Edipo Rey · Sophocles
ESCENA II
Capítulo 34 de 42 · 1 min de lectura
EL CORO, CREÓN
EL CORO
Señor, el príncipe ha salido arrebatado de cólera; en un corazón tan joven, la desesperación es temible.
CREÓN
Aunque se proponga, aunque haga más de lo que podría hacer un hombre en la madurez de la edad, no librará a las dos hermanas del destino que les espera.
EL CORO
¿Queréis hacerles perecer a ambas?
CREÓN
No; tenéis razón. Debo no castigar a la que no ha sido culpable.
EL CORO
¿Y qué suplicio destináis a su hermana?
CREÓN
La haré conducir a un lugar desierto, allí la encerraré viva en el antro profundo de una roca, con el alimento preciso, para servir de expiación e impedir que la ciudad sea mancillada con su muerte. Que invoque entonces el poder de Hades, única deidad a quien venera; quizás logre librarse de la muerte, o, por lo menos, aprenderá entonces que es vano trabajo honrar las cosas de los infiernos.



