailar.
FAUSTO, bailando con la joven
Dulce ensueño tuve un día; frondoso manzano vi. ¡Qué dos manzanas tenía! Por las manzanas subí.
LA HERMOSA
Gusta el hombre de manzanas: ya las probó en el Edén: hermosas las tengo y sanas en mi huerto yo también.
MEFISTÓFELES, con la vieja
Raro ensueño tuve un día; un árbol rajado vi. Allí dentro...
LA VIEJA
Al de la Pata de Cabra saludo y beso los pies: Si queréis...
EL PROKTOFANTASMISTA
¿Qué hacéis, gente descortés? Probado está y bien probado que jamás ha caminado un Espíritu en dos pies; y tras de tanto explicar el porqué, el cómo y el cuándo, aquí os encuentro bailando como un danzarín vulgar.
LA HERMOSA, siguiendo el baile
¿Qué es lo que tiene que ver con nuestro baile ese viejo?
FAUSTO
Sin que le pidan consejo en todo se ha de meter. Cuando el mundo alborozado baila, él comenta y critica; y si un paso no lo explica, lo tiene por no bailado. Aún es mayor su despecho porque vamos adelante: ¿queréis verlo en un instante desarmado y satisfecho? Demos vueltas en su noria, y al pasar, humildemente, doblemos ante él la frente, admirados de su gloria.
EL PROKTOFANTASMISTA
¿Aún aquí, rebelde grey, estás? ¡Mi cólera estalla! ¡Vete! ¡La infernal canalla no tiene freno ni ley! Voy a seguir sus piruetas, y aunque sea empresa dura, he de meter en cintura a demonios y poetas.
Hemos suprimido aquí unos pocos versos del original, porque se refieren a alusiones oscuras o juegos de palabras intraducibles en castellano. — (N. del T.)
MEFISTÓFELES
¿Por qué dejas con enojo la dama, que aún te provoca a la danza?
FAUSTO
De la boca le ha salido un ratón rojo.
MEFISTÓFELES
Eso es un grano de anís. ¿Quién, en ocasión tan grata, reparará en una rata, no siendo la rata gris?
FAUSTO
Y a más...
MEFISTÓFELES
¿Qué más?
FAUSTO
¡Ay, Mefisto! ¿Una pálida doncella, sola y triste, dulce y bella, allá, a lo lejos, no has visto? Entre la turba precita, sin mover los pies, avanza: ¡tiene cierta semejanza con la pobre Margarita!
MEFISTÓFELES
Nunca satisfecho estás. ¿Qué es aquesta aparición? Inanimada visión, sombra, espectro, nada más. Pero su presencia excusa; su pupila heló la muerte y al hombre en piedra convierte: ya sabes quién fue Medusa.
FAUSTO
Fáltale vida: ¡es verdad! Sus ojos, sin luz y abiertos, son los ojos de los muertos que no cerró la amistad. Y —¡ay, Dios!— esos miembros fríos ese insensible regazo, son los que en amante lazo juzgué para siempre míos.
MEFISTÓFELES
Ilusión mágica fue: cuando contempla a esa bella, todo enamorado en ella la mujer querida ve.
[Ilustración]
FAUSTO
¡Dulce y tristísimo afán! ¡Gratos y acerbos enojos! De sus apagados ojos vencer no puedo el imán. ¿Qué adorno en su cuello brilla? Su pálido cutis mancha roja cinta, no más ancha que el grueso de una cuchilla.
MEFISTÓFELES
Es verdad; también la veo: bajo el brazo, la infeliz, puede llevar la cerviz, pues se la cortó Perseo. Aleja ese ensueño cruel. Vamos hacia ese collado: tan alegre es como el Prado, y un teatro veo en él. ¿Se puede entrar?
SERVÍBILIS
Adelante. Hoy siete piezas promete el cartel; la que hace siete va a comenzar al instante. Cómicos son de afición; el autor aficionado, y a mí la afición me ha dado de levantar el telón. Permitidme, pues, marchar.
