Fausto · Johann Wolfgang von Goethe

Part 6

Capítulo 6 de 14 · 14 min de lectura

FAUSTO

Para amansar, primero, y acercarme a esa fiera, del cuádruple conjuro tendré que hacer la prueba.

Salamandra, resplandece; ondina, flota en el mar; silfo, vuela y desparece; duende, ven a trabajar.

Quien de los elementos la condición no sepa, no podrá los espíritus rendir a su obediencia.

Abrásate en fuego hirviente, salamandra peregrina; en el cristal de la fuente disuélvete, blanca ondina; en la luz del sol brillante difunde, silfo, tu ser; ven, duende, siervo constante, a ayudar y obedecer.

De aquestos cuatro espíritus ninguno el monstruo encierra; permanece impasible, mofador me contempla. Pues el común conjuro no pudo hacerle mella, apelaré a otro hechizo de superior potencia.

Si del profundo abismo vienes, ¡oh camarada!, contempla el talismán al que se humilla siempre, vencida y aterrada, la hueste de Satán.

Ya más y más se abulta; ya eriza la crin negra.

Aquí tienes, ser maldito, al Increado, al Infinito, en los cielos adorado, por los hombres traspasado.

Inmóvil y agrandándose, junto a la chimenea, gigantesco elefante es ya, que al techo llega, y nubarrón parece que estalla y que revienta. No altivo te remontes; postrado a mis pies queda: bien sabes que no en vano amenazó mi diestra. Con las divinas ascuas te chamusca y te quema; no aguardes de mis armas el arma de más fuerza: el concentrado fuego de triple candescencia.

(La nube se deshace y MEFISTÓFELES aparece junto a la chimenea, en traje de estudiante viajero.)

MEFISTÓFELES

¡Algazara inoportuna! ¿Qué manda vuesa mercé?

FAUSTO

¡Solemne el bromazo fue! ¡Un escolar de la tuna! ¿En esto vino a parar el can preñado de horror?...

MEFISTÓFELES

¡Saludo al digno doctor! ¡Bien me has hecho trasudar!

FAUSTO

¿Cómo te llamas?

MEFISTÓFELES

Pequeña cuestión, perdona el agravio, para un filósofo, un sabio, que nombres vanos desdeña, y huyendo con discreción apariencias engañosas, en el fondo de las cosas fija solo su atención.

FAUSTO

En vosotros, a mi ver, el nombre, si se repara, expresión exacta y clara es de la índole del ser; y por eso, a lo que infiero, llaman a uno el Burlador, y al otro el Blasfemador, y el Mentiroso a un tercero. Dime, pues, quién eres.

MEFISTÓFELES

¿Quién? De aquella fuerza fatal que queriendo hacer el mal, logra solo hacer el bien, formo parte.

FAUSTO

¡Extraño modo de hablar!

MEFISTÓFELES

A explicarme voy: aquel Espíritu soy que duda y lo niega todo.

FAUSTO

¿Todo?

MEFISTÓFELES

Y para ello me fundo; pues si todo, a su manera, ha de morir, mejor fuera que nada hubiese en el mundo. Así, pues —óyeme atento—, lo que medroso el mortal llama el pecado o el mal, ese es mi propio elemento.

FAUSTO

Dices que eres una parte, y un todo completo ven mis ojos en ti.

MEFISTÓFELES

Está bien; mas no traté de engañarte. El hombre, insondable abismo de extravagancia y locura, es quien fatuo se figura ser un todo por sí mismo. Yo a ser parte me acomodo, parte de la parte aquella que al nacer la lumbre bella no era parte, sino todo. Hablo de la sombra opaca, madre de la luz, que impía por usurparle porfía su imperio, y audaz la ataca; pero en vano sus destellos dominarlo todo quieren, porque, si los cuerpos hieren, resbalan también sobre ellos. De cualquiera cosa, hermosa brota con vivos colores la luz; mas sus resplandores los detiene cualquier cosa; y así, juzgo natural que la luz también fenezca apenas desaparezca todo objeto corporal.

