Los miserables · Victor Hugo

Chapter 5

Capítulo 66 de 171 · 1 min de lectura

=Cosas de la noche=

Después de marcharse los bandidos, la calle de Plumet volvió á tomar su tranquilo aspecto nocturno.

Lo que acababa de pasar en aquella calle no habría asombrado en un bosque.

El arbolado, los sotos, los brezos, las ramas ásperamente cruzadas, las hierbas crecidas, todo eso existe de una manera sombría; el hormigueo salvaje entrevé allí las súbitas apariciones de lo invisible; lo que está por debajo del hombre distingue á través de la bruma lo que está por encima del mismo; y las cosas ignoradas de nosotros, los vivos, se miran allí cara á cara, en la noche.

La naturaleza erizada y feroz se asusta á la aproximación de ciertas cosas en que ella cree adivinar lo sobrenatural.

Las fuerzas de la sombra se conocen, y tienen entre sí misteriosos equilibrios.

Los dientes y las garras temen lo que es inasible.

La bestialidad sedienta de sangre, los voraces apetitos hambrientos en busca de la presa, los instintos armados de uñas y mandíbulas, que tienen el vientre por principio y por fin, miran y husmean con inquietud el impasible perfil del espectro vagando bajo un sudario, de pie, envuelto en su temblorosa hopalanda, el cual les parece vivir una vida muerta y terrible.

Semejantes brutalidades, que no son sino materia, temen confusamente tener que habérselas con la inmensa obscuridad condensada en un ser desconocido.

Una figura negra, atravesándosele al paso, detiene instantáneamente á una bestia feroz.

Lo que sale del cementerio intimida y desconcierta á lo que surge del antro; lo feroz tiene miedo de lo siniestro; los lobos retroceden ante el encuentro de una boca abierta.