Cartas a Lucilio · Seneca

Carta 58: Sobre el ser

Capítulo 58 de 124 · 11 min de lectura

1. Qué escasa de palabras es nuestra lengua, o mejor dicho, qué pobre, no lo había comprendido del todo hasta hoy. Sucedió que estábamos hablando de Platón, y surgieron mil temas de discusión que necesitaban nombres y no los tenían; y hubo otros que alguna vez los tuvieron, pero han perdido sus palabras porque fuimos demasiado delicados en su uso. Pero, ¿quién puede permitirse ser delicado en medio de la pobreza?

2. Hay un insecto, llamado por los griegos oestrus, que vuelve locos a los ganados y los dispersa por todos sus pastizales; solía llamarse asilo en nuestra lengua, como puedes creer por la autoridad de Virgilio:— Cerca de los bosques de Silaro, y también en las sombras de Alburno, de robles cubiertos de verde, revolotea un insecto, llamado Asilo por los romanos; en griego la palabra se traduce oestrus. Con un sonido áspero y estridente zumba y enloquece a los rebaños aterrados por los bosques.

3. Por lo cual deduzco que la palabra ha caído en desuso. Y, para no hacerte esperar demasiado, había ciertas palabras simples en uso, como cernere ferro inter se, como lo probará de nuevo Virgilio:— Grandes héroes, nacidos en diversas tierras, habían venido a resolver sus asuntos mutuamente con la espada. Este “resolver asuntos” ahora lo expresamos con decernere. La palabra sencilla ha quedado obsoleta.

4. Los antiguos solían decir iusso, en vez de iussero, en las cláusulas condicionales. No tienes que creer solo en mi palabra, puedes volver a consultar a Virgilio:— Los otros soldados conducirán la lucha conmigo, donde yo lo ordene.

5. No es mi propósito mostrar, con esta serie de ejemplos, cuánto tiempo he perdido en el estudio del lenguaje; solo quiero que comprendas cuántas palabras, que estaban en uso en las obras de Ennio y Accio, se han enmohecido con la edad; mientras que incluso en el caso de Virgilio, cuyas obras se exploran a diario, algunas de sus palabras nos han sido arrebatadas.

6. Dirás, supongo: “¿Cuál es el propósito y sentido de este preámbulo?” No te dejaré en la oscuridad; deseo, si es posible, decirte la palabra essentia y obtener una acogida favorable. Si no puedo lograrlo, me arriesgaré aunque te disguste. Tengo a Cicerón como autoridad para el uso de esta palabra, y lo considero una autoridad poderosa. Si deseas un testimonio de fecha posterior, citaré a Fabianus, cuidadoso en el habla, cultivado y tan pulido en el estilo que agradará incluso a nuestros gustos más exigentes. ¿Qué podemos hacer, mi querido Lucilio? ¿De qué otra manera podemos encontrar una palabra para lo que los griegos llaman οὐσία, algo que es indispensable, algo que es el sustrato natural de todo? Te ruego, por tanto, que me permitas usar esta palabra essentia. Sin embargo, me esforzaré por ejercer el privilegio que me has concedido con la mayor moderación posible; tal vez me contente con el mero derecho.

7. Pero, ¿de qué me servirá tu indulgencia si, he aquí, de ninguna manera puedo expresar en latín el significado de la palabra que me dio la oportunidad de quejarme de la pobreza de nuestra lengua? Y condenarás aún más nuestros estrechos límites romanos cuando descubras que hay una palabra de una sola sílaba que no puedo traducir. “¿Cuál es esa?”, preguntas. Es la palabra ὄν. Crees que me falta facilidad; piensas que la palabra está al alcance de la mano, que podría traducirse por quod est. Sin embargo, noto una gran diferencia; me estás obligando a traducir un sustantivo por un verbo.

8. Pero si debo hacerlo, la traduciré por quod est. Hay seis maneras en que Platón expresa esta idea, según un amigo nuestro, hombre de gran erudición, quien mencionó el hecho hoy. Y te las explicaré todas, si antes me permites señalar que hay algo llamado género y algo llamado especie. Por ahora, sin embargo, estamos buscando la idea primaria de género, de la cual dependen los otros, las diferentes especies, que es la fuente de toda clasificación, el término bajo el cual se abarcan las ideas universales. Y la idea de género se alcanzará si comenzamos a retroceder desde los particulares; pues de este modo seremos conducidos de vuelta a la noción primaria.