FAUSTO

Tu digna misión comprendo: en grande no puedes nada aniquilar, y te agrada ir por menor destruyendo.

MEFISTÓFELES

Y a decirte la verdad, poco adelanto, a fe mía. Lo que a la nada vacía se opone, la realidad, la materia, aunque con ella lucho, me rechaza al cabo; y por más que el diente clavo, no consigo hacerle mella. Revueltas olas del mar, desatados huracanes, terremotos y volcanes acumulo sin cesar, y después de tanto anhelo, en sus lindes prefijados, tranquilos y sosegados quedan tierra, mar y cielo. Y la maldecida y ruin semilla, que origen diera al hombre, al ave y la fiera, no tiene tampoco fin. ¡A cuántos abrí la fosa! Pero siempre, a pesar mío, brota y fluye en ancho río sangre nueva y vigorosa. ¡Todo mi desdicha fragua! Misteriosos y sutiles, guardan gérmenes a miles la tierra, el aire y el agua, y con idéntico amor los fecundan, a su vez, la humedad y la aridez, la frialdad y el calor: de modo que, a no guardar fuego y llamas para mí, con ningún recurso aquí pudiera el Diablo contar.

FAUSTO

Contra la fuerza viviente, contra la acción creadora, la helada garra traidora esgrimirás impotente. ¡Hijo del caos insensato!, busca más fácil empresa.

MEFISTÓFELES

Cuestión embrollada es esa: hablaremos otro rato. Pero asaz pesado fui; me voy si me das permiso.

FAUSTO

Otorgarlo no es preciso; y pues ya te conocí, cuando más grato te sea, vuelve. Abiertas hallarás puerta y ventana, y a más, está allí la chimenea.

MEFISTÓFELES

Confesarlo necesito...: para que salga y me ausente, hay... un leve inconveniente: ¡el pie de bruja maldito!

FAUSTO

¿El pentagrama te aterra que está en el umbral trazado? Pues ¿cómo, dime, has entrado, si el paso, al salir, te cierra? ¿Cómo incurrió en tal error espíritu tan experto?

MEFISTÓFELES

¿No ves? El signo está abierto por el ángulo exterior.

FAUSTO

¡Extraño caso! El azar más feliz no pudo ser; estás preso; a mi poder has venido sin pensar.

MEFISTÓFELES

Saltó el perro, y cual venablo, entró loco en este encierro; mas por donde ha entrado el perro no puede salir el Diablo.

FAUSTO

Aún te queda para huir la ventana.

MEFISTÓFELES

No, pues ley es de toda nuestra grey, por donde entramos salir. Hay en lo uno libertad, y en lo otro gran sujeción.

FAUSTO

¡Hasta en la negra mansión hay regla y autoridad! No está mal, pues de ese modo el que os proponga algún pacto, puede fiar en su exacto cumplimiento.

MEFISTÓFELES

¡Oh, sí, en un todo! Cumplimos cuanto ofrecemos, sin quitar coma ni punto; pero grave es este asunto: ya hablaremos, ya hablaremos. Ahora, otra vez y otra más, te ruego que el paso me abras.

FAUSTO

Tente, y en breves palabras mi horóscopo me dirás.

MEFISTÓFELES

Volveré obediente y fiel, y entonces dispón de mí.

FAUSTO

Este lazo no tendí; cúlpate, si diste en él. Dice un adagio, y se funda: «Si la cola le cogieres al Diablo, tira, y no esperes cogerla por vez segunda.»

MEFISTÓFELES

Contigo quedo, si un trato aceptas.

FAUSTO

¿Cuál?

MEFISTÓFELES

El de hacer cuanto quepa en mi poder porque pases bien el rato.

FAUSTO

Si la cosa es divertida, comienza ya.

MEFISTÓFELES

Gozarás en breves minutos más que en todo un año de vida. Los dulces coros que embriagan tu espíritu cuando sueñas; las imágenes risueñas que te circundan y halagan, no son vana creación de un artificioso encanto: vas a escuchar ese canto y admirar esa visión; e igualmente embebecidos tacto, olfato y paladar, disfrutarán a la par todos tus cinco sentidos. No hacen falta —ya lo ves— preparativos ni aprestos: estamos todos dispuestos; comenzad al punto, pues.

