Edipo Rey · Sophocles
ESCENA III
Capítulo 32 de 42 · 2 min de lectura
LOS PRECEDENTES, ISMENA
CREÓN
Venid vos, que, rastrera al modo de víbora, perseguís, en secreto, hartaros de mi sangre. Yo no sabía que alimentaba en mi casa a dos enemigas, a dos azotes de mi imperio; venid, y decidme: ¿Habéis tenido parte también en la sepultura de Polinicio o juráis que ignorabais tal acción?
ISMENA
¡Tal acción! Yo la he hecho; y si mi hermana no me veda decirlo, lo mismo que en el crimen, debo tener parte en la pena.
ANTÍGONA
La justicia os lo prohibe; no habéis consentido y he obrado sin vos.
ISMENA
Pero cuando os veo desgraciada, no titubeo ya en asociarme a vuestros males.
ANTÍGONA
El infierno y los que lo habitan saben a quién la acción le corresponde. No sé amar a aquellos en quienes la amistad sólo está en las palabras.
ISMENA
No me privéis del honor de morir con vos y de haber cumplido los últimos deberes para con mi hermano.
ANTÍGONA
Guardaos de morir conmigo y de atribuiros un honor en que no habéis tenido parte. Mi muerte sola debe bastar.
ISMENA
Separada de vos, ¿cómo podré amar la vida?
ANTÍGONA
Preguntádselo a Creón, de quien sois tan devota.
ISMENA
¿Por qué afligirme con esa burla amarga? ¿De qué os servirá?
ANTÍGONA
No sin dolor me la he permitido contra vos.
ISMENA
¿Qué otro medio me será ahora dado de serviros?
ANTÍGONA
Conservad vuestra vida; no os envidio esa ventaja.
ISMENA
¡Qué desgraciada soy! ¿No me será posible participar de vuestro destino?
ANTÍGONA
Habéis preferido vivir, y yo morir.
ISMENA
No será porque mis palabras no os lo hayan anunciado.
ANTÍGONA
Alabáis la sapiencia de vuestras palabras y yo de las mías.
ISMENA
¡El crimen fué igual entre nosotras!
ANTÍGONA
Calmaos y vivid. Mi alma murió hace mucho tiempo, y sólo ya puede ser útil a los muertos.
CREÓN
No temo decirlo: ambas hermanas son insensatas. Una lo fué siempre, la otra se acaba de volver.
ISMENA
En los males extremos, señor, no hay espíritu que permanezca en su estado habitual y que no salga de él con violencia.
CREÓN
Es lo que os ha ocurrido a vos; que habéis optado por sufrir, con una mujer indigna, un demasiado digno trato.
ISMENA
Sola y lejos de ella, ¿qué será para mí la vida?
CREÓN
Cesad de hablar de ella. Miradla como si no existiese.
ISMENA
¡Harán morir a la que el himeneo debía unir a vuestro hijo!
CREÓN
Puede encontrar en otra parte otros lazos que anudar.
ISMENA
Pero no tan adecuados.
CREÓN
No quiero que malas mujeres se unan a mis hijos.
ANTÍGONA
¡Oh carísimo Hemón, con qué desprecio te sacrifica un padre!
CREÓN
Basta ya de vos y de vuestro himeneo; es demasiado importunarme.
ISMENA
¿Podríais privar a vuestro hijo de aquella a quien ama?
CREÓN
El infierno pondrá fin a tales amores.
ISMENA
¿Su muerte parece, pues, resuelta?
CREÓN
Vos lo habéis dicho, y yo lo he mandado; no más dilaciones. ¡Guardas!, que se las lleven al palacio y que de ahora en adelante, estas dos mujeres dejen de ser libres; los más bravos han recurrido a la fuga al ver la muerte aproximarse.