9. Ahora bien, “hombre” es una especie, como dice Aristóteles; también lo es “caballo” o “perro”. Debemos, por tanto, descubrir algún vínculo común para todos estos términos, uno que los abarque y los mantenga subordinados a sí mismo. ¿Y cuál es este? Es “animal”. Y así comienza a haber un género “animal”, que incluye todos estos términos: “hombre”, “caballo” y “perro”.

10. Pero hay ciertas cosas que tienen vida (anima) y, sin embargo, no son “animales”. Pues se acepta que las plantas y los árboles poseen vida, y por eso hablamos de que viven y mueren. Por lo tanto, el término “seres vivos” ocupará un lugar aún más alto, porque tanto los animales como las plantas están incluidos en esta categoría. Sin embargo, ciertos objetos carecen de vida, como las rocas. Por lo tanto, habrá otro término que preceda a “seres vivos”, y ese es “sustancia”. Clasificaré la “sustancia” diciendo que todas las sustancias son animadas o inanimadas.

11. Pero aún hay algo superior a la “sustancia”; pues hablamos de ciertas cosas como poseedoras de sustancia, y de otras como carentes de sustancia. ¿Cuál será, entonces, el término del que derivan estas cosas? Es aquello a lo que recientemente dimos un nombre inadecuado, “lo que existe”. Porque usando este término serán divididas en especies, de modo que podamos decir: lo que existe o posee, o carece de, sustancia.

12. Esto, por tanto, es lo que es el género: el primario, original y (jugando con la palabra) “general”. Por supuesto, existen otros géneros: pero son géneros “especiales”: “hombre” es, por ejemplo, un género. Porque “hombre” comprende especies: por naciones,—griego, romano, parto; por colores,—blanco, negro, amarillo. El término también comprende individuos: Catón, Cicerón, Lucrecio. Así, “hombre” entra en la categoría de género, en tanto incluye muchas clases; pero en tanto está subordinado a otro término, cae en la categoría de especie. Pero el género “lo que existe” es general, y no tiene ningún término superior a él. Es el primer término en la clasificación de las cosas, y todas las cosas están incluidas bajo él.

13. Los estoicos antepondrían a este aún otro género, incluso más primario; sobre el cual hablaré de inmediato, después de demostrar que el género que se ha discutido antes ha sido justamente colocado en primer lugar, siendo, como es, capaz de incluirlo todo. 14. Por lo tanto, distribuyo “lo que existe” en estas dos especies: cosas con, y cosas sin, sustancia. No hay una tercera clase. ¿Y cómo distribuyo la “sustancia”? Diciendo que es animada o inanimada. ¿Y cómo distribuyo lo “animado”? Diciendo: “Ciertas cosas tienen mente, mientras que otras solo tienen vida.” O la idea puede expresarse así: “Ciertas cosas tienen el poder de moverse, de avanzar, de cambiar de posición, mientras que otras están enraizadas en el suelo; se alimentan y crecen solo a través de sus raíces.” De nuevo, ¿en qué especies divido a los “animales”? Son perecederos o imperecederos. 15. Algunos estoicos consideran que el género primario es el “algo”. Añadiré las razones que dan para su creencia; dicen: “en el orden de la naturaleza algunas cosas existen, y otras no existen. Y aun las cosas que no existen son realmente parte del orden de la naturaleza. Cuáles son estas, vendrán fácilmente a la mente, por ejemplo, centauros, gigantes y todas las demás invenciones de razonamientos insanos, que han comenzado a tener una forma definida, aunque no tengan consistencia corporal.”

18. La tercera clase está compuesta por aquellas cosas que existen en el sentido propio del término; son incontables en número, pero se encuentran más allá de nuestra vista. "¿Cuáles son estas?" preguntas. Son, por así decirlo, el mobiliario propio de Platón; él las llama "ideas", y de ellas se crean todas las cosas visibles, y según su modelo se forman todas las cosas. Son inmortales, inmutables, inviolables.