[Ilustración]

CORO DE ESPÍRITUS

¡Caed y apartaos, oh lóbregos muros; dejad que penetren el aire y la luz! ¡Rasgad, densas nubes, los velos oscuros! ¡Oh estrellas y soles, los rayos más puros verted en las olas del éter azul!

¡Imágenes bellas, que en grupos flotantes del cielo, do cuna tuvisteis, venís; con mantos etéreos, de gasas brillantes, la selva que nido les da a los amantes velando sus goces, piadosas cubrid!

Florecen los valles y el bosque frondoso. Ya el negro racimo cayó en el lagar, y en ondas purpúreas el jugo espumoso, corriendo entre flores sin paz ni reposo, ya es rápido río, ya es fúlgido mar.

Las greyes aladas con plácido anhelo aspiran sedientas los rayos del sol, y a la isla encantada dirigen su vuelo, a la isla dichosa que encumbra hasta el cielo la frente ceñida de eterno verdor.

Osadas escalan la cumbre distante, intrépidas surcan las olas del mar, y audaces volando, con pecho anhelante, siguiendo van todas la luz fulgurante del astro de amores que brilla triunfal.

MEFISTÓFELES

Ya duerme. Os doy gracias mil por tan magistral concierto. ¡Bien lo hechizasteis, por cierto, hijos del aire sutil! Dadle, en falaz testimonio, visión que bella le asombre; duerma y delire: ¡aún no es hombre para atreverse al Demonio! Romperé de esta prisión el sortilegio inclemente. ¿Qué me falta? Solamente un colmillo de ratón. ¿Un ratón? Asoma ya el negro hocico. Al conjuro apelaré, y es seguro que al momento acudirá.

El gran Señor de ratas y ratones, de moscas, y mosquitos y moscones, te previene que vengas obediente, y en el umbral aquel hinques el diente.

Ya viene: ¡al trabajo! ¡Así! Del signo avasallador es el ángulo exterior el que me retiene aquí. Muerde y roe a tu placer: poco falta; ya está hecho. Duerme y sueña satisfecho Fausto: adiós, ¡hasta más ver!

FAUSTO, despertando

¡Todo fue mera ilusión! ¡Todo se ha desvanecido! ¿Qué te hiciste? ¿Dónde has ido, encantadora visión? Pero, loco estoy: ¿qué hablo? Nada pasó en este encierro. ¡Nada! Se ha escapado el perro, y he visto en sueños al Diablo.

[Ilustración]

[Ilustración]

GABINETE DE ESTUDIO

FAUSTO Y MEFISTÓFELES

FAUSTO

¿Llaman? Entrad. ¿Qué importuno me busca?

MEFISTÓFELES

Yo soy quien llamo.

FAUSTO

Entrad, pues.

MEFISTÓFELES

Dilo tres veces.

FAUSTO

¡Entrad al fin, voto al Diablo!

MEFISTÓFELES

Así me gustas, y entiendo que ya entendiéndonos vamos. Por disipar tus quimeras, aquí estoy, hecho un hidalgo, con rico traje de grana, de oro fino recamado, la breve capa de seda, la suelta pluma de gallo, y el luengo, tajante acero pendiente al izquierdo flanco. Viste tú las mismas galas, sin detenerte a pensarlo, y ven a correr el mundo, libre, contento y ufano.

FAUSTO

¿Qué importa cambiar las ropas, si están dentro los cuidados? Tan mozo no soy que pueda correr tras goces livianos, ni tan viejo todavía que mi pecho esté ya exhausto. ¿Qué puede darme la vida? «Abstente, abstente; sé cauto,» es el odioso estribillo que eternamente escuchamos, y que cada hora repite con retintín más amargo. Rompe el día, y con el día viene a mis ojos el llanto, al ver que en sus largas horas ninguna ventura aguardo; al ver que el placer posible lo destruyo analizándolo, y las hermosas imágenes que mis ansias engendraron, malas artes las convierten en solemnes mamarrachos. Viene la lúgubre noche; rendido en el lecho caigo, y al buscar paz y reposo, pesadillas no más hallo. El espíritu que enciende el volcán en que me abraso, en el corazón encierra sus tempestades y estragos. Dentro, fuego; fuera, nieve: di si en tan mísero estado odio con razón la vida y pronta muerte reclamo.

