Gargantúa y Pantagruel · François Rabelais

Capítulo 3.XLI.

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Cómo Bridlegoose relata la historia de los reconciliadores de partes en disputa en asuntos legales.

Recuerdo, a este respecto —dijo Bridlegoose, continuando su discurso—, que en la época en que, en Poitiers, fui estudiante de derecho bajo Brocadium Juris, había en Semerve un tal Pedro Dandin, hombre muy honesto, laborioso en el campo, excelente cantor en el coro de la iglesia, de buena reputación y crédito, y más viejo que el más anciano de todos sus mercedes; quien solía decir que había visto al gran y buen hombre, el Concilio de Letrán, con su ancho y de ala ancha sombrero rojo. Así también, que había contemplado y mirado a la hermosa y bella Pragmática Sanción, su esposa, con su enorme rosario o sarta de cuentas de azabache colgando de una gran cinta color cielo. Este hombre honrado componía, conciliaba y arreglaba más diferencias, controversias y disputas legales que las que se habían resuelto, anulado y terminado durante su tiempo en todo el palacio de Poitiers, en la audiencia de Montmorillon y en la casa consistorial del viejo Partenay. Esta disposición amistosa suya le hizo venerable y de gran estima, influencia, poder y autoridad en todos los lugares vecinos de Chauvigny, Nouaille, Leguge, Vivonne, Mezeaux, Estables y otros pueblos, aldeas y caseríos circundantes. Todas sus disputas eran pacificadas por él; ponía fin a sus pleitos y diferencias. Por su consejo y recomendaciones se lograban acuerdos y reconciliaciones tan firmes como si hubiera mediado el veredicto de un juez soberano, aunque, en verdad, él no era juez en absoluto, sino un hombre verdaderamente honesto, como bien pueden imaginarse —arg. en l. sed si unius. ff. de jure-jur. et de verbis obligatoriis l.continuus. No se mataba un cerdo en tres parroquias a la redonda sin que él recibiera alguna parte de las asaduras y morcillas. Casi todos los días era invitado ya a un banquete de bodas, fiesta de bautizo, celebración de levantamiento o purificación de mujeres, aniversario de cumpleaños, alegre reunión de comadres, o de otro modo a algún delicioso convite en una taberna, para lograr algún acuerdo entre personas enemistadas o en disputa. Presten atención a lo que digo; pues nunca logró componer y arreglar una diferencia entre dos partes en conflicto sin que, acto seguido, hiciera que los reconciliados bebieran juntos como señal segura e infalible de una perfecta y completamente bien cimentada reconciliación, signo de una sana y sincera amistad y marca propia de una nueva alegría y regocijo por venir —Ut not. per (Doct.) ff. de peric. et com. rei vend. l. 1. Tenía un hijo, llamado Tenot Dandin, mozo robusto, joven, fuerte y vivaz, ¡que Dios me ayude! quien, a imitación de su padre pacificador, también quiso emprender y entrometerse en la composición de disputas y resolución de controversias entre partes discordantes y litigantes; como ustedes saben,

Saepe solet similis esse patri. Et sequitur leviter filia matris iter.

Como dice la glosa. 6, quaest. 1. c. Si quis. glosa de cons. dist. 5. c. 2. fin. et est. not. per Doct. cod. de impub. et aliis substit. l. ult. et l. legitime. ff. de stat. hom. glosa en l. quod si nolit. ff. de aedil. edict. l. quisquis c. ad leg. Jul. Majest. Exceptúo a los hijos nacidos de monja y monje. por glosa en c. impudicas. 27. quaestione. 1. Y tan confiado estaba de no tener peor éxito que su padre, que se arrogó el título de Componedor de Pleitos. También en estas negociaciones pacificadoras era tan activo y vigilante —pues Vigilantibus jura subveniunt. ex l. pupillus. ff. quae in fraud. cred. et ibid. l. non enim. et instit. in prooem.— que, en cuanto olía, oía y comprendía plenamente —ut ff.si quando paup. fec. l. Agaso. glosa en verb. olfecit, id est, nasum ad culum posuit— y descubría que en alguna parte del país había una cuestión debatible, inmediatamente se apresuraba a intervenir con su consejo, y tan resueltamente se entrometía en el asunto, que no dudaba en ofrecerse y encargarse de decidirlo, por difícil que fuera, para satisfacción y contento de ambas partes. Está escrito: Quien no trabaja, no come; y la mencionada gl. ff. de damn. infect. l. quamvis, y Currere plus que le pas vetulam compellit egestas. glosa ff. de lib. agnosc. l. si quis. pro qua facit. l. si plures. c. de cond. incert. Pero tan grande fue su desventura en este empeño, que nunca logró componer diferencia alguna, por pequeña que fuera, sin que, en vez de reconciliar a las partes enemistadas, las encendía, irritaba y exasperaba aún más, llevándolas a un grado mayor de disensión y enemistad que antes. Ustedes saben, no lo dudo, que,

Sermo datur cunctis, animi sapientia paucis.

