Los miserables · Victor Hugo
Chapter 3
Capítulo 96 de 171 · 1 min de lectura
=Más le hubiera valido á Gavroche tomar la carabina de Enjolrás=
Cubriose el cuerpo del señor Mabeuf con un viejo pañuelo negro de la viuda Hucheloup; seis hombres hicieron con sus fusiles una camilla de campaña, colocaron en ella el cadáver, y la llevaron, descubierta la cabeza, con solemne lentitud, á la mesa grande de la sala baja.
Aquellos hombres comprometidos en la sagrada y grave empresa que estaban realizando, no se acordaban de su peligrosa situación.
Cuando el cadáver pasó junto á Javert, que continuaba impasible, Enjolrás dijo al espía:
—¡Y tú enseguida!
Entre tanto, Gavrochillo, único que no había abandonado su puesto, quedándose en observación, creyó ver algunos hombres que se acercaban como lobos á la barricada. De repente exclamó:
—¡Desconfiad!
Courfeyrac, Enjolrás, Juan Prouvaire, Combeferre, Joly, Bahorel y Bossuet, todos salieron en tumulto de la taberna.
Era ya casi tarde.
Veíase un gran espesor de bayonetas serpenteando sobre la barricada.
Guardias municipales, de buena talla, penetraban, unos saltando el ómnibus, otros por la cortadura, empujando al pilluelo, que retrocedía, pero sin huir.
El momento era crítico. Era el primer minuto terrible de la inundación cuando el río se eleva al nivel de sus barreras, y el agua empieza á filtrarse por las hendiduras de los diques.
Un momento más, y la barricada estaba perdida sin remedio.
Bahorel se lanzó sobre el primer guardia, y le mató de un tiro con su carabina, á quema-ropa; el segundo mató á Bahorel de un bayonetazo.
Otro había derribado á Courfeyrac, que gritaba: ¡Á mí!
El más alto de todos, una especie de coloso, se dirigía contra Gavroche con la bayoneta calada.
El pilluelo cogió con sus pequeñas manos el enorme fusil de Javert, apuntó resueltamente al gigante, y dejó caer el gatillo; pero el tiro no salió.
El guardia soltó una carcajada y levantó la bayoneta sobre el muchacho.
Pero antes que hubiera podido tocarle, el fusil se escapó de manos del soldado, cayendo éste de espaldas herido de un balazo en la frente.
Una segunda bala daba en mitad del pecho del otro guardia que había acometido á Courfeyrac.
Era Mario que acababa de aparecer en la barricada.