19. Y esta "idea", o más bien, la concepción que Platón tiene de ella, es la siguiente: "La 'idea' es el modelo eterno de aquellas cosas que son creadas por la naturaleza." Explicaré esta definición, para presentarte el tema con mayor claridad: Supón que deseo hacer un retrato tuyo; poseo en tu propia persona el modelo de este cuadro, del cual mi mente recibe cierto contorno, que debe plasmar en su propia obra. Esa apariencia exterior, entonces, que me da instrucción y guía, ese modelo que debo imitar, es la "idea". Por lo tanto, la naturaleza posee tales modelos en número infinito —de hombres, peces, árboles— según cuyo patrón se elabora todo lo que la naturaleza ha de crear.

20. En cuarto lugar pondremos la "forma". Y si quieres saber qué significa "forma", debes prestar mucha atención, y pedirle cuentas a Platón, no a mí, por la dificultad del tema. Sin embargo, no podemos hacer distinciones sutiles sin encontrarnos con dificultades. Hace un momento utilicé al artista como ejemplo. Cuando el artista deseaba reproducir a Virgilio en colores, miraba al propio Virgilio. La "idea" era la apariencia exterior de Virgilio, y este era el modelo de la obra que se proponía. Aquello que el artista toma de esta "idea" y ha plasmado en su propia obra, es la "forma". ¿Me preguntas dónde está la diferencia? La primera es el modelo; la segunda es la figura tomada del modelo y encarnada en la obra. Nuestro artista sigue una, pero crea la otra. Una estatua tiene cierta apariencia externa; esta apariencia externa de la estatua es la "forma". Y el modelo mismo tiene cierta apariencia externa, al contemplar la cual el escultor ha modelado su estatua; esta es la "idea". Si deseas una distinción adicional, diré que la "forma" está en la obra del artista, la "idea" fuera de su obra, y no solo fuera, sino anterior a ella.

22. La quinta clase está compuesta por las cosas que existen en el sentido común del término. Estas cosas son las primeras que tienen que ver con nosotros; aquí encontramos todo aquello como los hombres, el ganado y las cosas. En la sexta clase entra todo aquello que tiene una existencia ficticia, como el vacío o el tiempo.

Todo lo que es concreto a la vista o al tacto, Platón no lo incluye entre las cosas que cree que existen en sentido estricto. Estas cosas son las primeras que tienen que ver con nosotros: aquí encontramos todo aquello como los hombres, el ganado y las cosas. Pues están en un estado de flujo, disminuyendo o aumentando constantemente. Ninguno de nosotros es el mismo hombre en la vejez que fue en la juventud; ni el mismo mañana que el día anterior. Nuestros cuerpos son arrastrados como aguas que fluyen; todo objeto visible acompaña al tiempo en su vuelo; de las cosas que vemos, nada es fijo. Incluso yo mismo, al comentar este cambio, cambio yo también. 23. Esto es precisamente lo que dice Heráclito: "Descendemos dos veces al mismo río, y sin embargo a un río diferente." Pues el cauce conserva el mismo nombre, pero el agua ya ha pasado. Por supuesto, esto es mucho más evidente en los ríos que en los seres humanos. Sin embargo, nosotros los mortales también somos arrastrados en un curso no menos veloz; y esto me lleva a maravillarme de nuestra locura al aferrarnos con tanto afecto a algo tan fugaz como el cuerpo, y al temer que algún día podamos morir, cuando cada instante significa la muerte de nuestra condición anterior. ¿No dejarás de temer que suceda una vez lo que en realidad sucede todos los días? 24. Basta ya del hombre, —una sustancia que se desvanece y cae, expuesta a toda influencia; pero el universo también, por inmortal y duradero que sea, cambia y nunca permanece igual. Pues aunque contiene en sí todo lo que ha tenido, lo tiene de manera diferente a como lo tuvo; sigue cambiando su disposición.

