Cartas a Lucilio · Seneca

Carta 17: Sobre la filosofía y las riquezas

Capítulo 17 de 124 · 1 min de lectura

1. Deshazte de todo eso, si eres sabio; o mejor aún, para que llegues a serlo; esfuérzate con toda tu energía y a la máxima velocidad por alcanzar una mente sana. Si algún lazo te retiene, desátalo o rómpelo. "Pero", dices, "mi patrimonio me retrasa; deseo disponer de él de tal manera que me baste cuando ya no tenga ocupaciones, para que la pobreza no sea una carga para mí, ni yo lo sea para los demás."

2. Cuando dices esto, parece que no conoces la fuerza y el poder de ese bien que estás considerando. Ciertamente comprendes lo esencial, el gran beneficio que otorga la filosofía, pero aún no distingues con precisión sus diversas funciones, ni sabes cuán grande es la ayuda que recibimos de la filosofía en todo, en cualquier lugar; cómo, para usar las palabras de Cicerón, no solo nos socorre en los asuntos más importantes, sino que también desciende a los más pequeños. Hazme caso; consulta a la sabiduría; ella te aconsejará que no permanezcas eternamente sentado ante tus cuentas.

3. Sin duda, tu objetivo, aquello que deseas lograr posponiendo tus estudios, es no tener que temer a la pobreza. Pero, ¿y si resulta que es algo que conviene desear? Las riquezas han apartado a muchos hombres de alcanzar la sabiduría; la pobreza está libre de cargas y de preocupaciones. Cuando suena la trompeta, el pobre sabe que no es a él a quien atacan; cuando se grita "¡Fuego!", solo busca una vía de escape y no se pregunta qué puede salvar; si el pobre debe embarcarse, el puerto no resuena ni los muelles se agitan con el séquito de un solo individuo. Ninguna multitud de esclavos rodea al pobre —esclavos para cuyas bocas el amo debe codiciar las fértiles cosechas de regiones más allá del mar.

4. Es fácil llenar unos pocos estómagos, cuando están bien acostumbrados y no desean otra cosa que ser llenados. El hambre cuesta poco; el capricho cuesta mucho. La pobreza se conforma con satisfacer las necesidades apremiantes.