Fausto · Johann Wolfgang von Goethe

Part 5

Capítulo 5 de 14 · 14 min de lectura

(Lleva la copa a los labios.)

[Ilustración]

Vuelo de campanas y coros

CORO DE ÁNGELES

¡Cristo ha resucitado! ¡Júbilo al hombre y paz! ¡Al hombre aprisionado por el fatal pecado, que al corazón llagado enróscase tenaz!

FAUSTO

¿Qué lejano clamor, qué voces puras mi labio apartan de la copa impía? ¿Celebra ya, sonora, la campana tu alborada feliz, Pascua bendita? ¿Cantáis vosotros, apacibles coros, las palabras que el Ángel repetía, y que en la negra noche del sepulcro nuncian la nueva Ley y la publican?

CORO DE MUJERES

Sus miembros con hierbas y aromas ungimos; nosotras, sus siervas, sepulcro le dimos. A nuestra ternura debió la envoltura; mas ¡ay!, ¿qué será? Ya en la sepultura el Cristo no está.

CORO DE ÁNGELES

¡Cristo ha resucitado! ¡Dichoso el hombre fiel que, amante y resignado, del infortunio airado sufrió la prueba cruel!

FAUSTO

¿Por qué hasta el polvo, en que rendido yazgo, descienden las celestes armonías? A otro más blando corazón halaguen: yo comprendo el mensaje que me envían; mas falta al alma fe, y es el prodigio hijo querido de la fe sumisa. Volar no puedo a las esferas donde nuncia la Buena Nueva voz divina; pero, a ese acento encariñada el alma, a sus lejanos ecos se reanima. Hubo un tiempo en que un ósculo del cielo el domingo a mis sienes descendía; goces mil anunciaba la campana, y era santa oración mi mayor dicha. Hondo, sereno, irresistible impulso llevábame a los bosques y campiñas, y allí, entre dulces lágrimas, un mundo dentro del joven corazón nacía. La voz, que hoy suena, del sagrado bronce señaló a mi niñez sus alegrías, y las serenas fiestas de los campos que el esplendor primaveral nos brindan. Ese recuerdo de infantil ventura mi pie detiene en la fatal orilla: ¡Sonad, dulces sonad, himnos celestes! Pues el llanto brotó, volví a la vida.

CORO DE DISCÍPULOS

Glorioso alzó el vuelo, y rápido al cielo subió el Inmortal; glorioso, potente, ya reina esplendente, bebiendo en la fuente la esencia vital. Nosotros, en tanto, bañados en llanto, quedamos sin ti. Espanto siniestro nubló el gozo nuestro, pues solos, maestro, nos dejas aquí.

CORO DE ÁNGELES

¡Cristo ha resucitado! La voz triunfal retumba. Dejad el lecho helado, muertos, y abrid la tumba. Vosotros, hijos de Eva, los que decís su Nueva, los que esperáis su cielo, los que coméis su pan, cesad en vuestro duelo: aunque el Señor se eleva, presente a vuestro anhelo está y a vuestro afán.

[Ilustración]

[Ilustración]

A LAS PUERTAS DE LA CIUDAD

GENTES DE TODAS CONDICIONES SALEN A PASEO

UNOS ARTESANOS

¿Vais a tomar el camino de los cazadores?

OTROS

Sí.

LOS PRIMEROS

Pues nosotros, por aquí nos vamos hacia el molino.

OTRO CAMARADA

A mí me divierte más ver el río.

UNO DE LOS PRIMEROS

Yo no estoy por esa vista.

LOS SEGUNDOS

¿Y tú?

UN TERCERO

Voy adonde van los demás.

CUARTO ARTESANO

Ven y llega a las alturas de Burgdorf, si encontrar quieres buena cerveza, mujeres deliciosas, y aventuras.

QUINTO ARTESANO

¿No te escuecen las espaldas? Evitaré la ocasión. Sube tú, si quieres: son peligrosas esas faldas.

UNA MOZA DE SERVICIO

No, no: doy la vuelta ya a la ciudad.

