Cartas a Lucilio · Seneca

Carta 46: Sobre un nuevo libro de Lucilio

Capítulo 46 de 124 · 1 min de lectura

1. Recibí el libro tuyo que me habías prometido. Lo abrí apresuradamente con la intención de hojearlo en algún momento de ocio; pues solo pensaba probar el volumen. Pero, por su propio encanto, el libro me persuadió a recorrerlo con mayor detenimiento. De este hecho puedes deducir cuán elocuente era; pues parecía estar escrito con un estilo fluido, y sin embargo no se asemejaba a tu obra ni a la mía, sino que, a primera vista, podría haberse atribuido a Tito Livio o a Epicuro. Además, quedé tan impresionado y cautivado por su atractivo que lo terminé sin demora alguna. La luz del sol me llamaba, el hambre me advertía y las nubes se cernían; pero absorbí el libro de principio a fin.

2. No solo me agradó; me regocijé. ¡Tan lleno de ingenio y vivacidad estaba! Habría añadido “fuerza”, si el libro hubiera contenido momentos de reposo, o si solo hubiera alcanzado energía en intervalos. Pero encontré que no había estallidos de fuerza, sino un flujo constante, un estilo vigoroso y casto. Sin embargo, noté de vez en cuando tu dulzura, y aquí y allá esa suavidad tuya. Tu estilo es elevado y noble; quiero que te mantengas en esta manera y en esta dirección. Tu tema también aportó algo; por eso debes elegir asuntos fecundos, que capten la mente y la despierten.

3. Discutiré el libro con mayor detalle después de una segunda lectura; mientras tanto, mi juicio está algo indeciso, como si lo hubiera escuchado leer en voz alta y no lo hubiera leído yo mismo. Debes permitirme examinarlo también. No temas; escucharás la verdad. ¡Afortunado tú, que no das ocasión a nadie de mentirte desde tan lejos! A menos que, quizá, aun ahora, cuando se eliminan los pretextos para mentir, la costumbre sirva de excusa para que nos mintamos unos a otros. Adiós.