MEFISTÓFELES

Huésped importuno, empero, es la muerte en todos casos.

FAUSTO

¡Feliz aquel a quien ciñe la sien de sangrientos lauros! ¡Feliz aquel a quien hiere tras ardiente danza, cuando la hermosa de sus amores abriole los dulces brazos! ¡Feliz yo, si el alma mía, en sus celestiales raptos, al ver al sublime Espíritu, se hubiera en él abismado!

MEFISTÓFELES

¿Y por qué, anoche, de cierto negro licor huyó el labio?

FAUSTO

¿Vas al acecho?

MEFISTÓFELES

No todo lo sé; pero siempre sé algo.

FAUSTO

Pues bien: si mi horrible angustia son calmó tranquilo y grato, que de mi niñez gozosa los dulces recuerdos trajo, ¡mal hayan las ilusiones que el corazón trastornando, a engañadores abismos llevan así nuestros pasos! ¡Mal hayan las fantasías que a nuestros sueños dan pábulo! ¡Mal hayan las apariencias que al sentido tienden lazos! ¡Mal hayan gloria y renombre! ¡Mal hayan pompas y aplausos, y cuanto al mundo nos liga, hogar, familia o arado! ¡Mal hayan Mammón y el oro con que pretende pagarnos, y los cojines que brinda a nuestro muelle regalo, y la vid y sus racimos, y el amor y sus halagos! ¡Mal hayan fe y esperanza, y sobre todo ese engaño, mal haya la pacientísima resignación de nuestro ánimo!

CORO DE ESPÍRITUS (invisible)

¿Qué has hecho del mundo, del mundo esplendente? Tu puño iracundo lo aplasta inclemente, triunfal semidiós. La hermosa y querida visión de la vida cayó destrozada, cayó ya en la nada; de aquella hermosura tan cándida y pura nuestra alma va en pos; y mísero llanto vertemos, al ver hoy roto el encanto tan plácido ayer. ¡Oh tú, soberano del género humano! ¡Soberbio titán! Engendra en el seno del alma profundo, más puro y sereno, más grande, otro mundo; da vida a tu afán: y en plectros sonoros espléndidos coros tus glorias dirán.

MEFISTÓFELES

Ya vino en tu ayuda mi gente menuda, que en sabios consejos te muestra a lo lejos placer y emoción. En pos de ellos vuela, huyendo estos muros, do en antros oscuros se extingue y se hiela tu audaz corazón.

No el propio dolor avives, negro buitre en ti cebado; ven, y en la pobre compaña de este miserable diablo, serás hombre, por lo menos, cual lo son tantos y tantos. Y no imagines, por ende, que te arrojo al vulgo sandio: nunca fui de los primeros; pero, si aceptas mi amparo, tuyo soy desde ese instante, y en mí encuentras en el acto compañero, y si más quieres, servidor, y hasta lacayo.

FAUSTO

¿Y a qué me obliga ese obsequio?

MEFISTÓFELES

¡Oh, calla! No apremia el pago.

FAUSTO

Diz que el diablo es egoísta, y si nos ayuda en algo, no hace jamás por el mero amor de Dios el milagro. Temibles son tus ofertas: di qué pides; habla claro. No es bueno tener en casa un servidor de tu rango.

MEFISTÓFELES

Pues bien: aquí he de servirte sin pereza y sin descanso, y tú harás por mí lo mismo cuando estemos allá abajo.

FAUSTO

Allá abajo, poco importa. Si este mundo haces pedazos, del mundo que después venga no he de hacer el menor caso. Del suelo que mis pies huellan todas mis dichas brotaron; el sol que mi frente baña correr vio todos mis llantos: si el sol cae y se hunde el suelo, ya por nada más me afano. Me es igual, si hay otra vida, que odio impere o amor santo, y que esa morada póstuma sea el Empíreo o el Tártaro.

