Gargantúa y Pantagruel · François Rabelais
Capítulo 4.III.
Capítulo 156 de 266 · 3 min de lectura
Cómo Pantagruel recibió una carta de su padre Gargantúa, y del extraño modo de obtener noticias rápidas de lugares muy distantes.
Mientras Pantagruel se ocupaba en la compra de aquellos animales exóticos, se escuchó desde el malecón el estruendo de diez cañones y culebrinas, junto con una alegre y sonora ovación de toda la flota. Pantagruel miró hacia el puerto y advirtió que aquello se debía a la llegada de una de las celoces o barcos mensajeros de su padre Gargantúa, llamada la Chelidonia; porque en la popa de la nave estaba tallada en bronce corintio una golondrina marina, que es un pez tan grande como una lamprea del Loira, todo carne, sin escamas, con alas cartilaginosas (como las de un murciélago) muy largas y anchas, gracias a las cuales lo he visto volar a unos tres brazas sobre el agua, a la distancia de un tiro de arco. En Marsella la llaman lendole. Y en verdad, aquella nave era tan ligera como una golondrina, de modo que más parecía volar sobre el mar que navegar. Malicorne, escudero trinchante de Gargantúa, había llegado en ella, enviado expresamente por su amo para informarse de la salud y circunstancias de su hijo, y para entregarle credenciales. Cuando Malicorne saludó a Pantagruel, antes de que el príncipe abriera las cartas, lo primero que le dijo fue: ¿Tienes aquí el Gozal, el mensajero celestial? Sí, señor, respondió; aquí está, envuelto en esta cesta. Era una paloma gris, sacada del palomar de Gargantúa, cuyos pichones acababan de nacer cuando el barco mensajero partió.
Si alguna desgracia le hubiese ocurrido a Pantagruel, le habría atado una cinta negra a las patas; pero como hasta entonces todo había salido bien, tras hacer que la desvistieran, le ató a las patas una cinta blanca y, sin más demora, la soltó. La paloma voló de inmediato, cortando el aire con una velocidad increíble, como bien se sabe que no hay vuelo como el de una paloma, especialmente cuando tiene huevos o crías, por el extremo cuidado que la naturaleza le ha dado para socorrer y estar con sus polluelos; tanto que en menos de dos horas recorrió por el aire el largo trayecto que el barco mensajero, con todo su empeño, a remo y vela y con viento favorable, no podía recorrer en menos de tres días y tres noches; y fue vista al entrar en el palomar en su nido. Al saber Gargantúa que llevaba la cinta blanca, se alegró y quedó tranquilo respecto al bienestar de su hijo. Esta era la costumbre de los nobles Gargantúa y Pantagruel cuando deseaban tener noticias rápidas de algún asunto importante; como el resultado de alguna batalla, ya fuera por mar o por tierra; la rendición o resistencia de alguna plaza fuerte; la resolución de alguna diferencia importante; el feliz o desafortunado alumbramiento de alguna reina o gran dama; la muerte o recuperación de sus amigos o aliados enfermos, y así sucesivamente. Solían tomar el gozal y lo hacían llevar de uno a otro por el correo, hasta los lugares de donde deseaban recibir noticias. El gozal, portando una cinta negra o blanca según los sucesos y accidentes, solía disipar sus dudas a su regreso, recorriendo en una hora por el aire más distancia de la que treinta postillones podrían hacer en un día natural. ¿No se puede decir que esto es ganar y recuperar el tiempo con creces? Por tal motivo, puedes creer como cosa muy cierta que en los palomares de sus haciendas se hallaban durante todo el año abundantes palomas incubando huevos o criando sus polluelos. Lo cual puede lograrse fácilmente en pajareras y voladeros con la ayuda de salitre y la sagrada hierba verbena.
Soltado el gozal, Pantagruel leyó la carta de su padre Gargantúa, cuyo contenido era el siguiente:
Mi queridísimo hijo: El afecto que naturalmente siente un padre por un hijo amado se ha acrecentado tanto en mí al reflexionar sobre los dones particulares que la divina bondad ha derramado sobre ti, que desde tu partida ha ahuyentado a menudo todos los demás pensamientos de mi mente, dejando mi corazón totalmente poseído por el temor de que alguna desgracia haya acompañado tu viaje; pues sabes que el temor siempre acompaña al amor verdadero y sincero. Ahora bien, porque, como dice Hesíodo, Un buen comienzo es la mitad de la obra; o, Bien empezado, medio acabado, según el viejo refrán; para librar mi mente de esta ansiedad he enviado expresamente a Malicorne, para que me dé un informe veraz de tu salud al inicio de tu viaje. Porque si es buena, y como la deseo, fácilmente preveré el resto.
He encontrado algunos libros entretenidos, que el portador te entregará; puedes leerlos cuando quieras distraerte y aliviar tu mente de tus estudios más serios. También te dará en detalle las noticias de la corte. La paz del Señor sea contigo. Recuerda mis saludos a Panurgo, Fray Juan, Epistemon, Xenómanes, Gimnasta y a tus otros principales domésticos. Fechada en nuestra residencia paterna, este 13 de junio.
Tu padre y amigo, Gargantúa.