MEFISTÓFELES
¡En el Blocksberg os encuentro! Aquí estáis en vuestro centro y en vuestro propio lugar.
[Ilustración]
[Ilustración: SUEÑO DE LA NOCHE DE SANTA VALPURGIS O BODAS DE ORO DE OBERÓN Y TITANIA]
[Ilustración]
INTERMEDIO
Los epigramas que forman este Intermedio fueron escritos por Goethe para el Almanaque de las Musas de 1798. Schiller era quien publicaba este Almanaque, y el año anterior había incluido en él unos epigramas de este mismo género, que tituló Xenios. Los que forman esta serie no se publicaron en el Almanaque, porque Schiller no quiso provocar polémicas, y después de muchas correcciones, su autor los incluyó en el FAUSTO. El título del Intermedio está tomado del drama fantástico de Shakespeare Sueños de una noche de verano, en el cual Oberón y Titania, largo tiempo separados, celebran su nueva unión.
EL DIRECTOR DEL TEATRO
Hijos de Mieding bravos y obedientes, ¡al trabajo otra vez! ¡Llegó la hora! Viejos montes y valles florecientes formando están la escena encantadora.
Mieding era el director del teatro de Weimar.
UN HERALDO
Medio siglo —¡larguísima jornada!— ha de pasar para las bodas de oro: después de la contienda terminada, si queda el oro, es el mejor tesoro.
OBERÓN
Espíritus, venid, si no estáis lejos, y en tan grave ocasión prestadme ayuda: hoy la Real Pareja los añejos vínculos conyugales reanuda.
PUCK
Ya viene el Puck en diagonal carrera, arrastrando los pies, torciendo el paso; y una turba festiva y vocinglera va corriendo en tropel tras el payaso.
Puck es, en el drama de Shakespeare, un Espíritu del séquito de Oberón, que ejecutaba sus órdenes y le divertía con sus bufonadas: el payaso de aquella corte mitológica.
ARIEL
Ariel divino, de armonías gratas llena la Creación, que le oye ansiosa. Su voz hechiza a muchos papanatas; pero también conquista alguna hermosa.
Ariel es un Espíritu de los aires, que figura en el drama de Shakespeare La Tempestad, sometido al mago Próspero.
OBERÓN
Cónyuges, si queréis vivir dichosos, nuestra conducta os da sanos consejos: sepárense cuanto antes los esposos, y tiernamente se amarán de lejos.
TITANIA
Si el marido murmura sin aguante, si la mujer replica impertinente, corra el uno con rumbo hacia Levante y el otro hacia Poniente.
LA ORQUESTA, TUTTI
Fortissimo
Las moscas, los mosquitos y moscones con sus trompas y pífanos sonoros, las ranas, y los grillos de agrios sones, nuestros músicos son y nuestros coros.
SOLO
La zampoña, con pasos cachazudos, viene moviendo la disforme panza: escuchad los solemnes estornudos que su nariz estrepitosa lanza.
UN GENIO QUE SE ESTÁ FORMANDO
Tiene pies de escorpión, vientre de sapo; si alas sus alas son, es un problema; su autor, a ese ridículo gazapo, lo titula «Poema.»
Goethe alude probablemente a los poetastros, que ignorando que la poesía es un todo armónico, que surge del fondo del alma, escriben versos sin sustancia ni inspiración.
UNA PAREJITA
Vas brincando entre flores y perfumes con breve paso y arrogante anhelo; pero aunque mucho quieres y presumes, no te levantarás nunca del suelo.
Esta Parejita puede significar la unión de poesía floja con música desabrida: aquellas insulsas composiciones en las que tan vulgar es la nota como la letra.
UN VIAJERO CURIOSO
¿Es esto mascarada extravagante o es que la fantasía me ilusiona? ¿Oberón, el dios bello, el dios brillante, en este sitio se mostró en persona?
Alusión a Nicolai, escritor del tiempo de Goethe, que odiaba todo lo que olía, en su concepto, a superstición y fanatismo. Es el mismo que aparece en la Noche de Santa Valpurgis con el extraño nombre de Proktofantasmista.