25. "Muy bien", dices, "¿qué beneficio obtendré de todo este razonamiento tan refinado?" Ninguno, si quieres que responda a tu pregunta. Sin embargo, así como un grabador descansa sus ojos cuando han estado mucho tiempo bajo tensión y están cansados, y los aparta de su trabajo, y los "recrea", como se dice; así nosotros, en ocasiones, debemos relajar nuestra mente y refrescarla con algún tipo de entretenimiento. Pero que incluso tu entretenimiento sea trabajo; y aun de estas diversas formas de entretenimiento, si has estado atento, seleccionarás algo que pueda resultar provechoso. 26. Ese es mi hábito, Lucilio: trato de extraer y hacer útil algún elemento de cualquier campo del pensamiento, por más alejado que esté de la filosofía. Ahora bien, ¿qué podría ser menos probable que reforme el carácter que los temas que hemos estado discutiendo? ¿Y cómo puedo mejorar como persona gracias a las "ideas" de Platón? ¿Qué puedo extraer de ellas que frene mis apetitos? Tal vez el simple hecho de pensar que todas esas cosas que sirven a nuestros sentidos, que nos despiertan y excitan, son, según Platón, negadas como cosas que realmente existen. 27. Tales cosas, por lo tanto, son imaginarias, y aunque por el momento presentan cierta apariencia exterior, sin embargo, en ningún caso son permanentes o sustanciales; no obstante, las deseamos como si fueran a existir siempre, o como si fuéramos a poseerlas para siempre.

32. Una vida frugal puede llevar a uno hasta la vejez; y, en mi opinión, la vejez no debe ser rechazada, pero tampoco ansiada. Hay un placer en estar en compañía de uno mismo el mayor tiempo posible, cuando uno se ha hecho digno de disfrutar de sí mismo. Por lo tanto, la cuestión sobre la que debemos emitir nuestro juicio es si uno debe temer a la vejez extrema y apresurar artificialmente el final, en vez de esperar a que llegue. Un hombre que espera su destino con desgano es casi un cobarde, así como lo es aquel que se entrega desmedidamente al vino y apura la jarra hasta el fondo, bebiendo incluso los posos. 33. Pero también debemos preguntarnos: "¿Es el extremo de la vida el sedimento, o es la parte más clara y pura de todas, siempre que la mente permanezca intacta y los sentidos, aún sanos, respalden al espíritu, y el cuerpo no esté desgastado ni muerto antes de tiempo?" Porque hay una gran diferencia entre prolongar la vida y prolongar la muerte. 34. Pero si el cuerpo es inútil para el servicio, ¿por qué no liberar al alma que lucha? Tal vez convenga hacerlo un poco antes de que la deuda venza, no sea que, cuando llegue el momento, uno ya no pueda realizar el acto. Y como el peligro de vivir en la miseria es mayor que el peligro de morir pronto, es un necio quien se niega a arriesgar un poco de tiempo y perder la oportunidad de una gran ganancia.

Pocos han llegado a la muerte tras una vejez extrema sin deterioro, y muchos han permanecido inertes, sin hacer uso de sí mismos. ¿Cuánto más cruel crees entonces que es haber perdido una parte de tu vida, que haber perdido el derecho a ponerle fin? 35. No me escuches con desgano, como si mi afirmación se dirigiera directamente a ti, sino sopesa lo que tengo que decir. Es esto: no abandonaré la vejez, si la vejez me conserva íntegro para mí mismo, e íntegro en lo mejor de mí; pero si la vejez comienza a quebrantar mi mente y a desmembrar sus diversas facultades, si me deja, no la vida, sino solo el aliento de vida, saldré corriendo de una casa que se derrumba y tambalea. 36. No evitaré la enfermedad buscando la muerte, mientras la enfermedad sea curable y no obstaculice mi alma. No me quitaré la vida solo porque esté sufriendo; pues morir en tales circunstancias es una derrota. Pero si descubro que el dolor debe ser soportado siempre, partiré, no por el dolor, sino porque será un impedimento para todas mis razones de vivir. Quien muere solo porque sufre es un débil, un cobarde; pero quien vive únicamente para desafiar ese dolor, es un necio.

37. Pero me estoy extendiendo demasiado; además, aquí hay materia para llenar un día. ¿Y cómo puede un hombre poner fin a su vida, si no puede terminar una carta? Así que adiós. Esta última palabra la leerás con mayor placer que todo mi discurso mortal sobre la muerte. Adiós.