Gargantúa y Pantagruel · François Rabelais

Capítulo 1.IV.

Capítulo 11 de 266 · 2 min de lectura

Cómo Gargamella, estando encinta de Gargantúa, comió una enorme cantidad de tripas.

La ocasión y el modo en que Gargamella fue llevada a dar a luz y parió a su hijo fue así: y, si no lo crees, ojalá se te salga el intestino recto y haga una escapatoria. En efecto, su intestino recto, o trasero, se le salió una tarde, el tercer día de febrero, por haber comido en la comida demasiados godebillios. Los godebillios son las tripas grasas de los coiros. Los coiros son bueyes cebados en el pesebre de los establos, o en los frescos prados de guimo. Los prados de guimo son aquellos que, por su fertilidad, pueden segarse dos veces al año. De esos bueyes gordos habían matado trescientos sesenta y siete mil catorce, para salarlos en carnaval, de modo que al comenzar la primavera tuvieran abundante carne en salazón, con la cual abrir el apetito al principio de las comidas y saborear mejor el vino.

Tenían abundancia de tripas, como has oído, y eran tan deliciosas que todos se chupaban los dedos. Pero el problema era que, por más que se hiciera, no había manera de conservarlas mucho tiempo con ese sabor; pues en muy poco tiempo se habrían echado a perder, lo cual habría sido indecente. Por eso se decidió que debían comérselas todas de una vez, sin perder nada. Para ello invitaron a todos los burgueses de Sainais, de Suille, de la Roche-Clermaud, de Vaugaudry, sin olvidar el Coudray, Monpensier, el Gué de Vede y otros vecinos, todos grandes bebedores, valientes y buenos jugadores de bolos. El buen Grangusier se deleitó mucho en su compañía y ordenó que no faltara nada ni hubiera tacañería alguna. Sin embargo, pidió a su esposa que comiera con moderación, porque estaba próxima a dar a luz y esas tripas no eran un alimento muy recomendable. “Querrían, dijo él, masticar excremento, quienes comen la envoltura en que estaba.” A pesar de estas advertencias, ella comió dieciséis cuartos, dos fanegas, tres celemínes y una cazuela llena. ¡Oh, la hermosa fecalidad con que se hinchó, por la mezcla de tan sucia materia!

Después de la comida, todos salieron en tropel al bosque de los sauces, donde, sobre la hierba verde, al son de las alegres flautas y agradables gaitas, bailaron tan gallardamente, que era un espectáculo dulce y celestial verlos tan alegres.