Cartas a Lucilio · Seneca

Carta 16: Sobre la filosofía, guía de la vida

Capítulo 16 de 124 · 2 min de lectura

1. Te es claro, estoy seguro, Lucilio, que ningún hombre puede vivir una vida feliz, ni siquiera soportable, sin el estudio de la sabiduría; también sabes que se alcanza una vida feliz cuando nuestra sabiduría se completa, pero que la vida al menos es soportable incluso cuando apenas hemos comenzado a adquirirla. Sin embargo, esta idea, por clara que sea, debe ser fortalecida e implantada más profundamente mediante la reflexión diaria; es más importante que mantengas las resoluciones que ya has tomado que seguir haciendo otras nuevas y nobles. Debes perseverar, debes desarrollar nuevas fuerzas mediante el estudio continuo, hasta que esa buena inclinación se convierta en un propósito firme y asentado.

2. Por eso ya no necesitas venir a mí con muchas palabras y protestas; sé que has hecho grandes progresos. Entiendo los sentimientos que impulsan tus palabras; no son fingidas ni aparentes. Sin embargo, te diré lo que pienso: por ahora tengo esperanzas en ti, pero aún no una confianza perfecta. Y quisiera que adoptaras la misma actitud contigo mismo; no hay razón para que confíes en ti demasiado pronto y con demasiada facilidad. Examínate; escrútate y obsérvate de diversas maneras; pero fíjate, ante todo, si has progresado en la filosofía o solo en la vida misma.

3. La filosofía no es un truco para atraer al público; no está ideada para el espectáculo. Es cuestión, no de palabras, sino de hechos. No se persigue para que el día nos brinde algún entretenimiento antes de terminar, ni para que nuestro ocio se vea aliviado de un tedio que nos fastidia. Moldea y construye el alma; ordena nuestra vida, guía nuestra conducta, nos muestra lo que debemos hacer y lo que debemos dejar de hacer; se sienta al timón y dirige nuestro rumbo cuando vacilamos entre incertidumbres. Sin ella, nadie puede vivir sin temor o en paz mental. Incontables cosas que suceden a cada hora requieren consejo; y tal consejo debe buscarse en la filosofía.

4. Quizá alguien diga: “¿De qué me sirve la filosofía, si existe el destino? ¿De qué sirve la filosofía, si Dios gobierna el universo? ¿De qué sirve, si el azar lo rige todo? Pues no solo es imposible cambiar lo que está determinado, sino que también es imposible prever lo que no lo está; o bien Dios se ha anticipado a mis planes y ha decidido lo que he de hacer, o bien la fortuna no deja libertad a mis proyectos.”