MEFISTÓFELES

Entonces, ¿en qué reparas? Decídete: acepta el pacto, y verás, al punto mismo, adónde llego y alcanzo. Vas a gozar lo que nadie gozar pudo, ni aun soñándolo.

FAUSTO

¿Qué podrás, qué podrás darme? ¿Qué entiendes tú, pobre diablo, qué entiendes de la insaciable sed del espíritu humano? ¿Qué podrás darme? Manjares, que pronto cansan al labio; oro, que cual vivo azogue escapa de nuestras manos; lucha en que jamás vencemos, juego en que nunca ganamos; hermosuras, que al vecino sonríen en nuestros brazos; gloria, placer de los dioses, que pasa como un relámpago. Muéstrame un árbol que vista cada día nuevos ramos, y un fruto que no se pudra en él antes de tocarlo.

MEFISTÓFELES

Te daré cuanto apetezcas: el empeño no es tan arduo. Ya es hora; ven; el banquete está servido: ¡a saciarnos!

FAUSTO

Si en el lecho deleitoso logro un punto de descanso, tuyo soy. Si satisfecho de mí mismo un día me hallo, y complacido me rindo a tus deleites y engaños, sea aquel mi último instante. Dime, ¿aceptas ese trato?

MEFISTÓFELES

Aceptado: aprieta.

FAUSTO

Aprieta. Si algún día, embelesado, al momento fugitivo digo: «Ten el vuelo raudo», échame al cuello la soga, abre el abismo a mi paso, doble a muerto la campana, párese el vital horario, todo para mí concluya, y comience tu reinado.

MEFISTÓFELES

Piénsalo bien: algún día podré quizás recordártelo.

FAUSTO

Recuérdalo cuando gustes: lo que prometo, lo pago. Ser esclavo tuyo, o de otro, ¿qué importa, si siempre esclavo he de ser?

MEFISTÓFELES

Pues da comienzo el festín del Doctor Fausto, y el mismo Diablo en persona a servirle va los platos. Mas... por la vida o la muerte, no estorbarán tres o cuatro renglones.

FAUSTO

¿Juzgas, pedante, firma y sello necesarios? Ni de caballero entiendes, ni de palabras y tratos. Una dije, y para siempre quedé por ella obligado. ¿Piensas tú que cuando todo vuela a merced de los hados, sujetarán mi albedrío tus tres renglones o cuatro? ¡Pueril y vana quimera! ¿Por qué impresionas a tantos? ¡Feliz quien de su firmeza hace al alma tabernáculo! Encontrará en su camino lo más escabroso llano. Fantasma es que al mundo aterra un papel emborronado: apenas la pluma leve trazó los fatales rasgos, tienen ya el lacre y la tinta fuerza y poder soberano. Pide, Espíritu maligno, ¿quieres papel, bronce o mármol? ¿Tomo el buril o la pluma? Escoge: eres dueño y árbitro.

MEFISTÓFELES

¿Qué tienes? ¿Por qué te exaltas? Cualquier papel, un retazo basta, y una sola gota de sangre para firmarlo.

FAUSTO

Si quieres, sea.

MEFISTÓFELES

Es la sangre jugo precioso y extraño.

[Ilustración]

FAUSTO

No temas que el pacto rompa: todas las fuerzas del ánimo rindo, entrego y comprometo, al admitirlo y firmarlo. Tanto voló mi arrogancia, que ya entre los tuyos me hallo. Burlome el excelso Espíritu, e insensible a mis halagos, la esquiva Naturaleza arrebujose en su manto; la hebra del pensar se ha roto, y estoy del saber cansado. Templen los dulces deleites las vivas llamas en que ardo, y envueltos en gasas de oro vengan, Magia, tus encantos. Al torrente de la vida lanzareme, y al acaso en su raudal de aventuras iré corriendo y rodando. Bienandanzas y desastres, pena y gozo, risa y llanto, encadenen de mis días los eslabones variados: son acción y movimiento ley del espíritu humano.

