Cartas a Lucilio · Seneca

Carta 45: Sobre la argumentación sofística

Capítulo 45 de 124 · 3 min de lectura

1. Te quejas de que en tu región hay escasez de libros. Pero lo que importa es la calidad, no la cantidad; una lista limitada de lecturas es provechosa; una variedad demasiado amplia solo sirve para el deleite. Quien desea llegar al destino señalado debe seguir un solo camino y no deambular por muchos senderos. Lo que tú propones no es viajar, sino simplemente vagar.

2. "Pero", dices, "preferiría que me dieras consejos antes que libros". Aun así, estoy dispuesto a enviarte todos los libros que tengo, a vaciar todo mi almacén. Si fuera posible, yo mismo me reuniría contigo allí; y si no fuera por la esperanza de que pronto concluirás tu cargo, me habría impuesto este viaje de anciano; ni Escila ni Caribdis ni sus legendarios estrechos me habrían ahuyentado. No solo habría cruzado, sino que habría estado dispuesto a nadar esas aguas, con tal de saludarte y juzgar en tu presencia cuánto has crecido en espíritu.

3. Sin embargo, tu deseo de que te envíe mis propios escritos no me hace considerarme erudito, más de lo que una solicitud de mi retrato halagaría mi belleza. Sé que esto se debe más a tu afecto que a tu juicio. Y aun si fuera resultado de tu juicio, fue la caridad la que te llevó a formarlo.

4. Pero cualquiera que sea la calidad de mis obras, léelas como si yo aún estuviera buscando, y no conociera la verdad, y la buscara con obstinación, además. Pues no me he vendido a ningún hombre; no llevo el nombre de ningún maestro. Doy mucho crédito al juicio de los grandes hombres; pero también reclamo algo para el mío propio. Porque estos hombres, igualmente, nos han dejado no descubrimientos definitivos, sino problemas cuya solución aún debe buscarse. Quizá habrían descubierto lo esencial, si no hubieran buscado también lo superfluo.

5. Perdieron mucho tiempo discutiendo sobre palabras y en argumentaciones sofísticas; todo ese tipo de cosas ejercita el ingenio sin propósito alguno. Atamos nudos y enredamos palabras en dobles sentidos, y luego intentamos desatarlos. ¿Tenemos suficiente tiempo libre para esto? ¿Acaso ya sabemos cómo vivir, o cómo morir? Deberíamos más bien avanzar con toda el alma hacia el punto donde es nuestro deber cuidar de no ser engañados tanto por las cosas como por las palabras.

6. ¿Por qué, te ruego, discriminas entre palabras similares, cuando nadie se deja engañar por ellas salvo durante la discusión? Son las cosas las que nos extravían: es entre las cosas donde debes discriminar. Abrazamos el mal en lugar del bien; pedimos en oración algo opuesto a lo que antes habíamos pedido. Nuestras oraciones chocan con nuestras oraciones, nuestros planes con nuestros planes.

7. ¡Cuán parecida es la adulación a la amistad! No solo imita la amistad, sino que la supera, la adelanta en la carrera; con oídos bien abiertos y complacientes es recibida y se hunde en lo más profundo del corazón, y agrada precisamente en aquello en que hace daño. ¡Muéstrame cómo puedo ver a través de esta semejanza! Un enemigo se me acerca lleno de halagos, con apariencia de amigo. Los vicios se infiltran en nuestros corazones bajo el nombre de virtudes, la temeridad se esconde bajo el nombre de valentía, la moderación se llama pereza, y al cobarde se le considera prudente; hay gran peligro si nos equivocamos en estos asuntos. Así que márcalos con etiquetas especiales.

8. Además, el hombre a quien se le pregunta si tiene cuernos en la cabeza no es tan necio como para palparse la frente, ni tampoco tan simple o torpe como para que puedas convencerlo, por medio de argumentaciones por sutiles que sean, de que desconoce la realidad. Tales sutilezas son tan inofensivamente engañosas como el juego de cubiletes y dados del prestidigitador, en el que es precisamente el engaño lo que me agrada. Pero si me muestras cómo se hace el truco, pierdo el interés. Y opino lo mismo sobre estos juegos de palabras engañosos; ¿pues con qué otro nombre se pueden llamar tales sofismas? No conocerlos no hace daño, y dominarlos no trae ningún bien.