Gargantúa y Pantagruel · François Rabelais

Capítulo 1.LIII.

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Cómo fue construida y dotada la abadía de los Telémicos.

Para la construcción y el mobiliario de la abadía, Gargantúa mandó entregar en dinero contante dos millones setecientos mil ochocientos treinta y un carneros de oro de Berry, que tienen estampada una oveja de un lado y una cruz floreada del otro; y para cada año, hasta que toda la obra estuviera terminada, asignó sesenta y nueve mil coronas del sol y otras tantas de las siete estrellas, todo ello con cargo a la recaudación de las aduanas. Para la fundación y el mantenimiento perpetuo de la abadía, estableció una renta anual perpetua de dos millones trescientos sesenta y nueve mil quinientos catorce nobles de rosa, exentos de todo homenaje, vasallaje, servicio o carga alguna, pagaderos cada año en la puerta de la abadía; y de esto otorgó una muy buena concesión por cartas patentes. La arquitectura tenía forma hexagonal, y de tal modo que en cada uno de los seis ángulos se construyó una gran torre redonda de sesenta pies de diámetro, todas de igual forma y tamaño. Por el lado norte corría el río Loira, en cuya orilla se hallaba la torre llamada Ártica. Hacia el este, había otra llamada Calaer; la siguiente, Anatole; luego, Mesembrina; después, Hesperia, y la última, Criere. Cada torre estaba separada de la otra por una distancia de trescientos doce pasos. Todo el edificio tenía seis pisos de altura en todas partes, contando las bodegas subterráneas como uno. El segundo estaba abovedado en forma de asa de canasta; los demás estaban techados con madera pulida, adornados con celosías flamencas en forma de pie de lámpara, y cubiertos arriba con finas pizarras, con un remate de plomo que llevaba figuras antiguas de pequeños muñecos y animales de toda clase, notablemente bien combinados entre sí, y dorados, junto con las canaletas, que sobresalían de los muros entre las crucetas en forma diagonal, pintadas de oro y azul, y llegaban hasta el suelo, donde terminaban en grandes tubos de desagüe que llevaban todo hasta el río desde debajo de la casa.

Este mismo edificio era cien veces más suntuoso y magnífico que nunca lo fueron Bonnivet, Chambourg o Chantilly; pues había en él nueve mil trescientos treinta y dos aposentos, cada uno de los cuales tenía una sala de estar, un gabinete elegante, un guardarropa, un oratorio y un pasaje limpio que conducía a un gran y espacioso salón. Entre cada torre, en medio del cuerpo del edificio, había una escalera de caracol, de las que ahora llamamos de linterna, cuyos escalones eran en parte de pórfido, que es un mármol rojo oscuro con manchas blancas, en parte de piedra de Numidia, que es un mármol veteado de tonos amarillentos sobre varios colores, y en parte de mármol serpentino, con manchas claras sobre fondo verde oscuro; cada uno de esos escalones medía veintidós pies de largo y tres dedos de grosor, y el número exacto de doce entre cada descanso, o, como ahora decimos, rellano. En cada rellano había dos hermosos arcos antiguos por donde entraba la luz; y por ellos se accedía a un gabinete, hecho al mismo nivel y del ancho de la escalera, y la subida por encima de los techos de la casa terminaba cónicamente en un pabellón. Por esa escalera se entraba por todos lados a un gran salón, y de los salones a los aposentos. Desde la torre Ártica hasta la Criere estaban las grandes y hermosas bibliotecas en griego, latín, hebreo, francés, italiano y español, distribuidas respectivamente en sus diferentes secciones, según la diversidad de lenguas. En el centro había una maravillosa escalera de caracol, cuya entrada estaba fuera de la casa, en una bóveda o arco de seis brazas de ancho. Estaba hecha con tal simetría y amplitud que seis hombres de armas con sus lanzas en ristre podían subir juntos, en línea, hasta la cima de todo el palacio. Desde la torre Anatole hasta la Mesembrina había hermosas y espaciosas galerías, todas pintadas y decoradas con las antiguas hazañas, historias y descripciones del mundo. En el centro de ellas había también otra subida y puerta como la que hemos dicho que había del lado del río. Sobre esa puerta estaba escrito en grandes letras antiguas lo que sigue.