Edipo Rey · Sophocles
ESCENA V
Capítulo 24 de 42 · 1 min de lectura
EDIPO, ANTÍGONA, ISMENA, EL CORO
EL CORO
Nos han llegado las nuevas calamidades, los males terribles anunciados por ese anciano ciego, aunque el destino no haya todavía hecho llegar su hora; pues la autoridad de los dioses nunca es vana. El tiempo, sólo el tiempo lo ve todo; realiza unas cosas hoy y otras mañana. ¡Pero el trueno resuena, oh Zeus!
EDIPO
¡Hijas mías, hijas mías! ¿Algún habitante de estos lugares querría traerme al virtuoso Teseo?
ANTÍGONA
¿Qué razón, padre mío, os hace desear su presencia?
EDIPO
El rayo alado de Zeus me conducirá en breve a los infiernos. Enviad cuanto antes en busca del rey.
EL CORO
Escuchad con qué ruido terrible, el dios hace murmurar su rayo. Nuestros cabellos se encrespan de espanto, nuestro corazón se hiela, los relámpagos aumentan e inflaman los cielos. ¿Cuál será el fin de tal presagio? Lo tememos: no en vano tiene lugar; alguna calamidad le seguirá... ¡Oh Éter, oh Zeus!
EDIPO
Hijas mías, mi término, predicho por los oráculos, ha llegado: no hay ya medio de evitarlo.
EL CORO
¿Cómo lo sabéis? ¿En qué signo lo habéis conocido?
EDIPO
Lo sé y basta. Que se apresuren a traer al soberano de esta comarca.
EL CORO
¡Oh cielos, oid de nuevo resonar en los aires ese ruido terrible! ¡Sednos propicio, gran dios, sednos propicio! ¡Y si es un signo funesto para nuestra patria, que se nos torne favorable! ¡Que la presencia de un anciano desgraciado no vuelva contra nosotros nuestros beneficios! Zeus, a ti nos dirigimos.
EDIPO
¿Viene Teseo? ¿Podrá, hijas mías, encontrarme con vida aún, con conocimiento?
ANTÍGONA
¿Qué prenda de vuestra fe queréis dar a su corazón?
EDIPO
Quiero, por los beneficios recibidos de él, darle la útil recompensa que mi boca le ha prometido.
EL CORO
Venid, hijo, venid, aunque estéis en la playa, ocupado en hacer un nuevo sacrificio en los altares de Poseidón, acudid. Este extranjero quiere daros a vos y a la ciudad el justo premio de vuestros beneficios. Apresuraos, príncipe, apresuraos.