OTRA

¡Tonta! ¿Ves aquellos chopos? Allí es donde esperando él está.

LA PRIMERA

Y a mí ¿qué? ¡Que espere! ¡Digo! ¡Pues me divierte el bromazo!... A ti sola te da el brazo, y baila, no más, contigo.

LA OTRA

Hoy con él encontrarás al de las rubias patillas.

UN ESTUDIANTE

¡Mira qué alegres chiquillas! ¡Vamos corriendo detrás! Para mi gusto no hay nada como estas tres cosas: buena cerveza, una pipa llena, y una moza endomingada.

UNA SEÑORITA DE LA CLASE MEDIA

¡Es una vergüenza! ¡Están locos!... Pudiendo, a fe mía, tener buena compañía, tras esas mozuelas van.

EL SEGUNDO ESTUDIANTE (al primero)

No corras, no te adelantes; ahí detrás vienen dos bellas: míralas. Es una de ellas mi vecina: ¡qué elegantes! Ven, ven: por ella estoy loco. Aunque van pasito a paso, verás cómo así, al acaso, nos alcanzan, poco a poco.

EL PRIMER ESTUDIANTE

Gozar a mis anchas quiero. ¿Ves? La caza se nos vuela: corre tú a la damisela; yo las fámulas prefiero. La muchacha que, hecha un pingo, barre el sábado mejor, es la que con más primor te acariciará el domingo.

UN CIUDADANO

El nuevo alcalde no en balde me irrita: está cada día más tieso su Señoría, más orondo, y más... ¡alcalde! ¿Qué hace digno de loar por el común? En creciente van juntos constantemente obedecer y pagar.

UN MENDIGO (cantando)

Buen caballero, bellas señoras, de ojos alegres, de rostro en flor, compadeceos de quien implora mísero y triste vuestro favor. Nunca a los buenos mi voz molesta, y el que la atiende dichoso es: hoy para todos día es de fiesta; para mí sea de rica mies.

CIUDADANO SEGUNDO

Placer no encuentro en la tierra como en las tardes de holganza comentar, llena la panza, las noticias de la guerra. Batan el cobre en Turquía el ruso y el otomano; sentado yo, copa en mano, allá en la cervecería, contemplo sin sinsabores cruzar, entre ambas riberas, embarcaciones ligeras de diferentes colores; y cuando en grato solaz la tranquila tarde pasa, vuelvo bendiciendo a casa, las delicias de la paz.

CIUDADANO TERCERO

Soy de la misma opinión: tengamos orden profundo en casa, y húndase el mundo en fatal conflagración.

UNA VIEJA

(Dirigiéndose a las señoritas que hablaron antes.)

¡Qué preciosas señoritas! ¡Qué elegancia y qué embeleso! ¡Cuántos perderán el seso por doncellas tan bonitas! Si tienen confianza en mí, les daré lo que desean.

LA JOVEN

Ven, Águeda: no nos vean con tales brujas aquí. Esa es la que me mostró a mi futuro galán la noche del buen San Juan.

LA SEGUNDA JOVEN

También el mío vi yo. Era militar, y dentro de un cristal aparecía gallardo. Desde aquel día lo busco y nunca lo encuentro.

CANCIÓN DE LOS SOLDADOS

Ciudadelas arrogantes, castillos de alta muralla, y muchachas rozagantes asalto sin compasión. Peligrosa es la batalla; pero es dulce el galardón. Con igual voz el combate, que la zambra y el festín, al pecho que altivo late nuncia el bélico clarín. ¡Lid sangrienta y dulce juego! ¡Baile y risas! ¡Sangre y fuego! La ciudadela y la hermosa se rinden a discreción. La batalla es peligrosa; pero es grato el galardón. ¡Marche, marche el batallón!

[Ilustración]

(Salen FAUSTO y WAGNER.)

