Los miserables · Victor Hugo

Chapter 5

Capítulo 81 de 171 · 2 min de lectura

=El anciano=

Digamos lo que había pasado.

Enjolrás y sus amigos estaban en el boulevard Bourdon, cerca del Pósito, en el momento en que los dragones dieron la carga.

Enjolrás, Courfeyrac y Combeferre eran del grupo que había seguido por la calle Bassompierre gritando: «¡Á las barricadas!».

En la calle Lesdiguieres habían encontrado á un anciano, que iba por allí, el cual les llamó la atención porque andaba haciendo eses como si estuviera bebido. Llevaba además el sombrero en la mano, á pesar de que había estado lloviendo toda la mañana, y aún seguía lloviendo bastante fuerte.

Courfeyrac reconoció en él al señor Mabeuf, á quien conocía por haber acompañado muchas veces á Mario á su casa.

Sabiendo las costumbres pacíficas y más que tímidas del antiguo obrero bibliófilo, y extrañando verle en medio de aquel tumulto, á dos pasos de las cargas de caballería, casi en medio del fuego, con la cabeza descubierta, lloviendo, y andando entre las balas, se le había dirigido, y el bullanguero de veinticinco años tuvo con el octogenario este diálogo:

—Señor Mabeuf, volveos á casa.

—¿Por qué?

—Porque va á haber jaleo.

—Bueno.

—Sablazos y tiros, señor Mabeuf.

—Bueno.

—Y cañonazos.

—Bueno. ¿Y adónde vais vosotros?

—Á derribar al gobierno.

—Está bien.

Y continuó andando con ellos sin volver á pronunciar otra palabra.

Su paso se había vuelto firme casi de repente; algunos obreros le habían ofrecido el brazo, y él había rehusado con un movimiento de cabeza. Iba casi en la primera fila de la columna, teniendo á la vez los movimientos de un hombre que anda y las apariencias del que duerme.

—¡Vaya un hombre templado!—murmuraban algunos estudiantes.

Corría entre el grupo el rumor de que era un antiguo convencional, un viejo regicida.

El grupo había tomado por la calle de la Verrerie.

Gavrochillo iba delante cantando su marcha á grito herido, de suerte que venía á ser como el corneta.

Decía así:

Mira ya salió la luna, ¿Cuándo nos vamos al bosque? Dice Carlos á Carlota. Tú tú tú, Por Chatú. Sin más que un Dios, un rey, un cuarto y una bota.

Por beber, van de mañana, Como tomillo y rocío, Dos mirlos de chirigota. Sí sí sí, Por Passy. Sin más que un Dios, un rey, un cuarto y una bota.

Y á aquellos dos lobeznuelos, Embriagados como mirlos, Decía un tigre chacota: Don don don, á Meudon. Con sólo un Dios, un rey, un cuarto y una bota.

Jura el uno y clama el otro, ¿Cuándo nos vamos del bosque? Carlos pregunta á Carlota. Tin tin tin, Por Partin. Con sólo un Dios, un rey, un cuarto y una bota.

Dirigíanse á San Merry.