Gargantúa y Pantagruel · François Rabelais

Capítulo 2.XXIII.

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Cómo Pantagruel partió de París al enterarse de que los Dipsodos habían invadido la tierra de los Amaurotas; y la razón por la cual las leguas son tan cortas en Francia.

Poco tiempo después, Pantagruel recibió la noticia de que su padre Gargantúa había sido trasladado al país de las hadas por Morgana, como antes lo fueron Ogier y Arturo; así también, que al difundirse el rumor de su traslado, los Dipsodos habían salido más allá de sus fronteras, y con incursiones habían devastado gran parte de Utopía, y en ese mismo momento sitiaban la gran ciudad de los Amaurotas. Por lo cual, partiendo de París sin despedirse de nadie, pues el asunto requería diligencia, llegó a Ruan.

Ahora bien, Pantagruel, en su viaje, al notar que las leguas de ese pequeño territorio alrededor de París llamado Francia eran muy cortas en comparación con las de otros países, preguntó a Panurgo la causa y razón de ello, quien le contó una historia que Maroto del Lago, monje, dejó escrita en los Anales de los Reyes de Canarre, diciendo que en tiempos antiguos los países no se dividían en leguas, millas, estadios ni parasangas, hasta que el rey Faramundo los dividió, lo cual se hizo de la siguiente manera. Dicho rey escogió en París a cien jóvenes apuestos, gallardos, vigorosos, animosos y resueltos en los duelos de Cupido, junto con cien muchachas hermosas, graciosas, encantadoras y de buen semblante de Picardía, a quienes hizo agasajar y alimentar espléndidamente durante ocho días. Luego, habiéndolos llamado, entregó a cada uno de los jóvenes su doncella, con abundante dinero para sufragar los gastos, y esta orden además: ir a diversos lugares aquí y allá. Y dondequiera que biscotearan y trenzaran con sus doncellas, debían colocar una piedra, y eso se contaría como una legua. Así partieron aquellos valientes y alegres mozos muy contentos, y como estaban frescos y descansados, muy a menudo brincaban y retozaban casi en cada lindero de campo, y por eso las leguas alrededor de París son tan cortas. Pero cuando ya habían recorrido un buen trecho y estaban tan cansados como pobres diablos, con el aceite de sus lámparas casi agotado, ya no repicaban y retozaban tan seguido, sino que se contentaban (hablo por parte de los hombres) con una pobre y mezquina vez al día, y eso es lo que hace que las leguas en Bretaña, Delanes, Alemania y otros países más remotos sean tan largas. Otros dan diferentes razones para ello, pero esta me parece la mejor de todas. A lo cual Pantagruel estuvo gustoso de adherirse. Partiendo de Ruan, llegaron a Honfleur, donde embarcaron Pantagruel, Panurgo, Epistemo, Eusthenes y Carpalín.

En ese lugar, esperando un viento favorable y calafateando su barco, recibió de una dama de París, a quien él había mantenido y agasajado durante bastante tiempo, una carta dirigida en el exterior así: —Al más amado de las bellas mujeres, y al menos leal de los valientes hombres —P.N.T.G.R.L.