FAUSTO

La cárcel de cristal frío rompió ya la primavera, y corren por la pradera manantial, arroyo y río. Los alegres horizontes la verde esperanza viste; ya torna el invierno triste a las crestas de los montes, y en su fugitiva marcha detiene el pie, y nos arroja, dando un diamante a cada hoja, los flechazos de la escarcha. Pero no consiente el sol blancas galas, y doquier colores hace nacer su luminoso arrebol. Aún no brotaron las flores; mas brillan, a falta de ellas, los mancebos y las bellas vestidos con mil primores. Contempla desde esta cumbre la oscura ciudad: abiertas, vomitan las negras puertas turbulenta muchedumbre. La Resurrección triunfal del Señor solemnizando, respira el aliento blando del aura primaveral, y con la misma emoción gozan de distintos modos; y es que al par celebran todos su propia resurrección. Del triste hogar, escondido entre abrumadores muros, de los talleres oscuros, del sótano humedecido, de la catedral sombría, de la plazuela fangosa, sale esa turba afanosa a beber la luz del día. ¡Cómo por huertos y prados trisca alegre ese gentío! ¡Cuántos lleva el ancho río, esquifes empavesados! Mira cuán cargado va aquel que lento se mece junto a la orilla, y parece que esté zozobrando ya. Hasta allá en los retorcidos senderos de las montañas brillan las tintas extrañas de los grupos esparcidos. Ya escucho la voz festiva del campesino lugar, Edén que anhela gozar la muchedumbre cautiva. ¿No ves cómo igual placer grande y chico gozan hoy? Aquí siento que hombre soy, y hombre aquí me atrevo a ser.

WAGNER

Provecho, a la vez que honor, préstame tu compañía: solo, no visitaría estas campiñas, doctor. Enemigo soy de toda rusticidad. Ni me agrada esa gente alborozada, ni su estruendo me acomoda. Cual si de infernal encanto estuvieran poseídos, dan brincos, voces y aullidos, y a eso llaman danza y canto.

[Ilustración]

CAMPESINOS BAJO LOS TILOS

Canto y baile

Las zagalas, los pastores, llenos de cintas y flores, ya descienden hacia aquí. ¡Cuántos gritos! ¡Cuánta gente! Todos bailan locamente, y la gaita dice así: Ta-la-rí, Ta-la-la-rí.

El pastor, cuando resbala, da un abrazo a la zagala que más cerca tiene allí; y la vieja, que lo ha visto, refunfuña: «¡Vive Cristo! ¡Ya te acordarás de mí!» Ta-la-rí, Ta-la-la-rí.

Rueda el coro y con donaire van las faldas por el aire: ¡Qué furor! ¡Qué frenesí! Forman armoniosos lazos los encadenados brazos que se buscan entre sí. Ta-la-rí, Ta-la-la-rí.

Dice al zagal la pastora: «Calla, lengua engañadora»; y él, llevándola tras sí, la conduce a un sitio, donde verde follaje la esconde, y la gaita sigue así: Ta-la-rí, Ta-la-la-rí.

UN LABRIEGO VIEJO

Pues que nos honráis, señor, favoreciendo benigno un espectáculo indigno de tan docto profesor, acercaos y bebed de esta jarra, sin reparo, y haga el licor fresco y claro, al apagar vuestra sed, que dichoso, alegre y nuevo, por cada gota bebida, gocéis un año de vida.

FAUSTO

¡A vuestra salud la bebo!

(El pueblo forma corro alrededor de FAUSTO.)

EL LABRIEGO

Justo es que en esta ocasión recordéis, entre alegrías, las visitas de otros días de luto y desolación. ¿Os acordáis? ¡Qué momentos! La peste devoradora amontonaba traidora los cadáveres a cientos, y aún bendicen hoy su suerte muchos que la ciencia rara de vuestro padre arrancara a las garras de la muerte. Do más su rigor fatal extremaba, vos, aún mozo, entrabais, lleno de gozo, para luchar con el mal. Nuestro salvador, señor, fuisteis; por eso en el cielo, para alentar vuestro celo, había otro Salvador.

TODOS

¡Al doctor gloria y ventura! ¡Viva luengos años! ¡Viva!

FAUSTO

¡Gloria, no más, al de arriba! Solo Él sabe; solo Él cura.

