Cartas a Lucilio · Seneca
Carta 5: El justo medio del filósofo
Capítulo 5 de 124 · 2 min de lectura
1. Te felicito y me alegra saber que eres constante en tus estudios, y que, dejando todo lo demás de lado, te esfuerzas cada día por ser un hombre mejor. No solo te exhorto a que perseveres; en realidad, te lo ruego. Sin embargo, te advierto que no actúes como aquellos que buscan llamar la atención más que mejorar, haciendo cosas que provoquen comentarios acerca de tu vestimenta o tu modo de vida en general.
2. Deben evitarse las ropas desagradables, el cabello descuidado, la barba desaliñada, el desprecio abierto por los platos de plata, el lecho sobre la tierra desnuda y cualquier otra forma desviada de exhibicionismo. El simple nombre de la filosofía, aunque se practique discretamente, ya es objeto de suficiente desprecio; ¿y qué sucedería si comenzáramos a apartarnos de las costumbres de nuestros semejantes? Interiormente, debemos ser diferentes en todos los aspectos, pero nuestro exterior debe adecuarse a la sociedad.
3. No lleves una toga demasiado fina, pero tampoco demasiado descuidada. No se necesita vajilla de plata incrustada y repujada en oro macizo; pero tampoco debemos creer que la ausencia de plata y oro es prueba de una vida sencilla. Tratemos de mantener un nivel de vida más elevado que el de la multitud, pero no uno opuesto; de lo contrario, ahuyentaremos y alejaremos precisamente a quienes intentamos mejorar. Además, provocamos que no quieran imitarnos en nada, por temor a verse obligados a imitarnos en todo.
4. Lo primero que la filosofía se propone dar es sentimiento de fraternidad con todos los hombres; en otras palabras, simpatía y sociabilidad. Nos apartamos de nuestra promesa si somos diferentes de los demás hombres. Debemos procurar que los medios por los cuales deseamos atraer admiración no sean absurdos ni odiosos. Nuestro lema, como sabes, es "Vivir conforme a la Naturaleza"; pero es totalmente contrario a la naturaleza torturar el cuerpo, rechazar la elegancia sencilla, ser deliberadamente sucios, o comer alimentos que no solo sean simples, sino repugnantes y desagradables. Así como es señal de lujo buscar manjares exquisitos, también es una locura evitar lo que es habitual y puede adquirirse sin gran costo. La filosofía exige una vida sencilla, pero no penitencia; y perfectamente podemos ser sencillos y pulcros al mismo tiempo. Este es el término medio que apruebo; nuestra vida debe observar un feliz equilibrio entre la forma de ser de un sabio y la del resto del mundo; todos deben admirarla, pero también comprenderla.



