Cartas a Lucilio · Seneca
Carta 32: Sobre el progreso
Capítulo 32 de 124 · 1 min de lectura
1. He estado preguntando por ti, indagando a todos los que vienen de tu región sobre qué haces, dónde pasas tu tiempo y con quién. No puedes engañarme; porque estoy contigo. Vive como si yo estuviera seguro de recibir noticias de tus acciones, es más, como si estuviera seguro de presenciarlas. Y si te preguntas qué es lo que más me agrada de lo que oigo acerca de ti, es precisamente que no oigo nada, que la mayoría de aquellos a quienes pregunto no saben qué estás haciendo.
2. Esta es una práctica sensata: abstenerse de relacionarse con hombres de carácter y propósitos distintos. Y en verdad confío en que no podrás ser desviado, que te mantendrás firme en tu propósito, aunque la multitud te rodee y busque distraerte. ¿Qué es, entonces, lo que me preocupa? No temo que ellos logren cambiarte; pero sí temo que puedan obstaculizar tu progreso. Y mucho daño causa incluso aquel que solo te retrasa, especialmente porque la vida es tan corta; y nosotros la acortamos aún más con nuestra inconstancia, comenzando una y otra vez la vida, ahora de una forma y enseguida de otra. Fragmentamos la vida en pequeños trozos y la desperdiciamos.
3. Apresúrate, entonces, queridísimo Lucilio, y reflexiona cuánto acelerarías tu paso si tuvieras a un enemigo detrás, o si sospecharas que la caballería se acerca y te pisa los talones mientras huyes. Es cierto; el enemigo realmente te acecha; por lo tanto, debes aumentar tu velocidad, escapar y llegar a un lugar seguro, recordando siempre cuán noble es completar tu vida antes de que llegue la muerte, y luego esperar en paz el tiempo que reste, sin reclamar nada para ti, ya que posees la vida feliz; pues tal vida no es más dichosa por ser más larga.



