Gargantúa y Pantagruel · François Rabelais
Capítulo 1.II.
Capítulo 9 de 266 · 3 min de lectura
Las Fanfreluches Antidotadas: o, una Galimatía de Conceptos Extravagantes hallados en un antiguo Monumento.
Apenas el vencedor de los Cimbrios hubo atravesado el aire para evitar el rocío del verano, cuando, a su llegada, grandes cubas se llenaron de pura y fresca mantequilla destilada en lluvias. Con ella, cuando regaron a su abuela, exclamó en voz alta: ¡Eh, por favor, pesque usted, señor! Porque su barba está casi toda manchada; o, que le sostuviera una balanza, le rogaba.
Algunos decían que lamer su zapatilla era mucho mejor que obtener indulgencias, y el mérito aún mayor. Entretanto, se acercó un astuto tacaño, surgido de las profundidades donde pescan gobios; quien dijo: Buenos señores, salvemos algunos de ellos, la anguila está aquí, y en esta cueva hueca encontrarán, si nos detenemos a mirarla, un gran desperdicio en el fondo de su pelaje.
Al comenzar a leer este capítulo, no se halló en él más que cuernos de becerro; Siento, dijo él, que la mitra que sostiene mi cabeza la enfría tanto, que me hace resfriar el cerebro. Al calentarse con el aroma de un nabo, se protegió quedándose junto a las chimeneas, siempre que fabricaran un nuevo tiro para cada persona de cabeza atolondrada.
Hablaban del orificio de San Knowles, de Gilbathar y mil otros agujeros, si pudieran reducirse a un material áspero, tal que no fuera propenso a la tos: pues a todos les parecía indecoroso verlos así abiertos ante cada viento. Porque, si acaso se cerraran con destreza, podrían ser ofrecidos como prendas a los hombres.
En este arresto, Hércules desolló al cuervo a su regreso del puerto de Libia. ¿Por qué no estoy yo, dijo Minos, invitado allí? Salvo yo mismo, no falta ninguno: y entonces es su deseo que no les envíe más provisiones de ranas y ostras: si perdonan mi vida y se comportan con cortesía, cedo la venta de ruecas al diablo.
Para someterlo llega Q.B., quien cojeando se irrita ante el paso seguro de los astutos crackarets: el cernedor, primo del gran Cíclope, masacró a aquellos, mientras cada uno se limpiaba la nariz: pocos ingleses se crían en este barbecho, pero en el molino de un curtidor son aventados. Corran todos allá, suenan claras las alarmas, tendrán más que el año pasado.
Poco después, el ave de Júpiter resolvió hablar, aunque resultara funesto; pero temía, al verlos airados, que pudieran derribar el imperio por completo. Prefirió robar el fuego del cielo y llevarlo a los botes donde se vendían arenques rojos, antes que mostrarse apacible ante quienes buscan desafiarnos y esclavizarnos a las necias palabras de los Masoretas.
Todo esto finalmente concluyó gallardamente, a pesar de Ate y su muslo de garza, quien, sentada, vio a Pentesilea ser tomada, ya anciana, por una vendedora de berros. Todos exclamaron: Sapo carbonero inmundo, ¿te parece propio dejarte ver fuera? Has robado el estandarte romano, que ellos exhibían en harapos de pergamino.
Nació Juno, quien, bajo el arco iris, cazaba aves con su pato abajo: cuando la sorprendieron con tal artimaña que casi fue apaleada por ello. El trato era que, de ese bocado, recibiría de Proserpina dos huevos gratis; y si después la encontraban, sería atada a una colina de espinos.
Siete meses después, faltando veintidós, aquel que en la antigüedad destruyó la ciudad de Cartago, avanzó valientemente entre todos, reclamando su herencia; aunque ellos justamente hicieron la partición, según la decisión de la ley del ribete del zapato, distribuyendo abundancia de cervezas y carne a esos pobres que redactaron el escrito.
Pero llegará el año, signo de un arco turco, cinco husos hilados y también tres fondos de olla, en el que el trasero de un rey descortés será sazonado bajo el sayal de un ermitaño. ¡Ah! que por una sola hipócrita deban perderse tantas hectáreas. Basta, basta, esa careta puede quedarle a otro, retírense al hermano de la serpiente.
En tiempos pasados, aquel que es reinará con sus buenos amigos en paz, de tanto en tanto. Ningún príncipe temerario o impetuoso buscará entonces gobernar, cada uno tendrá el arbitraje de su voluntad; y el gozo, prometido desde antiguo como destino a los huéspedes del cielo, llegará en su faro. Entonces las yeguas de cría, que estaban entumecidas, cabalgarán allí triunfantes como palafrenes reales.
Y esto continuará de tiempo en tiempo, hasta que Marte sea encadenado por un crimen desconocido; entonces llegará uno que superará a los demás, encantador, agradable, sin igual, lleno de gracia. Anímense, acérquense a este banquete, todos mis fieles amigos; porque ha muerto aquel que no volvería por nada del mundo, tan enaltecido será entonces el tiempo pasado.
Aquel que fue hecho de cera alojará cada miembro junto a las bisagras de un bloque de madera. Ya no gritaremos más Maestro, maestro, al fanfarrón que sostiene la campana de alarma; si alguien lograra apoderarse del puñal que porta, las cabezas se librarían del zumbido en los oídos, para desbaratar todo el almacén de abusos. Así, adiós a Apolo y a las Musas.



