Gargantúa y Pantagruel · François Rabelais
Capítulo 3.XXVIII.
Capítulo 128 de 266 · 10 min de lectura
Cómo Fray Juan consuela a Panurgo en la dudosa cuestión del ser cornudo.
Te entiendo perfectamente, dijo Fray Juan; pero el tiempo aclara todas las cosas. El mármol o pórfido más duradero está sujeto a la vejez y la decadencia. Aunque por ahora tal vez no te canses del ejercicio, es probable que dentro de unos años te oiga confesar que tus testículos cuelgan hacia abajo por falta de mejor sostén. Ya te veo encaneciendo un poco. Tu barba, por la variedad de canas, blancas, rubias y negras, me parece un mapa del globo terráqueo o una carta geográfica. Mira atentamente y observa lo que voy a mostrarte. He aquí Asia. Aquí están el Tigris y el Éufrates. Mira, ahí está África. Aquí está la montaña de la Luna; allá puedes ver los pantanos del Nilo. De este lado yace Europa. ¿No ves la Abadía de Thélème? Este pequeño mechón, que es completamente blanco, son las Colinas Hiperbóreas. Por la sed de mi garganta, amigo, cuando hay nieve en las montañas —quiero decir en la cabeza y la barbilla—, entonces no se puede esperar mucho calor en los valles y tierras bajas del calzón. Por los callos de tus talones, dijo Panurgo, no entiendes los tópicos. Cuando hay nieve en las cumbres, relámpagos, truenos, tempestades, torbellinos, tormentas, huracanes y todos los diablos del infierno rugen en los valles. Si quieres comprobarlo, ve al territorio de los suizos y observa detenidamente la situación del lago de Wunderberlich, a unas cuatro leguas de Berna, en el lado de Sion. Te burlas de mis canas, pero no consideras que soy como los puerros, que con cabeza blanca tienen una cola verde, fresca, recta y vigorosa. Sin embargo, la verdad es (¿por qué habría de negarlo?) que de vez en cuando noto en mí algunos signos indicativos de la vejez. Te ruego que no se lo digas a nadie, que quede muy reservado entre nosotros dos; porque ahora encuentro el vino mucho más dulce, más sabroso al gusto, y de mejor aroma que antes solía parecerme; y además, fuera de mi costumbre, tengo un temor mucho mayor que nunca antes de toparme con mal vino. Observa y nota que esto indica y presagia no sé qué del occidente y poniente de mi tiempo, y significa que el sur y el mediodía de mi edad ya pasaron. Pero ¿y qué, mi buen compañero? Eso solo significa que en adelante beberé tanto más. Eso no es, que el diablo lo lleve, lo que temo; ni es ahí donde me aprieta el zapato. Lo que más temo, y tengo mayor razón para temer y sospechar, es que por alguna larga ausencia de nuestro rey Pantagruel (a quien debo acompañar aunque vaya con todos los demonios del Barathrum), mi futura esposa me haga cornudo. Esa es, en verdad, la cuestión. Porque todos a quienes he consultado me amenazan y advierten con un destino de cuernos, y todos afirman que es la suerte que el cielo me ha predestinado. No todos, respondió Fray Juan, los que quieren ser cornudos lo son. Si es tu destino estar entre ese ganado cornudo, entonces puedo concluir con un Ergo: tu esposa será hermosa, y Ergo: te tratará con cariño. Asimismo, con este otro Ergo: gozarás de muchos amigos y bienquerientes. Y finalmente, con este otro Ergo: te salvarás y tendrás un lugar en el Paraíso. Estos son tópicos monacales y máximas del claustro. Podrás pecar con mayor libertad. Estarás más a gusto que nunca. No te faltará nada, nada disminuirá, sino que tus bienes aumentarán notablemente. Y si así fue preordenado para ti, ¿serías tan impío como para no aceptar tu destino? Habla, viejo testículo.
