Los miserables · Victor Hugo
Chapter 5
Capítulo 87 de 171 · 3 min de lectura
=Los preparativos=
Los periódicos de aquel tiempo, que dijeron que la barricada de la calle de la Chanvrerie, aquella construcción casi inexpugnable, como la llamaban, llegaba á la altura de los primeros pisos, se equivocaron. No pasaba de seis ó siete pies, término medio.
Estaba construida de manera que los combatientes pudiesen, á voluntad, ocultarse detrás, ó dominar el paso, y aún subir á la cima por medio de una cuádruple fila de adoquines sobrepuestos, y colocados á manera de gradas interiormente.
Por fuera, el frente de la barricada, compuesta de pilas de adoquines y de toneles, unidos por medio de vigas y tablas que se encabestraban en las ruedas del carro del calero Anceau y del ómnibus, presentaba el aspecto de un obstáculo erizado é inextricable.
Una cortadura suficiente para que un hombre pudiese pasar por ella, dejaba espacio suficiente entre el extremo de la barricada más apartado del bodegón y las casas, de modo que era posible hacer una salida.
La lanza del ómnibus estaba puesta verticalmente; y á ella, atada con cuerdas, una bandera roja flotando sobre la barricada.
La pequeña barricada Mondetour, oculta detrás de la casa del figón, no se veía. Las dos barricadas reunidas formaban un verdadero reducto.
Enjolrás y Courfeyrac no habían creído conveniente hacer otra en el segundo extremo de la calle Mondetour, que abre paso á la calle de Predicadores para salir al mercado, queriendo sin duda conservar la posibilidad de una comunicación con el exterior, y temiendo poco el ser atacados por la peligrosa y difícil callejuela de los Predicadores.
Con esta salida libre, que constituía lo que Folar en su estilo estratégico hubiera llamado ramal de trinchera, y con la estrecha cortadura de la calle de la Chanvrerie, el interior de la barricada, en que el figón hacía un ángulo saliente, presentaba un cuadrilátero irregular, cerrado por todas partes.
Había unos veinte pasos de intervalo entre el muro de la barricada y las elevadas casas que formaban el fondo de la calle; de modo que se podía decir que la barricada estaba apoyada en aquellas casas, todas habitadas, pero cerradas de arriba á abajo.
Toda esta obra se hizo sin el menor obstáculo en menos de una hora, y sin que aquel puñado de hombres atrevidos viese aparecer una gorra de pelo ni una bayoneta.
Los pocos paisanos que se atrevían á pasar en aquel instante del motín por la calle de San Dionisio, daban una mirada á la calle Chavrerie, veían la barricada, y apretaban el paso.
Terminadas que fueron las dos barricadas, y enarbolada la bandera, se sacó una mesa fuera del bodegón y se subió en ella Courfeyrac.
Enjolrás trajo el cofre cuadrado, que estaba lleno de cartuchos, y Courfeyrac lo abrió.
Cuando aparecieron los cartuchos, temblaron los más valientes y hubo un momento de silencio.
Courfeyrac los distribuyó sonriendo.
Cada uno recibió treinta cartuchos.
Muchos tenían pólvora, y se pusieron á hacer más con las balas que se estaban fundiendo en el bodegón.
En cuanto al barril de pólvora, estaba sobre una mesa aparte cerca de la puerta; y se guardó en reserva.
El toque de llamada que recorría todo París no cesaba, pero había acabado por no ser más que un ruido monótono del que nadie hacía caso; un ruido que se aproximaba, ó se alejaba, con lúgubres ondulaciones.
Cargaron los fusiles y las carabinas todos á la vez, sin precipitación, con gravedad solemne.
Enjolrás colocó tres centinelas fuera de las barricadas; uno en la calle de la Chanvrerie, otro en la calle de Predicadores, y el tercero en la esquina de la Petite-Truanderie.
Construidas las barricadas, designados los puestos, cargados los fusiles, colocados los centinelas, solos en aquellas calles temibles, por donde no pasaba ya nadie, rodeados de aquellas casas mudas, y como muertas, donde no palpitaba el menor movimiento humano, envueltos en las sombras crecientes del crepúsculo que empezaba ya en medio de aquella obscuridad y de aquel silencio en que se sentía avanzar algo que tenía cierto sabor trágico y terrorífico, aislados, armados, resueltos, y tranquilos, esperaron.



