Cartas a Lucilio · Seneca
Carta 19: Sobre la mundanidad y el retiro
Capítulo 19 de 124 · 2 min de lectura
1. Salto de alegría cada vez que recibo cartas tuyas. Pues me llenan de esperanza; ya no son simples promesas acerca de ti, sino garantías. Y te ruego y suplico que sigas por este camino; ¿qué mejor petición podría hacerle a un amigo que una que es en beneficio suyo? Si es posible, aléjate de todos los asuntos de los que hablas; y si no puedes hacerlo, arráncate de ellos. Ya hemos disipado suficiente tiempo; comencemos en la vejez a empacar nuestro equipaje.
2. Seguramente no hay nada en esto que los hombres puedan envidiarnos. Hemos pasado nuestra vida en alta mar; muramos en el puerto. No es que te aconseje buscar la fama por tu retiro; el retiro de uno no debe ni ostentarse ni ocultarse. No ocultarse, digo, pues no llegaré al extremo de instarte a que condenes a todos los hombres como locos y luego busques para ti un escondite y el olvido; más bien haz que tu retiro no sea llamativo, aunque sí evidente.
3. En segundo lugar, mientras aquellos cuya elección es libre desde el principio deliberarán sobre esa otra cuestión, si desean pasar su vida en la oscuridad, en tu caso no hay una elección libre. Tu capacidad y energía te han arrojado al trabajo del mundo; también el encanto de tus escritos y las amistades que has hecho con hombres famosos y notables. La fama ya te ha conquistado. Puedes sumergirte en las profundidades de la oscuridad y ocultarte por completo; sin embargo, tus acciones anteriores te delatarán.
4. No puedes seguir acechando en la oscuridad; gran parte del antiguo brillo te seguirá dondequiera que vayas. Puedes reclamar la paz para ti mismo sin que nadie te deteste, sin ningún sentimiento de pérdida y sin ningún remordimiento de espíritu. ¿Qué dejarás atrás que puedas imaginar que te costaría dejar? ¿Tus clientes? Pero ninguno de esos hombres te busca por ti mismo; solo buscan algo de ti. Antes la gente buscaba amigos, pero ahora buscan dinero; si un anciano solitario cambia su testamento, el visitante matutino se traslada a otra puerta. Las grandes cosas no pueden comprarse por pequeñas sumas; así que considera si es preferible dejar tu verdadero yo, o simplemente algunas de tus pertenencias.
5. ¡Ojalá hubieras tenido el privilegio de envejecer en las circunstancias limitadas de tu origen, y que la fortuna no te hubiera elevado a tales alturas! Fuiste apartado de la visión de una vida saludable por tu rápido ascenso a la prosperidad, por tu provincia, por tu cargo de procurador y por todo lo que tales cosas prometen; después adquirirás deberes más importantes y luego aún más. ¿Y cuál será el resultado? ¿Por qué esperar hasta que no quede nada que desear? Ese momento nunca llegará. Sostenemos que hay una sucesión de causas, de las cuales se teje el destino; de igual manera, puedes estar seguro, hay una sucesión en nuestros deseos; pues uno comienza donde termina el anterior. Has sido arrojado a una existencia que nunca por sí misma pondrá fin a tu miseria y tu esclavitud. Retira tu cuello lastimado del yugo; es mejor que se corte de una vez por todas, que estar siempre lastimado. Si te retiras a la vida privada, todo será en menor escala, pero estarás abundantemente satisfecho; en tu condición actual, sin embargo, no hay satisfacción en la abundancia que te rodea por todos lados. ¿Preferirías ser pobre y estar saciado, o rico y hambriento? La prosperidad no solo es codiciosa, sino que también está expuesta a la codicia de otros. Y mientras nada te satisfaga, tú mismo no podrás satisfacer a los demás.



