Gargantúa y Pantagruel · François Rabelais
Capítulo 2.VII.
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Cómo Pantagruel llegó a París, y de los libros selectos de la Biblioteca de San Víctor.
Después de que Pantagruel hubo estudiado muy bien en Orleans, decidió conocer la gran Universidad de París; pero, antes de su partida, le informaron que había una enorme campana en San Aniano, en la mencionada ciudad de Orleans, enterrada bajo tierra, donde había permanecido por más de doscientos catorce años, pues era tan grande que no habían podido, por ningún medio, sacarla a la superficie, aunque emplearon todos los métodos que se encuentran en Vitruvio De Architectura, Alberto De Re Aedificatoria, Euclides, Teón, Arquímedes y Hero De Ingeniis; pero nada de eso sirvió de algo. Por lo tanto, accediendo de buen grado a la humilde petición de los ciudadanos y habitantes de dicha ciudad, decidió trasladarla a la torre que se había erigido para tal fin. Así que fue al lugar donde estaba y la levantó del suelo con su dedo meñique tan fácilmente como tú levantarías el cascabel de un halcón o el cencerro de un carnero; pero, antes de llevarla a la mencionada torre o campanario destinado para ella, quiso hacer algo de música con la campana por toda la ciudad, y la fue tocando por todas las calles mientras la llevaba en la mano, con lo cual todo el pueblo se alegró mucho. Pero ocurrió un gran inconveniente, pues al llevarla así y hacerla sonar por las calles, todo el buen vino de Orleans se avinagró al instante, se volvió insípido y se echó a perder, lo cual nadie notó hasta la noche siguiente; porque todos se sintieron tan extraños y resecos al beber esos vinos insípidos, que no hacían más que escupir, y eso tan blanco como algodón de Malta, diciendo: "Tenemos del Pantagruel, y hasta nuestras gargantas están saladas". Hecho esto, llegó a París con su séquito. Y a su llegada todos salieron a verlo—como bien sabes que la gente de París es necia por naturaleza, en bemol y en sostenido—y lo contemplaron con gran asombro, mezclado con no menos temor de que se llevara el palacio a otro país, a lugares remotos y lejanos, como su padre había hecho antes con el gran repique de campanas de la iglesia de Nuestra Señora para atarlas al cuello de su yegua. Ahora bien, después de haber permanecido allí un buen tiempo y estudiado muy bien todas las siete artes liberales, dijo que era una buena ciudad para vivir, pero no para morir; porque los sepultureros bribones de San Inocente acostumbraban en las noches frías a calentarse las posaderas con los huesos de los muertos. Durante su estancia allí, encontró la biblioteca de San Víctor muy majestuosa y magnífica, especialmente por algunos libros que allí había, de los cuales sigue el Repertorio y Catálogo, Et primo,
La Por Dios de la Salvación. La Bragueta de la Ley. El Zapato de Suela de los Decretales. La Granada del Vicio. El Fondo de Ovillo de la Teología. El Plumero o Cola de Zorro de los Predicadores, compuesto por Turlupin. El Batidor de Testículos del Valiente. La Beleño de los Obispos. Marmotretus de los babuinos y las abejas, con Comentario de Dorbellis. Decreto de la Universidad de París sobre la elegancia de las mujercillas a placer. La Aparición de Santa Gertrudis a una monja de Poissy, estando de parto. Ars honeste fartandi in societate, por Marcus Corvinus (Ortuinus). La Mostacera de la Penitencia. Las Polainas, alias las Botas de la Paciencia. Formicarium artium. Sobre el uso de los caldos y la honestidad de cuartear, por Silvestre Priorato Jacobino. El Engañado o Timado en la Corte. El Cesto de los Escribanos. El Paquete Nupcial. El Crisol de la Contemplación. Las Trampas de la Ley. El Pincho del Vino. La Espuela del Queso. Ruboffatorium (Decrotatorium) scholarium. Tartaretus de modo cacandi. Las Bravatas de Roma. Bricot de las Diferencias de las Cejas. El Cojín de la Bragueta o Calzón Cerrado de la Disciplina. El Zapato Remendado de la Humildad. El Trébede de los Buenos Pensamientos. El Caldero de la Magnanimidad. Los Enredos Sutiles de los Confesores. El Bocado de los Curas. Reverendi patris fratris Lubini, provincial de Baviera, de las lonjas de tocino devoradas, tres libros. Pasquilli Doctoris Marmorei, de los cabritos con alcachofa comidos en tiempo papal prohibido por la Iglesia. La Invención de la Santa Cruz, representada por seis astutos sacerdotes. Los Anteojos de los Peregrinos rumbo a Roma. Majoris de modo faciendi puddinos. La Gaita de los Prelados. Beda sobre la excelencia de las tripas. La Queja de los Abogados sobre la Reforma de los Confites. El Gato Forrado de los Procuradores y Abogados. De guisantes y tocino, con comentario. Las Pequeñas Propinas o Dinero para Beber de las Indulgencias. Praeclarissimi juris utriusque Doctoris Maistre Pilloti, &c., Scrap-farthingi de botchandis glossae Accursianae Triflis repetitio enucidi-luculidissima. Stratagemata Francharchiaeri de Baniolet. Carlbumpkinus de Re Militari cum Figuris Tevoti. Sobre el uso y utilidad de despellejar caballos y yeguas, por nuestro Maestro de Quebecu. La Insolencia de los Mayordomos