(Pasan adelante FAUSTO y WAGNER.)

WAGNER

¡Cuán dulce la gratitud debe ser, oh ilustre sabio, que así expresa el rudo labio de esa franca multitud! ¡Dichoso quien de esa suerte ve premiado su saber! Vienen a todo correr chicos y grandes por verte: el padre, allá en lontananza, te señala al tierno infante; te aproximas, y al instante cesan la música y danza; se abre el corro turbulento en dos filas apretadas; entre aplausos y palmadas, vuelan las gorras al viento; y poco falta, doctor, para que esa grey sencilla doble ante ti la rodilla, cual si pasara el Señor.

FAUSTO

Lleguemos a esas alturas; descansaremos allí. ¡Cuántas veces, ay de mí, sentado en sus rocas duras, rico de esperanza y fe, tras largas preparaciones de lágrimas y oraciones, los ojos a Dios alcé, y pensando en la orfandad de mis dolientes hermanos, juntaba ansiosas las manos, implorando su piedad! Hoy esa injusta ovación es para mí burla fiera: ¡Pobre pueblo! ¡Si él pudiera leer en mi corazón! No guardara en su memoria nuestro recuerdo tan fijo: ni fue el padre, ni es el hijo merecedor de tal gloria. Era mi padre hombre honrado que, oscurecido en el mundo, vivió estudiando el profundo misterio de lo creado. Su espíritu independiente evocaba a su manera la naturaleza entera con voz osada y creyente; y sin ver cielo ni sol, con signos extraordinarios combinaba los contrarios en el oscuro crisol. León de roja melena unía, galán salvaje, en extraño maridaje con la pálida azucena, y sin que nadie lo explique, envueltos en humo y fuego, pasaban casados luego de alambique en alambique, hasta aparecer brillante dama de porte real, en el fondo de cristal de la redoma radiante. Así tenaz preparaba su negra pócima impía: el pobre enfermo moría; el ciego vulgo callaba; y con la infernal mixtura matamos quizá más gente que el hálito pestilente de aquella epidemia impura. Yo, que a mil di aquel licor, sobreviví a la matanza, para oír esa alabanza del loco emponzoñador.

WAGNER

Desechad esa quimera, que incesante os mortifica: ¿quién culpa al que honrado aplica el arte cual lo entendiera? Quien a su padre, mancebo, honra, del pasado adquiere la ciencia, y si consiguiere dar en ella un paso nuevo, sus hijos le seguirán con dulce empeño, y acaso después de él un nuevo paso en su camino darán.

FAUSTO

¡Feliz quien logre valiente flotar sobre la profunda mar de tinieblas, que inunda nuestra aletargada mente! ¡Ley del hombre, triste y grave! Indaga, lucha, se agita, y lo que más necesita ¡siempre es lo que menos sabe! Mas tan negros pensamientos no empañen, nublando el alma, la melancólica calma de estos tranquilos momentos. Mira cómo, al resplandor del ocaso, en las colinas las cabañas campesinas resaltan entre el verdor. Sus destellos moribundos el sol tras la sierra esconde, y vuela a otros cielos, donde vida presta a nuevos mundos. ¡Ah! ¡Si con audaces alas seguir su curso pudiera, viendo en continua carrera brillar eternas sus galas! Contemplara, a la luz pura del crepúsculo, doquier los montes resplandecer, enlutarse la llanura; brillar arroyos y ríos con las reflejadas lumbres: ni las más altivas cumbres valla fueran a mis bríos. Sus vastas sirtes después, resplandeciente o sombría, clamorosa extendería la mar inmensa a mis pies, y si en su seno a morir iba el lumínico Dios, volando, volando en pos viéralo otra vez surgir. Ante mis ojos brillar el día en eterno oriente, el cielo sobre mi frente, bajo mis plantas el mar... ¡Noble y engañoso anhelo! Al cuerpo suerte enemiga alas negó, con que siga del alma el sublime vuelo; y agitándose impotente, imposible aspiración de volar a otra región el ansioso mortal siente, cuando su agudo silbido, perdida en el firmamento, lanza la alondra, o el viento cortan con vuelo atrevido el águila de los montes que sus cúspides domina, o la grulla peregrina que busca otros horizontes.