Desvaído C. Holgazán C. Apelante C. Mohoso C. Desanimado C. Tambaleante C. Rancio C. Hastiado C. Marchito C. Insignificante C. Malhumorado C. Sin riendas C. Insensato C. Trasladado C. Defectuoso C. Hundido C. Desolado C. Cabizbajo C. Perturbado C. Insípido C. Derribado C. Delatado C. Carcomido C. Fugaz C. Engañado C. Excesivamente fatigado C. Empachado C. Colgante C. Miserable C. Exprimido C. Estúpido C. Empapado C. Reacio C. Sin semilla C. Amasado con agua fría C. Remojado C. Flojo C. Frío C. Cortado C. Estéril C. Encurtido C. Lánguido C. Rajado C. Batido C. Arbustivo C. Resollante C. Chasqueado C. Drenado C. Mohoso C. Simplificado C. Arrastrado C. Decrépito C. Enladrillado C. Holgazán C. Fistuloso C. Arrugado C. Empapado C. Languideciente C. Desmayado C. Reventado C. Hechizado C. Atenuado C. Agitado C. Hectico C. Ceñudo C. Mitrado C. Agotado C. Desperdiciado C. Proveído miserablemente C. De mal aspecto C. Inflamado C. C. Atontado C. Desquiciado C. Oxidado C. Macerado C. Costroso C. Exhausto C. Paralítico C. Patizambo C. Perplejo C. Degradado C. Putrefacto C. Sin estante C. Entumecido C. Mutilado C. Desinflado C. Como murciélago C. Lascivo C. Leproso C. Tirapedos C. Drogado C. Magullado C. Quemado por el sol C. Mitificado C. Espadónico C. Pacificado C. Montado por cabra C. Comprado C. Embotado C. Debilitado C. Harinoso C. Sabor punzante C. Montado por asno C. Pendenciero C. Erradicado C. Hojaldrado C. Gangrenado C. Estreñido C. Antonificado C. Con corteza levantada C. Granizado C. Sin tripa C. Andrajoso C. Abofeteado C. Destrozado C. Sometido C. Vapuleado C. Cortado C. Fanfarrón C. Golpeado C. Bebido C. Pobre C. Robado C. Escarificado C. Trepanado C. Descuidado C. Estrellado C. Oscurecido C. Cojo C. Rajado C. Emasculado C. Confundido C. Debilitado C. Encerrado C. Insípido C. Buscador de prostitutas C. Transparente C. Derrocado C. Deteriorado C. Vil C. Tamizado C. Fresco C. Anticipado C. Pisoteado C. Escrupuloso C. Picado C. Desolado C. Loco C. Pinchado C. Declive C. Insípido C. Cristalizado C. Hediondo C. Afligido C. Áspero C. Torcido C. Asesinado C. Golpeado C. Discutidor C. Como matachín C. Barrado C. Podrido C. Atontado C. Abandonado C. Ansioso C. Sin clientes C. Confundido C. Remendado C. Picado C. Patán C. Cansado C. Ulcerado C. Oprimido C. Orgulloso C. Remendado C. Separado C. Fracturado C. Aturdido C. Avergonzado C. Melancólico C. Aniquilado C. Fuera de temporada C. Presuntuoso C. Gastado C. Oprimido C. Vil C. Frustrado C. Rallado C. Deslucido C. Angustiado C. Decaído C. Detestado C. Desfigurado C. Cortado pequeño C. Diáfano C. Incapacitado C. Desordenado C. Indigno C. Sin fuerza C. Enrejado C. Comprobado C. Censurado C. Arruinado C. Mutilado C. Cortado C. Exasperado C. Volteado C. Saqueado C. Rechazado C. Atacado C. Deshecho C. Golpeado C. Defectuoso C. Corregido C. Fabricante C. Obstinado C. Rajado C. Examinado C. Feo C. Nervioso C. Emasculado C. Estirado C. Esponjoso C. Maltratado C. Rajado C. Remendado C. Examinado C. Desagradable C. Deprimido C. Agrietado C. Colgando C. Dentado C. Caprichoso C. Roto C. Consumido C. Regateado C. Flexible C. Deforme C. Espigado C. Afeminado C. Dañado C. De mal aspecto C. Encendido C. Remendado C. Tirado C. Evacuado C. Humillado C. Caído C. Afligido C. Saqueado C. Débil C. Preocupado C. Despreciado C. Resequido C. Desordenado C. Sarnoso C. Insignificante C. Vacío C. Humillado C. Corrompido C. Inquieto C. Supino C. Vacío C. Atontado C. Remendado C. Irritado C. Confundido C. Consternado C. Apestado C. Enganchado C. Devorador C. Aventado C. Desafortunado C. Cansado C. Deteriorado C. Estéril C. Triste C. Desastroso C. Ensuciado C. Cruzado C. Feo C. Aplacado C. Vanaglorioso C. Turbio C. Cobarde C. Pobre C. Estéril C. Lamentable