Rurales. M.N. Rostocostojambedanesse de la mostaza servida después del almuerzo, catorce libros, apostillados por M. Vaurillonis. El Covillage o Tributo de Muchachas de los Promotores. (Jabolenus de Cosmographia Purgatorii.) Cuestión sutilísima, si la Quimera zumbando en el vacío puede comer segundas intenciones; y fue debatida durante diez semanas en el Concilio de Constanza. El Masticador de Frenos de los Abogados. Smutchudlamenta Scoti. El Raspado y Rascado de los Cardenales. Sobre la remoción de espuelas, once décadas, por M. Alberico de Rosata. Del mismo sobre la castración de crímenes, tres libros. La Entrada de Antonio de Leve en los Territorios de Brasil. (Marforii, bachiller recostado en Roma) sobre pelar o despellejar y manchar las mulas de los Cardenales. La Apología del citado Autor contra quienes alegan que la mula del Papa solo come en horas fijas. Prognosticatio quae incipit, Silvii Triquebille, balada por M.N., el soñador profundo Sion. Boudarini Episcopi de los provechos de las emulgencias, nueve Eneadas, con privilegio papal por tres años y después no. La Shitabranna de las Doncellas. El Trasero Calvo o Nalgas Peladas de las Viudas. El Capucho de los Monjes. La Devoción Murmurada de los Frailes Celestinos. El Peaje del Paso de la Mendicidad. El Castañeteo de Dientes o Chasquido de Encías de los Holgazanes. La Pala de los Teólogos. El Cuerno de Empapar de los Maestros en Artes. Los Pinches de Olcam, el secretario no iniciado. Magistri N. Lickdishetis, de las cernidas de las horas canónicas, cuarenta libros. Arsiversitatorium confratriarum, autor incierto. El Gulsgoatony o Loncha de Cormoranes y Comilones. El Olor a Carnero de los Españoles supergivuregondigaded por el fraile Íñigo. El Murmullo de los Desdichados. Dastardismus rerum Italicarum, por el maestro Burnegad. R. Lullius de las Batisfolagias de los Príncipes. Calibistratorium caffardiae, por M. Jacobo Hocstraten hereticometra. Codtickler sobre nuestro Maestro de los Maestros y bebedores, ocho libros galantísimos. Las Crackaradas de Balistas o máquinas lanzapiedras, Secretarios Contrapate, Escribanos, Redactores, Reporteros y despachadores de Bulas Papales, recientemente compiladas por Regis. Un almanaque perpetuo para quienes padecen gota y sífilis. Manera de barrer hornillos por Mag. Eccium. El Sable o Cimitarra de los Mercaderes. Los Placeres de la Vida Monacal. El Batiburrillo de los Hipócritas. La Historia de los Duendecillos. El Andrajismo de los soldados pensionados mutilados. Las Mentiras y Farsas de los Comisarios. La Camada de los Tesorero. El Juglingatorium de los Sofistas. Antipericatametanaparbeugedamphicribrationes Toordicantium. La Caracola de los Trovadores. El Empuje de los Alquimistas. El Niddy-noddy de los Buscadores Cargados de Mochilas, por el fraile Bindfastatis. Los Grilletes de la Religión. El Alboroto de los Fanfarrones. El Apoyo de la Vejez. El Bozal de la Nobleza. El Padrenuestro del Mono. Los Grillos y Cascabeles de la Devoción. La Olla de las Semanas de Ceniza. El Mortero de la Vida Política. La Solapa de los Ermitaños. La Capucha de los Penitenciarios. El Trictrac de los Frailes Golpeadores. Blockheadodus, sobre la vida y honestidad de los fanfarrones. Lyrippii Sorbonici Moralisationes, por M. Lupoldum. Las Campanillas de los Caballos de los Viajeros. Las Bebidas de los Obispos Bebedores. Dolloporediones de los Doctores de Colonia contra Reuclin. Los Platillos de las Damas. La Martingala del Estiércolero. Whirlingfriskorum Chasemarkerorum por el fraile Crackwoodloguetis. Los Remiendos de un Corazón Valiente. La Farsa de los Robin-goodfellows guardianes del alboroto. Gerson, sobre la remoción del Papa de la Iglesia. El Catálogo de los Nominados y Graduados. Jo. Dytebrodii, sobre la terrible excomunión, libellus acephalos. Ingeniosidad para invocar diablos y diablas, por M. Guingolphum. El Batiburrillo o Mezcolanza de los frailes mendicantes perpetuos. La Danza Morris de los Herejes. Los Lamentos de Cayetano. Muddisnout Doctoris Cherubici, sobre el origen de los Pies Rudos y los Cuellotorcidos, siete libros. Sesenta y nueve gruesos Breviarios. La Pesadilla de las cinco órdenes de mendigos. El Despelleje de los nuevos Emprendedores extraído del tonel barbecho, incornifistibulado y reflexionado en la suma angélica. El Charlatán y Hablador Ocioso en casos de Conciencia. La Panza Gorda de los Presidentes. El Burlador de los Abades. Sutoris contra quien lo llamó Slabsauceator, y que los Slabsauceatores no están condenados por la Iglesia. Cacatorium de los médicos. El Deshollinador de la Astrología. Campi clysteriorum por párrafo C. El Petardo de los Boticarios. El Besanalgas de la Cirugía. Justiniano sobre la eliminación de los leprosos blancos. Antidotarium animae. Merlino Coccaius, sobre la patria de los diablos. La Práctica de la Iniquidad, por Cleuraunes Sadden. El Espejo de la Bajeza, por Radnecu Waldenses. El Bribón Empedernido, por Dwarsencas Eldenu. El Cormorán Despiadado, por Hoxinidno el judío.
De esta biblioteca, algunos libros ya están impresos, y el resto se encuentra ahora en prensa en esta noble ciudad de Tubinga.



