Gargantúa y Pantagruel · François Rabelais

Capítulo 1.I.

Capítulo 8 de 266 · 3 min de lectura

De la genealogía y antigüedad de Gargantúa.

Debo remitirlos a la gran crónica de Pantagruel para el conocimiento de esa genealogía y antigüedad de linaje por la cual Gargantúa ha llegado hasta nosotros. En ella podrán comprender con mayor detalle cómo nacieron los gigantes en este mundo, y cómo de ellos, por línea directa, descendió Gargantúa, el padre de Pantagruel; y no me lo tomen a mal si por esta vez lo paso por alto, aunque el tema sea tal, que cuanto más se recordara, más agradaría a sus ilustres Señorías; según lo cual tienen la autoridad de Platón en el Filebo y en el Gorgias; y de Flaco, quien dice que hay ciertos tipos de asuntos (como estos, sin duda), que, mientras más se repiten, resultan más deleitables.

Ojalá Dios quisiera que todos tuvieran tan cierto conocimiento de su genealogía desde la época del arca de Noé hasta este siglo. Creo que hoy en día hay muchos emperadores, reyes, duques, príncipes y papas en la tierra, cuya ascendencia proviene de algunos cargadores y vendedores ambulantes de indulgencias; así como, por el contrario, muchos son ahora pobres mendigos errantes, desdichados y miserables, que descienden de la sangre y linaje de grandes reyes y emperadores, ocasionado, según lo concibo, por el traslado y revolución de los reinos y los imperios, de los asirios a los medos, de los medos a los persas, de los persas a los macedonios, de los macedonios a los romanos, de los romanos a los griegos, de los griegos a los franceses.

Y para darles alguna pista sobre mí mismo, quien les habla, no puedo dejar de pensar que desciendo de la estirpe de algún rico rey o príncipe de tiempos antiguos; pues jamás han visto a hombre alguno con mayor deseo de ser rey y de ser rico que yo, y solo para poder disfrutar de buenos banquetes, no hacer nada, ni preocuparme por cosa alguna, y enriquecer generosamente a mis amigos y a todos los hombres honestos y sabios. Pero en esto me consuelo, pensando que en el otro mundo así seré, y aún mayor de lo que ahora me atrevo a desear. En cuanto a ustedes, con el mismo o mejor pensamiento consuélense en sus penas, y beban fresco si pueden conseguirlo.

Volviendo a nuestro asunto, digo que por el soberano don del cielo, la antigüedad y genealogía de Gargantúa se ha conservado para nuestro uso más completa y perfecta que cualquier otra, excepto la del Mesías, de la cual no pienso hablar; pues no corresponde a mi propósito, y los demonios, es decir, los falsos acusadores y evangelistas disimulados, se opondrían a ello. Esta genealogía fue hallada por Juan Andrés en un prado que tenía cerca del arco del puente, bajo el olivo, camino a Narsay: donde, mientras hacía cavar unas zanjas, los excavadores con sus azadones toparon con una gran tumba de bronce, desmesuradamente larga, pues nunca pudieron encontrarle el fin, ya que se internaba demasiado bajo las esclusas de Vienne. Al abrir esta tumba en cierto lugar, sellada en la parte superior con la marca de una copa, alrededor de la cual estaba escrito en letras etruscas Hic Bibitur, encontraron nueve garrafas dispuestas en el orden en que suelen alinear sus toneles en Gascuña, de las cuales la que estaba en el centro tenía debajo un gran, gordo, enorme, gris, bonito, pequeño, mohoso, librito, que olía más fuerte, pero no mejor, que las rosas. En ese libro se halló escrita toda la genealogía, con letra de cancillería, no en papel, ni en pergamino, ni en cera, sino en la corteza de un olmo, aunque tan gastada por el largo paso del tiempo, que apenas podían distinguirse tres letras seguidas con claridad.

Yo (aunque indigno) fui llamado allí, y con mucha ayuda de esos anteojos con los que se practica el arte de leer escritos borrosos y letras que no aparecen claramente a la vista, como lo enseña Aristóteles, traduje el libro como pueden ver en su Pantagruelización, es decir, bebiendo con firmeza hasta saciar su propio corazón y leyendo los terribles y horroríficos hechos de Pantagruel. Al final del libro había un pequeño tratado titulado Las Fanfreluchas Antidotadas, o una Galimatía de ideas extravagantes. Las ratas y polillas, o (para no mentir) otras bestias malvadas, habían roído el principio: el resto lo he añadido aquí, por la reverencia que guardo a la antigüedad.