WAGNER

También tengo yo mis días de caprichosos desvelos; pero jamás esos vuelos tomaron mis fantasías. Sus alas guarde el halcón: monte y campo me empalagan; ¡cuánto más el alma halagan los goces de la razón! ¿Hay algo en el mundo como ir sin afán ni congoja devorando, hoja por hoja, un tomo tras otro tomo? Al calor de fuego interno que vivo fluye en las venas, tranquilas gozo y serenas las largas noches de invierno, y cuando mi mano extiende arrollado pergamino, siento un hálito divino y el cielo hasta mí desciende.

FAUSTO

Vas de un bien único en pos: ¡él solo turbe tu calma! Tú no más tienes un alma, y en mi pecho laten dos. Por separarse, entre sí trabaron lucha reñida: la una, que de ardiente vida siente el loco frenesí, desesperada, al placer, se aferra con vivo anhelo; la otra, rasgado ya el velo, quiere a su patria volver. Espíritus, si es verdad que en las alas del ambiente tranquila y calladamente reináis en la inmensidad, de las tenues nubes de oro que os dan callada guarida bajad, y la nueva vida dadme, que anhelante imploro. ¡Ah! Si pudiera yo asir aquel prodigioso manto que en las alas del encanto nos lleva do ansiamos ir, avaro de tal favor, no lo trocara, siquiera su púrpura me ofreciera en cambio el emperador.

WAGNER

No evoque tu labio audaz el mudo enjambre que puebla viento y nubes, bruma y niebla, para turbar nuestra paz. Como dardo agudo son la lengua y uñas de acero con que asaltan al viajero los genios del septentrión. Los que vienen del oriente exhalan abrasadores soplos, y clavan traidores en las entrañas el diente. De fuego nubes impuras amontonan los que envía el árido mediodía de las líbicas llanuras; y los que arroja el ocaso, si amortiguan ese fuego, anegan e inundan luego cuanto encuentran a su paso. Con sus ardides eternos dispuestos siempre a escucharnos, para mejor engañarnos simulan obedecernos, y con labio seductor nos arrastran al abismo, fingiéndose entonces mismo mensajeros del Señor. Mas volvamos: las tinieblas enlutan el firmamento; sopla más frío ya el viento, y al valle bajan las nieblas. Ahora a ser grato el hogar comienza. Mas ¿qué te asombra? ¿Qué miras fijo en la sombra?

[Ilustración]

FAUSTO

¿Ves allá bajo saltar negro can, que loco gira por los sembrados?

WAGNER

¿Aquel? Lo veo; mas nada en él encuentro de extraño.

FAUSTO

Mira, míralo: ¿por quién le tomas?

WAGNER

Por un perro que perdiera al amo, y a su manera lo busca por estas lomas.

FAUSTO

¿No ves que en ancha espiral va acercándose? ¿No ves que al correr dejan sus pies una encendida señal?

WAGNER

¡Ilusiones!

FAUSTO

¿No estás viendo que así, corriendo y saltando, va negra trama enlazando y en ella nos va envolviendo?

WAGNER

Yo veo que alrededor gira cautelosamente, porque encuentra extraña gente en vez de su amo y señor.

FAUSTO

¿No ves? Los círculos van estrechándose.

WAGNER

Me pasma que halles terrible fantasma en ese inocente can. Gruñe, corre vagabundo, se echa al suelo, encorva el lomo y mueve la cola, como todos los perros del mundo.

FAUSTO

¡Ven, ven, síguenos! (Al perro.) Ya viene.

WAGNER

¡Buen cachorro! Ahora verás: si marchas, sigue detrás; si te paras, se detiene. Si algo pierdes, sin reposo lo busca, hasta que lo encuentra; si el bastón le arrojas, entra al agua, y lo trae gozoso.

FAUSTO

No hay en él, tienes razón, nada sobrenatural: todo es en este animal costumbre y educación.

