Gargantúa y Pantagruel · François Rabelais

Capítulo 5.XLIV.

Capítulo 263 de 266 · 2 min de lectura

Cómo Bacbuc, la sumo sacerdotisa, llevó a Panurgo ante la Sagrada Botella.

Allí la noble sacerdotisa Bacbuc hizo que Panurgo se inclinara y besara el borde de la fuente; luego le ordenó levantarse y bailar tres itimbos (Danzas en honor de Baco). Cumplido esto, le indicó sentarse entre dos taburetes colocados allí para tal fin, con el trasero en el suelo. Entonces abrió su libro ceremonial y, susurrándole al oído izquierdo, le hizo cantar un epilenio, que aquí se inserta en la figura de la botella.

Botella, cuyo Misterioso Fondo guarda diez mil Secretos hondos, con atento Oído espero; calma mi Mente y di mi Destino. ¡Alma de Gozo! Como Baco, más que la India ganamos contigo. Tus jugos revelan Verdades aún no nacidas, que el Futuro oculta. Antídoto contra Fraudes y Mentiras, vino que nos eleva a los Cielos, que la estirpe de tu padre Noé, como él, se ahogue, pero en tu Diluvio. Habla, y que la Mina Líquida brille como Rubíes o Diamantes. Botella, cuyo Misterioso Fondo guarda diez mil Secretos hondos, con atento Oído espero; calma mi Mente y di mi Destino.

Cuando Panurgo hubo cantado, Bacbuc arrojó no sé qué en la fuente, y enseguida el agua comenzó a hervir de verdad, tal como lo hace la gran olla monástica de Bourgueil cuando allí es día de fiesta. El amigo Panurgo escuchaba con un oído, y Bacbuc se arrodillaba junto a él, cuando se oyó un zumbido proveniente de la Botella, como el que produce un enjambre de abejas criado en la carne de un toro joven muerto y preparado según el arte de Aristeo, o como el que se oye cuando una saeta sale disparada de una ballesta, o cuando una lluvia repentina cae en verano. Inmediatamente después se oyó la palabra Trinc. ¡Por el cuerpo de mi abuelo! —exclamó Panurgo—, se ha roto, o al menos se ha rajado, para no mentir; porque así hablan las botellas de cristal en nuestro país cuando estallan cerca del fuego.

Bacbuc se levantó y, tomando suavemente a Panurgo por los brazos, dijo: Amigo, ofrezca sus gracias al cielo indulgente, como es justo. Ha recibido pronto la palabra de la Diosa-Botella; y la palabra más amable, favorable y certera que jamás la he oído dar desde que oficio aquí en su sagrado oráculo. Levántese, vayamos al capítulo, en cuya glosa se explica esa hermosa palabra. Con todo gusto —dijo Panurgo—; por Júpiter, estoy tan sabio como el año pasado. Vamos, ¿dónde está el libro? Revísalo, ¿dónde está el capítulo? Veamos esa alegre glosa.