C. Moreno C. Desdichado C. Indecoroso C. Encogido C. Débil C. Pesado C. Aborrecido C. Derribado C. Débil C. Preocupado C. Detenido C. Postrado C. Desdeñoso C. Sometido C. Poco atractivo C. Deshonesto C. Terco C. Malo C. Reprobado C. Molido C. Aplastado C. Sellado C. Descuidado C. Sofocado C. Sucio C. Azotado por el clima C. Oprimido C. Desgarrado C. Desollado C. Descascarado C. Masticado C. Calvo C. Sin cabello C. De respiración corta C. Sacudido C. Flácido C. Sin ramas C. Aleteando C. Encubierto C. Agrietado C. Hendido C. Lleno de gusanos C. Fallido C. Macilento C. Atontado (En su afán por engrosar su catálogo, Sir Thomas Urquhart ha repetido esta palabra dos veces.) C. Deficiente C. Aturdido C. Defectuoso C. Delgado C. Suprimido C. Harinoso C. Consumido C. Demacrado C. Mortificado C. Usado C. Golpeado C. Sarnoso C. Perplejo C. Devastado C. Costroso C. Calmado C. Asombrado C. Roto C. Estropeado C. Embotado C. Subyugado C. Pegajoso C. Lento C. Furtivo C. Paralítico C. Arrancado C. Desnudo C. Sorprendido C. Estreñido C. Oscuro C. Atontado C. Inflado C. Manchado C. Extirpado C. Atontado C. Levantado C. Golpeado C. Apaleado C. Picado C. Despojado C. Molido C. Coqueteado C. Canoso C. Decaído C. Ampollado C. Pasado C. Frenético C. Hundido C. Corrompido C. Ceñudo C. Fantasmagórico C. Floreado C. Cojeando C. Sin punta C. Asustado C. Deshilachado C. Ampollado C. Negruzco C. Rancio C. Arrugado C. Subyacente C. Demacrado C. Forrado de mendigo C. Asqueado C. Manchado C. Apagado C. Mal llenado C. Flaco C. Pegajoso C. Cortado C. Lánguido C. Pesado C. Abatido C. Amarillento C. Trabajoso C. Lateral C. Ampollado C. Fatigado C. Obstruido C. Embarrado C. Atacado C. Retrasado C. Hueco C. Tironeado C. Prolijo C. Sin pantalones C. Remolcado C. Manchado C. Ajado C. Maltratado C. Arrugado C. Refractario C.
¡Al diablo, Ballockatso, mi querido amigo Panurgo, ya que así lo han decretado los dioses! ¿Querrías tú invertir el curso de los planetas y hacerlos retroceder? ¿Querrías desordenar todas las esferas celestes, culpar a las inteligencias, embotar los husos, unir las ruecas, calumniar las lanzaderas, reprochar los carretes, vilipendiar los ovillos y, finalmente, enredar y deshacer todos los hilos tanto de la urdimbre como de la trama de las extrañas hermanas Parcas? ¿Qué demonios quieres decir, escroto de piedra? Si pudieras, harías mucho peor que lo que los gigantes de antaño pretendieron. Ven aquí, billicullion. ¿Preferirías ser celoso sin motivo o ser un cornudo sin saberlo? —Ninguna de las dos, respondió Panurgo, querría yo ser. Pero si llego a sospechar algo, me las arreglaré bien, o no quedará un solo palo de madera en quinientas leguas a la redonda para hacer una porra. En verdad, fraile Juan, ahora te hablo en serio: creo que lo mejor será no casarme. ¡Escucha lo que me dicen las campanas, ahora que estamos más cerca de ellas! No te cases, no te cases, no, no, no, no, no; cásate, no te cases, no, no, no, no, no. Si te casas, fracasarás, fracasarás, fracasarás; te arrepentirás, resentirás, sentirás. Si te casas, serás un cornudo, un cu-cu-cucú, cu-cu-cornudo serás. Por la digna ira de Dios, empiezo a enojarme. Este oráculo campanil me revuelve las entrañas; una liebre de marzo nunca estuvo tan furiosa como yo lo estoy. ¡Oh, cómo me irrita! Ustedes, monjes y frailes de la cofradía de capuchas y cogullas, ¿no tienen remedio ni bálsamo contra esta dolencia de injertar cuernos en las cabezas? ¿La naturaleza ha abandonado tanto al género humano, y nos ha dejado tan desamparados de su ayuda, que los hombres casados no pueden saber cómo navegar por los mares de esta vida mortal y estar a salvo de los remolinos, arenas movedizas, rocas y bancos que hay a lo largo de la costa de Cornualles?