WAGNER

No lo tomes por agravio, pero un perro manso y fiel merece que fije en él su atención y afecto un sabio. Si a este dieres tu favor, y a tu casa le llevares, de todos tus escolares será el escolar mejor.

(Entran en la ciudad.)

[Ilustración]

GABINETE DE ESTUDIO

FAUSTO, entrando con el perro

Dejé cubiertos por oscura noche monte y campiña, y otra vez despierta con zozobra fatídica en mi pecho el alma superior. Ya la materia cede cansada; el natural instinto, los borrascosos ímpetus, con ella ceden al fin también; y el amor santo a Dios y al hombre, me domina y llena.

¿Qué tienes, can indócil? ¿Por qué das tantas vueltas? ¿Qué estás olfateando debajo de la puerta? Blando cojín te puse junto a la chimenea; asaz nos divertiste brincando por las breñas: ya, pues te di posada, goza tranquilo de ella.

Cuando la amiga lámpara disipa la lobreguez en nuestra angosta celda, hasta el fondo del alma reflexiva otro rayo de luz también penetra. La callada razón la voz recobra, la esperanza florece lisonjera, y al manantial fecundo de la vida nuestros suspiros anhelantes vuelan.

¿Por qué impaciente gruñes? ¿Por qué sin paz te quejas? Con las celestes voces que en mi interior resuenan, muy mal tus alaridos selváticos concuerdan. ¿Como los hombres haces, cuando en su mofa ciega, sin comprenderlos, ladran al Bien y a la Belleza?

¡Ah!, ya no viene a mitigar mis ansias el bien ignoto que mi pecho anhela; ¿por qué tan pronto el manantial se agota, y al pobre corazón sediento deja? ¡Cuántas veces, ¡ay!, cuántas vi burlado este imposible afán! Solo me resta volver a ti los ojos, soberana verdad, que brillas en las Santas Letras, y más pura en el Nuevo Testamento, más hermosa, a los hombres te revelas. Las misteriosas páginas me llaman, y en ellas fija mi razón, se esfuerza por traducir el texto sacrosanto con fe sencilla en nuestra patria lengua.

(Abre un libro y se pone a trabajar.)

«Era al principio la palabra», dice. ¿Dice así? Ya vacilo. ¿Quién mi senda alumbrará? No puedo a la palabra dar tal sentido. No. De otra manera lo expresaré, si el cielo me ilumina. «Era al principio la Razón.» ¡Oh, piensa, medita bien este renglón primero, y tú, pluma, no corras tan ligera! La Razón es la que lo ordena todo... Debe ser: «Al principio era la Fuerza.» Empero, al escribir esta palabra, aún dudosa detiénese la diestra. ¡Inspírame, oh Verdad! Ya veo claro, veo claro: «Al principio la Acción era.»

Contigo, can maldito, comparto mi vivienda; cesa, pues, en tus roncas y en tus ladridos cesa. Tan turbulento huésped no puedo sufrir cerca, y aquí, de entrambos, uno ha de salir afuera. Con repugnancia rompo la hospitalaria regla; ya tienes libre el paso, ya está franca la puerta. Pero ¿qué es lo que veo? ¿Verdad es o quimera? ¡Cómo se ensancha y crece! ¡Cómo se abulta y medra! ¿Traje un espectro a casa? ¡Ser, vida y forma trueca! Colosal hipopótamo, no perro, ya semeja, con el ojo encendido y las fauces sangrientas. ¡Espectro, serás mío! Para atrapar tal presa la clave salomónica es la mejor cadena.

ESPÍRITUS en el corredor

Allí dentro un compañero cayó el pobre prisionero: ¡respetad ese dintel! Como en la trampa el raposo, se revuelve tembloroso: ¡no caigáis también con él! ¡Atención! ¡Atención! Volemos, volemos con ala furtiva, a diestra y siniestra, y abajo y arriba, y así romperemos su triste prisión. Auxilio prestemos al fiel camarada, que bien nuestra ayuda la tiene ganada.