MEFISTÓFELES

Meta no pongo ni valla: si, fugaz revoloteando, desflorarlo quieres todo, todo puedes desflorarlo. Conmigo ven, y no temas.

FAUSTO

De felicidad no te hablo: lo que yo quiero es el vértigo, el goce inquieto y amargo, el avivador despecho, el amor que crece odiando. El alma, al saber cerrada, a otras emociones abro; cuanto el hombre goza y sufre quiero sufrirlo y gozarlo. Sentir quiero en mis entrañas todo lo bueno y lo malo, y en la esencia de mi vida convertirlo y apropiármelo. ¡Venturoso yo, si toda la Humanidad en mí abarco, y al fin y al postre, como ella, choco, reviento y estallo!

MEFISTÓFELES

¡Ay, en verdad te lo digo, yo que centenares de años estoy royendo y royendo el fruto indigesto y áspero! ¡Ay, en verdad te lo digo! De la cuna al campo santo digerir no puede el hombre la levadura de antaño. Ese todo, que ambicionas, solo es a un Dios adecuado: para él, fulgores eternos; para mí, noche y espanto; para vosotros, tinieblas y luces, sombras y rayos.

FAUSTO

Quiérolo todo.

MEFISTÓFELES

Bien; sea. No más encuentro un obstáculo, uno solamente: es corto el tiempo y el arte es largo. Paréceme que debieras prepararte, aprender algo. Asóciate a un buen poeta: este, lleno de entusiasmo, con soñadas perfecciones coronará tu retrato; del león con la arrogancia, con la agilidad del gamo, con la viveza italiana y con el tesón germánico. Unirá en tu noble pecho con maravilloso lazo magnanimidad y astucia, y con arte soberano te ha de hacer galán fogoso y gentil enamorado. Tal ejemplar y arquetipo voy hace tiempo buscando; si con él doy algún día, don Microcosmos le llamo.

FAUSTO

¿Quién soy, pues, si esa corona de la Humanidad no alcanzo, esa perfección, que enciende mis ansias?

MEFISTÓFELES

Al fin y al cabo, eres quien eres. Encúmbrate sobre coturnos o zancos, y con pelucón disforme ciñe y abulta los cascos, ¿quién serás? El mismo que eres, ni más gordo ni más flaco.

FAUSTO

¡Ay!, acumulé el tesoro de la humana ciencia en vano: cuando en mi interior penetro, allí nuevas fuerzas no hallo; ni me acerco al Infinito, ni una línea me levanto.

MEFISTÓFELES

Miras las cosas de un modo vulgar; hay que ser más cauto, y antes que vuelen los goces, discretamente apurarlos. ¿Es tuya, di, tu cabeza? ¿Tuyos son tus pies y manos? Pues del mismo modo es tuyo lo que te sirve de algo. Si tienes seis buenos potros, y los unces a tu carro, en vez de tener dos piernas, ¿cuántas tienes? Veinticuatro. Basta de filosofías; lánzate conmigo al campo: quien se devana los sesos me parece el pobre jaco, que por negro maleficio está en un yermo trotando, sin ver que en torno se extienden frescos y sabrosos pastos.

FAUSTO

¿Cuándo partimos?

MEFISTÓFELES

Al punto. De este calabozo huyamos. ¿Qué haces en él? Aburrirte y aburrir a los muchachos. Deja ese oficio indigesto al vecino don Gaznápiro; no te afanes en la trilla de paja en la que no hay grano. Lo poco bueno que aprendes no te atreves a enseñárselo a tus discípulos. Uno te espera. ¿No oyes sus pasos en el corredor?

FAUSTO

No puedo recibirle.

MEFISTÓFELES

Luengo rato aguarda: si no le admites, corre el pobre buen bromazo. Déjame el gorro y la bata;

(Se los pone.)

me sientan como pintados. En mi agudeza confía; quince minutos reclamo. Tú, para el famoso viaje, prepárate mientras tanto.