Gl. ff. de alien. jud. mut. caus. fa. lib.2. Esto dio ocasión a los taberneros, escanciadores y vinateros de Semerve para decir que bajo su gestión no habían vendido en todo un año tanto vino de reconciliación —así llamaban al buen vino de Leguge— como bajo su padre en media hora. Sucedió poco después que él se lamentó amargamente de ello ante su padre, atribuyendo las causas de su mal éxito en las empresas pacificadoras a la perversidad, terquedad, obstinación, carácter díscolo y desviado de la gente de su tiempo; y, de manera franca, audaz e irreverente, reprochó que si apenas veinte años antes el mundo hubiera sido tan caprichoso, obstinado, pertinaz, implacable y fuera de todo orden y concierto como lo era entonces, su padre jamás habría alcanzado y adquirido el honor y título de Apaciguador de Disputas tan irrefragablemente, inviolablemente e irrevocablemente como lo había hecho. Con ello, Tenot transgredió gravemente la ley que prohíbe a los hijos reprochar las acciones de sus padres; per gl. et Bart. l. 3. paragr. si quis. ff. de cond. ob caus. et authent. de nupt. par. sed quod sancitum. col. 4. A esto, el honesto y viejo padre respondió así: Hijo mío Dandin, cuando Don Oportet entra en juego, ese es el camino que debemos seguir, gl. c. de appell. l. eos etiam. Porque el camino que tomaste no era el que lleva al molino del batanero, ni en parte alguna de él se hallaba la forma en que la liebre se sentó. No tienes la habilidad ni destreza para componer y arreglar disputas. ¿Por qué? Porque las tomas al principio, en su misma infancia y brote, cuando están verdes, crudas e indigestas. Yo, en cambio, sé arreglarlas con destreza y elegancia. ¿Por qué? Porque las tomo en su decadencia, cuando ya están destetadas y bastante digeridas. Así lo dice la Glosa:

Dulcior est fructus post multa pericula ductus.

L. non moriturus. c. de contrahend. et committ. stip. ¿Has oído alguna vez el proverbio vulgar: Feliz el médico cuya llegada es deseada en la declinación de una enfermedad? Porque la dolencia, al llegar a su crisis, ya está en descenso y acercándose a su fin, aunque el médico no acuda para curarla; de modo que, aunque la naturaleza haga todo el trabajo, él se lleva la palma y el elogio. Mis litigantes, de igual modo, antes de que yo interviniera con mi juicio para reconciliarlos, ya estaban desfalleciendo en sus disputas. El calor de su altercado se había atenuado mucho y, al declinar su antigua contienda, ellos mismos se inclinaban a una firme acomodación de sus diferencias; porque ya faltaba leña para ese fuego de rencor ardiente y disputa maliciosa que los abogados de menor rango solían encender. Es decir, sus bolsas se habían vaciado de monedas, no tenían ni un centavo en el bolsillo ni un penique en la bolsa para continuar sus acciones.

Deficiente pecu, deficit omne, nia.

Solo faltaba entonces algún hermano que supliera el papel de paraninfa, componedor de disputas, proxeneta o mediador, quien, actuando con destreza, fuera el primero en proponer la idea de un acuerdo, para salvar a ambas partes de esa vergüenza dañina y perniciosa de la que no podrían evitar la imputación si se dijera que fue el primero en ceder y hablar de reconciliación, y que, por tanto, su causa no era buena y, sintiendo dónde le apretaba el zapato, estaba dispuesto a romper el hielo y apresurarse a allanar el camino para acceder a un tratado amistoso y amigable. Entonces fue cuando llegué en el momento justo, Dandin, hijo mío, y no es la grasa del tocino más sabrosa para los guisantes cocidos que lo fue mi veredicto para ellos en ese instante. Esa fue mi suerte, mi provecho y mi buena fortuna. Te digo, mi alegre hijo Dandin, que con esta regla y método podría establecer una paz firme, o al menos concertar una suspensión de armas y tregua por muchos años entre el Gran Rey y el Estado veneciano, el Emperador y los Cantones de Suiza, los ingleses y los escoceses, y entre el Papa y los ferrarenses. ¿Quieres que vaya aún más lejos? Sí, así Dios me ayude, entre el turco y el sofí, los tártaros y los moscovitas. Observa bien lo que voy a decirte. Los tomaría en ese preciso instante en que ambos bandos estuvieran cansados y hartos de hacer la guerra, cuando hubieran vaciado y agotado sus arcas y cofres de todo tesoro y moneda, drenado y exhausto las bolsas y sacos de sus súbditos, vendido e hipotecado sus dominios y herencias propias, y totalmente gastado, consumido y agotado la munición, mobiliario, provisiones y víveres necesarios para continuar la expedición militar. Allí estoy seguro, por Dios o por su Madre, que, quisieran o no, a pesar de todos sus dientes, se verían obligados a tomarse un respiro y un tiempo de alivio para moderar la furia y la cruel rabia de sus ambiciones. Esta es la doctrina en Gl. 37. d. c. si quando.

Odero, si potero; si no, invitus amabo.