Yo, dijo fraile Juan, te mostraré un modo y te enseñaré un expediente por el cual tu esposa nunca podrá hacerte cornudo sin tu conocimiento y tu propio consentimiento. Hazme ese favor, te lo ruego, dijo Panurgo, mi querido y suave escroto aterciopelado; cuéntalo, amigo, cuéntalo, te lo suplico. Ponte, dijo fraile Juan, el anillo de Hans Carvel en el dedo, quien fue el principal joyero del rey de Melinda. Además de que este Hans Carvel tenía fama de ser muy hábil y experto en el arte de la lapidaria, era un hombre estudioso, erudito e ingenioso, una persona científica, llena de conocimientos, gran filósofo, de juicio sólido, ingenio agudo, buen sentido, espíritu claro, criatura honesta, cortés, caritativo, dadivoso y de humor jovial, un buen compañero y un tipo alegre, si alguna vez hubo alguno en el mundo. Era algo barrigón, tenía un ligero temblor en la cabeza y, en efecto, era torpe de cuerpo. Ya en su vejez, tomó por esposa a la hija del alguacil de Concordato, joven, bella, alegre, galante, vivaz, ágil, pulcra, elegante, risueña, coqueta, compuesta, curiosa, graciosa, fina, ingeniosa, arreglada, decente, adecuada, agraciada, hermosa, bella, atractiva, amable—un poco demasiado—con sus vecinos y conocidos.
Sucedió entonces que, al cabo de unas pocas semanas, el señor Carvel se volvió tan celoso como un tigre y comenzó a sospechar profundamente que su recién desposada andaba revoloteando con otros. Para evitar tal inconveniente, le contó muchas historias trágicas sobre la ruina total de varios reinos a causa del adulterio; le leyó la leyenda de esposas castas; luego le dio algunas charlas elogiando la virtud de la pudicicia y le regaló un libro en alabanza de la fidelidad conyugal, en el cual se detestaba odiosamente la maldad de todas las mujeres licenciosas; y además le obsequió una cadena adornada con zafiros orientales puros. Sin embargo, a pesar de todo esto, la encontraba cada vez más inclinada a recibir a sus vecinos y conocidos, por lo que día tras día su celo aumentaba. Como consecuencia, una noche, mientras yacía junto a ella, y en sueños las fantasías errantes sobre el comportamiento lascivo de su esposa ocupaban las células de su cerebro, soñó que se encontraba con el diablo, a quien le confesó completamente el zumbido de su cabeza y la sospecha de que su esposa andaba con el zapato torcido. El diablo, pensó, en medio de esa perplejidad, para consolarlo le dio un anillo y amablemente se lo puso en el dedo medio, diciendo: Hans Carvel, te doy este anillo; mientras lo lleves en ese dedo, tu esposa jamás será carnalmente conocida por otro que no seas tú, sin tu especial conocimiento y consentimiento. Muchas gracias, dijo Hans Carvel, mi señor diablo, renuncio a Mahoma si alguna vez este anillo se me sale del dedo. El diablo desapareció, como es su costumbre; y entonces Hans Carvel, despertando lleno de alegría, descubrió que su dedo medio estaba tan adentro como podía en el ya-sabes-dónde de su esposa. Olvidé contarte que su esposa, apenas sintió el dedo allí, dijo, mientras retiraba las nalgas: ¡Fuera, sí, no, bah, puf, basta, ay, señor, eso no es lo que debería ponerse en ese lugar! Con esto, Hans Carvel pensó que algún ladrón intentaba quitarle el anillo. ¿No es este un antídoto infalible y soberano? Por lo tanto, si quieres creerme, imitando este ejemplo, nunca dejes de tener continuamente el anillo de la mercancía de tu esposa en tu dedo. Dicho esto, su conversación y su camino terminaron.



